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El túnel

Mariano Rajoy ha tenido que abandonar un mercado de Hospitalet entre insultos y amenazas, protegido por sus escoltas, porque el PSOE lleva años acusando al PP de “catalanofobia” y porque el PSC ha diseñado una campaña cainita, incendiaria y fratricida dirigida a “tensar la situación”, según palabras de Montilla.

Al líder ecocomunista Saura, miembro del gobierno catalán, le ha parecido bien que a Rajoy “le digan que lo que el PP está haciendo va contra Cataluña”. El máximo dirigente de CiU, Artur Mas, con quien el PPC desea pactar tras las elecciones autonómicas, también ha extraído interesantes conclusiones de la vergonzosa y antidemocrática escena del mercado: Rajoy debe “reflexionar” y “rectificar” su “boicot sistemático de los grandes proyectos de país de Cataluña”. Sólo una formación -aún embrionaria- ha condenado sin celebraciones y moralejas la bochornosa demostración de odio: Ciudadanos de Cataluña, víctimas a su vez de recientes agresiones cuando se disponían a celebrar un acto político en Gerona.

Es inútil seguir escondiendo que en Cataluña no funciona la democracia, que el pensamiento único nacionalista, trabajando incansablemente desde todos los centros de poder, sin excepción, ha provocado, con su estrategia de exclusión del PP, un incendio civil. Incendio que los nacionalistas del PSC, CiU, ERC e ICV no reconocerán porque los agredidos no son ellos, que sí pueden convocar actos públicos, manifestarse en la calle, celebrar conferencias y hacer cuanto les venga en gana sin que les llamen, como a los populares, asquerosos, fascistas o asesinos, sin jugarse el tipo y sin tener que rodearse de policías o guardaespaldas. Los tics totalitarios y la embriaguez de una ideología excluyente y a la postre destructiva impiden a este establishment envenenado comprender que otros catalanes no podemos hacer tales cosas sin riesgo para nuestra integridad.

Su falta de sentido democrático es despreciable y su renuncia al juego limpio denunciable. En realidad, no podía suceder más que lo que está sucediendo después de que casi toda la clase política local haya basado su estrategia en la exclusión y criminalización de los no nacionalistas. No sé si se dan cuenta de lo que se les viene encima. España está llena de mercados, auditorios, teatros, restaurantes, aulas y calles que les pueden ensordecer. De su túnel de odio tendrán que asomar un día. ¿O desean permanecer en él?