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Zapatero

El agit-prop no se ha ido

Ha habido gente que expresó su pesar por el coste de las vacaciones del Presidente del Gobierno y de sus viajes familiares, por el número de cocineros a su servicio, el operativo de custodia por la Guardia Civil de las prácticas de buceo de su esposa y cosas semejantes. No les secundaré. Porque merezca o no alguna censura esa donosa y plural actividad vacacional, el sentirlo lejano y distraído era para mí gratificante analgésico.

Pero todo acaba, y si es bueno más apresuradamente. Con el recomienzo del curso político, la horrorosa mueca, la falsa sonrisa zapateril vuelve a importunar mi vigilia y a poblar mis pesadillas. Acostumbra, el hombre, reiniciar el curso político en Rodiezno, pueblo leonés y minero. Se puede decir que el Partido Popular no hace una buena oposición; y en verdad es manifiestamente mejorable. Pero, además, en este régimen, la oposición la hace el Gobierno. El PP debe limitarse a sufrir uno y otra, pues uno y otra son monopolio de la "gauche caviar". La infinita desvergüenza propia y la enorme estupidez ajena permiten a los vagos señoritingos de izquierda hacer acopio de achuchones y besitos de los compañeros trabajadores. "Dales duro, José Luís, que se jodan esos cabrones". Los cabrones son naturalmente la derecha, esto es, según la doctrina del PRISOE, todos los que se resisten a la secta. El socialismo, en última instancia, es sólo la explotación, por demagogos insaciables, del resentimiento de los que son, o se figuran, menos favorecidos.

Estos ejemplares actos de confraternización tienen una consecuencia inmediata nada igualitaria sobre el consumo de jabón y otros productos de limpieza. En el palacio del líder se acrecienta, para limpiar adecuadamente las manos de las huellas de los compañeros trabajadores y trabajadoras (no se le vaya a pegar algo a las niñas), y la lavandería echa humo para eliminar cualquier posible estigma de babitas de un hijo de sindicalista. En cambio, en las casas de éstos decrece, para conservar cuanto posible sea el vestigio del líder: "Ves, José Luís me dio la mano".

En Rodiezno, el compañero Presidente ilustró, una vez más, a los compañeros trabajadores (incluso los liberados sindicales que no pisan la mina, pero trabajan mucho en el alambre de la manipulación política) sobre la maldad del PP. La crítica fue a cuento del envío de tropas al Líbano. José Luís denunció la irresolución y los cambios de humor de los populares en esta cuestión. Y no diré que tenía más razón que un santo, pues podría querellarse conmigo por compararle con figura tan propia de la derecha oscurantista, pero sí que alguna no le faltaba.

¿A qué viene, entonces, mi crítica? Pues, como siempre, a la sofística del agit-prop del PRISOE. A partir de la denuncia legítima, y eventualmente acertada, de una actuación del adversario político se encadena una serie de asociaciones viciosas que acaban en la imputación de asesinato (algunos periodistas particularmente "agudos" están muy sorprendidos por la estival "guerra de las esquelas"; que Dios les conserve la vista). Puede discutirse si la decisión del Gobierno de Aznar de enviar tropas de apoyo en la Guerra de Irak fue acertada o no. Podrá discutirse, cualquiera que sea finalmente, la posición que adopte el PP respecto al envío gubernamental de tropas al Líbano. Pero este Gobierno no está interesado en discutir, sino en imponer su despotismo por la estigmatización del adversario, a través de la manipulación mediática y el fraude de ley.

Si no fuese así, el presidente del Gobierno no perdería su mitin en criticar la posición –¡aún no adoptada!– del Partido Popular respecto de la participación en la fuerza de interposición patrocinada por la ONU. ¿Se figuran a cualquier otro dirigente del mundo civilizado haciendo cosa semejante? ¿Se figuran que la opinión pública de cualquiera de esos países aceptaría la justificación de la política de su Gobierno en cuestiones tan delicadas sólo por llevar la contraria a la oposición?

El presidente del Gobierno estaba obligado a explicar su política exterior, su política militar, su comprensión del ideal pacifista que dice abrigar, la relación mutua entre unos y otros elementos, etc. ¿Pero tiene una política exterior, una política militar? No, lo único que tiene es una sonrisa falsa, una "política de buen rollito", de "todo el mundo es bueno" (menos la derecha, claro), cuatro cursiladas sobre la "paz". Y un vacío moral e intelectual estremecedor. Lo suficiente para ganar elecciones. ¿Y para gobernar? Le basta con un chivo expiatorio, el PP. Cualquier catástrofe, cualquier desastre de la acción de Gobierno es culpa suya. Qué pena que no siga de vacaciones.

José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

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