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Defensa europea

Una propuesta de Solana

Nunca viene mal ver por dónde van las últimas tendencias en defensa y seguridad europea, pero a los socialistas les vendría particularmente bien enterarse.

El pasado 10 de septiembre Solana presentó en una comisión institucional europea las líneas de definición de un concepto estratégico europeo. La fecha no debía de ser casual. Dos años –menos un día– después del 11-S, el responsable de la política de defensa y de seguridad europea empieza a darse cuenta que el mundo ha cambiado. Cambió con la caída del Muro de Berlín, cuando se derrumbaron los antiguos bloques, y cambió el 11-S, cuando se hicieron presentes con toda crudeza las nuevas amenazas.

Ahora Solana plantea tres objetivos estratégicos para la Unión Europea. El primero es la creación de una zona de seguridad alrededor de Europa, lo que sería tanto como establecer un círculo de países estables, ya que no democráticos (el documento habla de “buen gobierno”), desde los Balcanes a Marruecos pasando por el Cáucaso. El segundo es el de un orden internacional más estable y equitativo, lo que quiere decir que los europeos tienen que estar dispuestos a actuar cuando se vulneran los principios de la Carta de la ONU. El tercer objetivo es hacer frente a las amenazas con todos los instrumentos a disposición de la Unión Europea y una acción preventiva sistemática, “ya sea en Macedonia, en el Congo, en Bosnia o en el sur del Cáucaso”.

El documento es muy impreciso en cuanto al papel de la OTAN y aún más sobre la Política Europea de Seguridad y de Defensa, dedicada, con escasa utilidad y sobrada autocomplacencia, a misiones de ayuda o humanitarias. Pero afirma que “el lazo transatlántico es insustituible”, que es necesario prestar más atención a la defensa y que ha llegado la hora de abrir el “debate doctrinal entre Estados miembros”. Y sobre todo se basa en el presupuesto que la Unión Europea, si quiere defenderse, habrá de comprometerse con lo que está ocurriendo fuera de sus fronteras.

Solana no puede ya seguir negando la realidad, y parece que con este documento sobre estrategia ha decidido no quedarse marginado de los debates que vienen, en particular el de la Constitución europea. Aún habrá de ser discutido y precisado. Los socialistas podían ojearlo –es muy breve– para dejar de repetir una y otra vez la misma letanía sobre el necesario contrapeso europeo frente al imperialismo y sus lacayos. Tal vez incluso se podían esforzar por hacer una contribución que no negara, por una vez, la existencia del terrorismo, la de las armas de destrucción masiva y la de los Estados dispuestos a amparar al primero y utilizar las segundas.

Ahora que toda la vieja guardia socialista de los ochenta ha resucitado y está volviendo al frente para ayudar –o acabar de hundir– a Zapatero, no estaría de más que se enteraran por dónde anda uno de los suyos y qué precio ha tenido que pagar para salvarse del sueño eterno. El revival al que estamos asistiendo parecerá un poco menos macabro. No mucho, pero algo.