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Plan Ibarretxe

Un único objetivo

Todos los instrumentos están listos para cerrar el camino a los nacionalistas. Las instituciones están en pie, la opinión pública apuesta por la estabilidad, hay un gobierno democráticamente elegido, un partido de oposición sólido que ha ofrecido su colaboración para salvar la situación, un contexto internacional de progreso económico y de estabilidad. Incluso gobierna la izquierda.
 
No ocurre esta vez como en otras ocasiones en la historia de España, en que se intentaba explicar la inestabilidad echando mano de los males endémicos de nuestro país, una situación de crisis general o cualquier otro pretexto. Ahora no. Si ante un desafío como el de los nacionalistas, el Gobierno del PSOE no acepta el pacto que le ha ofrecido el PP, asumirá todas las responsabilidades que se deriven de su decisión.
 
Es lo que ha hecho, y sabemos por qué. Para el PSOE, para la izquierda y en general para la opinión progresista española, el único objetivo legítimo de la acción política es evitar que el PP vuelva al poder. Todo lo demás, absolutamente todo, incluida la continuidad de la nación española, está subordinado a ese fin.
 
En consecuencia, el plan Ibarreche y la ofensiva nacionalista son elementos secundarios, puramente utilitarios, para pararle los pies al PP. En realidad, el Gobierno socialista ni siquiera ha empezado a responder a los nacionalistas. Estamos presenciando la escenificación de cómo el PP es, primero, el auténtico culpable de la situación “de crispación” que estamos viviendo, y, segundo, la de cómo el PP sigue siendo el principal obstáculo para encontrar una salida pacífica y dialogada al problema en el que el mismo PP nos metió.
 
La actitud dice mucho del grado de confianza que la izquierda y el progresismo tienen en ellos mismos, equivalente a cero. Si la izquierda y el progresismo prefieren alinearse con los enemigos de España, es porque piensan que frente a frente, y sobre todo en ese terreno, siempre les va a ganar el PP. Personalmente creo que están equivocados, pero es un hecho que piensan así y ya no hay vuelta atrás.
 
Inseguridad no equivale a falta de recursos. Como todo está subordinado al único fin de que el PP no vuelva al poder, el Gobierno socialista se siente completamente libre de adoptar cualquier acción. Puede hacer gestos contradictorios, desdecirse en días, cambiar de posición en horas. Da igual, con tal de que se cumpla el objetivo propuesto. Cuenta además con el aplauso de la opinión progresista, que piensa igual y aspira a lo mismo.
 
Otra cosa es que el PP se deje enredar. Además de seguir insistiendo en la viabilidad de un pacto de Estado, habrá de encontrar fórmulas que le permitan salir del aislamiento y el acoso al que lo que quiere someter la coalición nacional socialista. Rajoy siempre ha tenido fama de hombre de centro. Las circunstancias lo han colocado justo en el punto de gravedad, en el centro exacto de la situación. El PP es ahora el único elemento de estabilidad en la delirante situación española. Todo gravita sobre él. Es una situación difícil, pero no desesperada.