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Decir que en Matrix se ha perdido el sentido de la realidad es una perogrullada. Matrix es una realidad alternativa, tan bien forjada puertas adentro, tan bien programada que, a la que te despistas un rato, te puede parecer normal que abramos embajadas por el mundo, que gastemos decenas de millones de euros en informes de probada inutilidad (y a veces de probada falsedad), que empleemos más de medio millón en enviar condones allende los mares, que pensemos seriamente en nacionalizar las pymes o que nos planteemos multar a los periodistas que no hablen bien el catalán (y/o retirarlos de los micrófonos y las cámaras).
Esto último es lo que ha propuesto el presidente de la sección filológica del Institut d’Estudis Catalans, la máxima autoridad en materia de lengua catalana, y no sé si alegrarme o disgustarme. Ya sé que, de entrada, parece un disparate. Y lo es, de acuerdo. Pero no consigo que se me borre la sonrisa que se me ha instalado al pensar en la larguísima lista de colegas, tan nacionalistas y correctos ellos, que van a tener que abandonar las tertulias locales. Ciertamente, todo depende de lo que el IEC entienda por hablar bien el catalán. Si se ponen muy duros, si exigen por ejemplo la ausencia total de barbarismos (los castellanismos son constantes en el catalán de Barcelona, y no sólo), la cantidad de los que sobrevivan profesionalmente no permitirá montar un debate de seis.
Supongo que la solución en que están pensando las lúcidas y lucidas mentes del IEC pasa por llenar los platós y las emisoras de radio de licenciados en filología catalana. Mejor de doctorados. Así nos podremos recrear en una lengua perfecta e impoluta. Los contenidos dejarán de ser importantes y alcanzaremos el éxtasis de la forma. La forma pura. Ah. Ahora bien, ¿qué haremos con Montilla?
Claro que Montilla no es periodista, pero en la reformada y perfeccionada Matrix sólo una voz pública incurrirá en barbarismos, solecismos, anacolutos y faltas de concordancia: su máxima autoridad. ¿Se dan cuenta? Quizá se acabe con el respeto a la autoridad, quizá estemos ante una verdadera revolución. No sé. Las consecuencias políticas y culturales que la medida pueda tener, y el modo en que afecte a la Weltanschauung catalana, se me escapan. Estic esbalaït, estormeiat, bocabadat. ¿Voy bien, señores del IEC?
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