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La semana en Washington

Tres nombramientos

En su comparecencia del pasado miércoles ante los medios de comunicación, Bush no quiso reivindicar su política en Oriente Medio, aunque los éxitos en las últimas semanas le daban la oportunidad de hacerlo.
 
La discreción en las declaraciones contrasta con la relevancia de algunas decisiones, en particular de los nombramientos que Bush ha dado a conocer esta semana después del de Bolton como embajador de Estados Unidos ante la ONU
 
El más conocido es Paul Wolfowitz, que dirigirá el Banco Mundial. Muchas reacciones han respondido al guión previsible. Wolfowitz fue uno de los promotores de la intervención en Irak. Profetizó que los iraquíes acogerían a los norteamericanos como liberadores. Durante casi dos años ha sido objeto de los sarcasmos más sangrientos. Lo ocurrido luego, todo aquello sobre lo que Bush no quiso hablar el viernes, reivindica su actuación.
 
Pero el nombramiento no parece ser un premio. Bush ha elegido a una personalidad de primera fila para una institución en estado precario. El Banco Mundial fue creado en 1945 para ayudar a los países pobres. Básicamente, iba a redistribuir la riqueza del mundo. En las últimas décadas, el resultado ha sido aumentar la deuda de esos países, propiciar la corrupción y obstaculizar el desarrollo. Más atraso… y menos democracia. Wolfowitz tiene ahora la ocasión de poner en marcha las ideas que Bush ha aplicado en su política interior. En vez de tratar de suprimir los programas del Estado de bienestar, intentar reformarlos para que sirvan a la gente y les abran oportunidades y mercados. Más profundamente, Wolfowitz se enfrenta a otro reto: cómo conseguir que la promoción del desarrollo sirva también a la democracia.
 
El segundo nombramiento tiene interés para el mundo de habla hispana. Se trata del de Rob Portman para el puesto de Secretario de Comercio. Es un amigo personal de Bush, como tantos otros cargos de esta administración. Su tarea en lo inmediato es sacar adelante el CAFTA, Tratado de Libre Comercio con Centroamérica. El frente que se opone al CAFTA está compuesto por izquierdistas, sindicalistas y funcionarios –en los países centroamericanos- y por la industria azucarera de Estados Unidos, que está presionando a los demócratas. La aprobación del CAFTA contribuirá sin duda a la prosperidad en Centroamérica y mandará un mensaje al gorila Chávez acerca de la voluntad de Estados Unidos de seguir comprometido en la zona.
 
El otro nombramiento de la semana se llama Karen Hugues. Hija de militar, Hugues fue periodista y luego participó como encargada de prensa en las campañas electorales de Bush. Hugues combina un buen conocimiento de la prensa con una notable capacidad estratégica. Perteneció al círculo de confianza del presidente junto con Karl Rove y Joe Allbaugh. Fue asesora de Comunicación en el primer gabinete de Bush.
 
¿Por qué hablo de ella en pasado? Porque al año y medio de trabajar en la Casa Blanca, Karen Hugues dimitió de su cargo y se volvió a Texas. Lo cuenta en un su libro Ten Minutes from Normal (posible traducción: “A diez minutos de la normalidad”). Su familia no era feliz en Washington, ella misma echaba de menos Texas y decidió dejar a su jefe y amigo, así como un trabajo que le apasionaba.
 
Karen Hugues, como Wolfowitz y Rove, forma parte de esas figuras que la oposición y la izquierda suelen caracterizar como oscuros y siniestros manipuladores. Puede que lo sean. El libro de Hugues es sin embargo un testimonio interesante de cómo una mujer ambiciosa y capaz ha gestionado su carrera y su vida familiar. (Se casó con un abogado que había conseguido en los tribunales la custodia de una hija nacida de su anterior matrimonio.) El nombramiento de Hugues para mejorar las relaciones con los países árabes -Hugues mantiene una buena relación personal con Condoleeza Rice- demuestra que Bush supo comprender lo ocurrido.
 
El libro es interesante por lo que cuenta y por su total ausencia de cinismo. Habrá quien no se crea una palabra de lo que dice su autora, y estará en su derecho. Pero da pistas acerca de la importancia que muchas de las personas del círculo de Bush conceden a valores morales personales como la integridad, la honradez y la modestia.
 
Un famoso columnista del Washington Post atribuye a la modestia de Bush el silencio del presidente sobre su política exterior. Y también cita esa virtud, la de la modestia, como una de las posibles razones de su éxito.

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