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Cataluña

El españolismo como falta de autoestima

Los separatas acusan últimamente de "autoodio" a quienes, siendo catalanes, rechazan su bonita visión "nacional". Astucia singular que desprende un aroma inconfundible de ideíta creativa. La habrá parido un modelno equipo de cafeinómanos o una agencia de publicidad clásica sujeta a mayores adicciones.

Como todos los mensajes publicitarios contemporáneos, el truco persigue atajar la racionalidad e impactar directamente en el lado emocional del receptor (que no es el que parece sino el titubeante españolista del PSC). Formalmente no se insulta al enfermo moral; parece que se le va ayudar a resolver su problema. Muestran aquí los independentistas mucha más imaginación que el partido de sus padres, incluida la joroba democristiana que lo lastra y afea. David Madí, hombre clave de Artur Mas, ha puesto ingenuamente las cartas de su irritación boca arriba tachando de "cretinos" a los Ciudadanos de Cataluña, lo que no parece un análisis muy trabajado.

Más astutos, los de Carod adoptan la expresión del psicoanalista, se ajustan las gafas, se mesan la barba, clavan la mirada en el izquierdista laico y antinacionalista y sueltan, para que lo oiga un tercero: usted se odia a sí mismo, amigo. Ahora también se lo han dicho a Moragas en el Congreso, cuando denunciaba las fantasías diplomáticas del cuatripartito. Estimulante novedad. A los populares catalanes nunca se les había acusado, que yo sepa, de autoodio porque ni siquiera se les consideraba catalanes; lo suyo era odio a secas.

Sea todo para bien si, en vez de insultarnos a diestra y siniestra, los patriotas catalanes nos acarician compasivos y nos dicen cosas como la que Ridao le ha susurrado al oído al portavoz del PP en Exteriores: "Usted vive mal su condición de catalán". Hablan como asistentes sociales. O como asistentas cartománticas: le ha salido la sota de bastos; significa que vive mal su condición de catalán. No será porque el rey de copas y los tres de oros vivan muy bien su condición de españoles.