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Convirtiendo a los obreros en pequeños capitalistas

Al convertir a los trabajadores en propietarios individuales del capital del país, ha creado una atmósfera cultural y política más consistente con los postulados de una sociedad libre.

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El primero de mayo se cumplieron 26 años de exitosa operación del sistema chileno de pensiones. Tres logros claves son incontestables: a lo largo de ese período nadie se ha robado un peso del sistema, gracias a la multiplicidad de candados que contempló la reforma; los fondos son invertidos por empresas privadas altamente especializadas, las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) y con requerimientos estrictos de amplia diversificación, con el resultado de que los ahorros individuales de los trabajadores han logrado una rentabilidad  promedio del 10,1% anual, por encima de la inflación, a lo largo de 26 años. Así, el sistema de AFP ha sido crucial en el incremento de la inversión, la creación de un moderno mercado de capitales y el mayor crecimiento del país. Por ello, Mack McLarty, asesor del presidente Clinton, la llamó "la madre de todas las reformas" tras el milagro económico chileno.

Es importante comprender que el error fundamental del sistema tradicional de reparto estatal fue haber roto la relación esencial entre las contribuciones y los beneficios, entre el esfuerzo y la recompensa. En efecto, a finales del siglo XIX, Otto von Bismarck, el llamado "canciller de hierro" de Prusia, creó un sistema de pensiones que prometía beneficios, pero que no acumulaba fondos para cumplir esas promesas sino que se basaba en cobrar impuestos a los trabajadores. Bajo un sistema bismarckiano, el aporte del trabajador está definido por una ley que establece el impuesto al trabajo, mientras que la pensión que obtendrá está definida por otras leyes que definen los beneficios. Las segundas son objeto de todo tipo de presiones por grupos organizados que tratan de obtener pensiones prematuras o privilegiadas. Cuando eso sucede en una sociedad, a nivel masivo y por mucho tiempo, el resultado final es un desastre porque siempre se trata de minimizar la contribución al sistema de pensiones y maximizar lo que se obtiene.

Debido a que los árbitros en el sistema de reparto estatal son políticos intentando ganar elecciones, se produce inevitablemente una inflación de promesas imposibles de cumplir, cuyos costes son postergados para que sean futuros gobiernos quienes se enfrenten a ellos. Como ha escrito el profesor Deepak Lal, "la creación de gigantescos estados redistributivos en Occidente ha tenido sorprendentes consecuencias no previstas, como la corrupción del debate público en la medida que los políticos luchan por comprar votos con dinero ajeno."

Chile fue la nación pionera en conseguir la solución a tan grave problema mundial, con la creación  de un sistema de contribución definida, basado en la capitalización individual, administrado por empresas privadas y competitivas, que asigna un rol subsidiario al Estado. La creación de este sistema fue parte de un proceso integral de refundación económica, social y política del país tras la mayor crisis de su historia.

Los fundamentos conceptuales del sistema de pensiones individuales están descritos en mi libro El Cascabel al Gato (ahora completo y gratis en mi sitio web).

El impacto de este nuevo sistema de pensiones ha ido mucho más lejos que los conocidos e impresionantes indicadores económicos de Chile. También ha significado una redistribución radical del poder del Estado hacia la sociedad civil y, al convertir a los trabajadores en propietarios individuales del capital del país, ha creado una atmósfera cultural y política más consistente con los postulados de una sociedad libre.

El sistema chileno no sólo ha dado excelentes resultados para los trabajadores y la economía, sino que también inició una revolución mundial de las pensiones. 30 países de América Latina, Europa del Este y Asia Central ya han seguido este camino, 120 millones de trabajadores se han convertido en propietarios de capital, y este nuevo paradigma es parte central del debate en los países más desarrollados del mundo.

Porque creo que esta es una lucha a la cual vale la pena dedicarle la vida, seguiré recorriendo el mundo llevando esta pionera experiencia que mejora la vida de los trabajadores y sus familias. Pues, como escribió Lord Tennyson en estos versos:

No es tarde para buscar un mundo nuevo,
pues sueño con navegar más allá del crepúsculo.
Y aunque ya no tengamos la fuerza
que antaño movió cielos y tierra,
somos lo que somos,
un mismo temple de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo,
pero voluntariosos para luchar, buscar y encontrar,
y no rendirse.

José Piñera fue ministro del Trabajo y Previsión Social en Chile y ahora es copresidente del Proyecto para la Privatización de la Seguridad Social del Cato Institute.

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