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Educación para la Ciudadanía

Una propuesta didáctica

En Bollullos del Condado, Sevilla, viven los únicos padres que por el momento se han visto afectados por la sentencia del Tribunal Supremo contra la objeción a la asignatura de Ciudadanía. No se han resignado. Son personas humildes, que a lo mejor difícilmente se habrían movilizado, como tantos otros miles, si ellos mismos no hubieran puesto el objetivo allí donde creyeron que había que ponerlo: en dirimir un pleito, tan antiguo como la convivencia en sociedad, entre la conciencia y la ley. Los padres de Bollullos han insistido, dicho sea de paso, en que no quieren ir contra la ley y su confianza se ve corroborada por la voluntad, que ya han manifestado, de recurrir al Constitucional.

Se entiende que se diga, como muy bien argumentaba aquí José Luis Requero, que la objeción estaba condenada de antemano. Pero también es verdad que así es como ha salido adelante uno de los movimientos cívicos más valientes, más consistentes y más influyentes de la historia cultural española. Por primera vez, un grupo de ciudadanos españoles le ha plantado cara a la corrección política, al relativismo, al totalitarismo postmoderno y, en contra de lo que parece, van camino de ganar.

Ha sido un ejemplo para todo el movimiento cívico español, que ha visto la repercusión política, mediática y social que pueden alcanzar personas dispuestas a plantar cara al monstruo.

Además, la sentencia del Supremo no pone fin al debate jurídico. Al contrario, lo abre a una perspectiva distinta. El Tribunal Supremo no tiene ninguna posibilidad de controlar la ejecución de sus recomendaciones, pero parece que deja abierta la posibilidad de recurso en caso de que no se cumplan. El Gobierno tendrá que tener en cuenta esta posibilidad, aunque por el momento vaya proclamando su victoria –pírrica– sobre la reacción y la carcundia.

También el Partido Popular puede demostrar su disposición a comprender lo mucho que ha cambiado la realidad española en estos últimos cinco años. Habiéndose lucido tan poco en un asunto que habría sido un sueño para cualquier partido político, tiene ahora una excelente oportunidad para aclarar su posición y proporcionar una salida a la situación. Las consejerías de Educación gobernadas por los populares pueden poner en marcha libros, materiales didácticos y la formación de un profesorado específico, todo encaminado a impartir una auténtica educación para la ciudadanía, inobjetable, centrada en los aspectos políticos de la convivencia, sin rastro del sectarismo y la obscenidad que impregna la actual asignatura.

¿Se atreverán a hacerlo? ¿Tendrán ganas? ¿No se aburrirán en el camino? Por ahora tienen algunos meses por delante para demostrar que han aprendido su particular lección de ciudadanía.