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Columna publicada el 10-04-2004
No se alcanza a entender qué es lo que la responsable socialista de la cosa mundial cree que vamos a arreglar traicionando a nuestros aliados y al pueblo de Irak. Lo que arguye, restaurar la legalidad internacional, no se sostiene. Cualquiera que hojee la prensa y no sea amnésico sabe que la legalidad de la segunda parte de la guerra de Irak fue bendecida por la ONU, y hoy ni Chirac insiste en la cuestión. Justificar lo injustificable es cosa difícil, y si la Trini cae en burda falacia, algún compañero suyo que no quiere hacer ridículos jurídicos, ofende sin embargo a nuestros soldados al menospreciar su trabajo, que está siendo ejemplar y eficaz en una situación de alto riesgo.
¿Por qué se muestra tan torpe la izquierda en este asunto? ¿Por qué no explica su decisión, que es legal, con un poco de sensatez y dignidad, sin necesidad de mentir flagrantemente o de ofender al ejército a pocos días de llegar al poder? Por una sencilla razón: la verdad es tan lamentable que no hay modo de hacer pública una explicación que la contenga, ni que sea disfrazadita: nos rendimos, aceptamos las condiciones de los terroristas islámicos y, con unos cuantos acuerdos generosos y claudicantes —y sin asomo de reciprocidad— con el colectivo muslime, unas subvenciones y unas fotos con Arafat, confiamos en que nos dejen en paz y se olviden de Al Andalus por un tiempo. Que sus prioridades cambien y dirijan su furia asesina a otros países. Cuando vuelvan, Dios proveerá. Ese toro, con suerte, lo lidiará otro.
Pero dar ahora señales de debilidad es mal asunto, aparte de un gravísimo error estratégico, pues este enemigo es perfectamente irracional, más irracional que ningún otro que hayamos conocido. Confiar en aplacarlos con renuncias es directamente suicida. Los problemas seguirán llegando y se plantearán graves cuestiones de integridad territorial. Con una mano nos tocará el moro Ceuta y Melilla y con la otra volverá a recurrir a lo que ya les ha funcionado: el terror. Mientras, los Judas domésticos, aprovechando la coyuntura, nos traicionarán en grupo por el ancho norte.
Y entonces, como sucede en todos las viejas naciones, cuando parece que están irremediablemente dormidas, y hasta muertas, una oleada de patriotismo recorrerá la piel de toro. Precisamente porque no parece inteligente dejar a un solo partido la defensa de España, ha empezado la izquierda inteligente, que habita en El País, un viraje estratégico que comienza a poner las cosas en su sitio. Tendrán que ser más explícitos, porque cuando un público se acostumbra a consignas de milicianos, es difícil que se muestre sensible a sutilezas.

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