- Agrio debate entre Rosa Díez y Salgado: "¿Habla usted de la galería de tiro, quizá?"
- Mariñas deberá indemnizar a Norma Duval tras afirmar que era lesbiana
- Gabilondo critica que los "cachorros de Aznar" pregunten por los vuelos de la CIA
- Juande Ramos deja fuera a Casillas de su primer once en el Real Madrid
- ESCAÑOS VACÍOS PARA ROSA DÍEZ, por Mercedes R. Martín
- ¿Hacia un nuevo dólar? La Fed quiere emitir deuda propia al margen del Gobierno
- Emilio J. González: La catástrofe total de Zapatero
- Detectives de la SGAE se infiltran en asociaciones anti canon para vigilarlas de cerca
- Rosa Díez a Zapatero: "Su política en Educación merece un enorme suspenso"
- Mayor no acude a las reuniones programadas tras su charla con Rajoy
- Otra vez los eufemismos: "Que el bisturí no roce el corazón del pluralismo"
- Agrio debate entre Rosa Díez y Salgado: "¿Habla usted de la galería de tiro, quizá?"
- Gabilondo critica que los "cachorros de Aznar" pregunten por los vuelos de la CIA
- Moratinos dice que la ONU amparaba las escalas autorizadas por Aznar
- ¿Está todo el PP a favor del acercamiento al País Vasco del asesino de Goyo Ordóñez?
- Chacón anuncia la supresión del límite de 3.000 soldados en el exterior
- Mayor no acude a las reuniones programadas tras su charla con Rajoy
- Rosa Díez a Zapatero: "Su política en Educación merece un enorme suspenso"
- "El Gobierno no ha hecho nada para frenar el paro y Corbacho no lidera la situación"
- La pobreza aumenta en Extremadura, y Andalucía tardaría 65 años en erradicarla
Columna publicada el 27-04-2005
Es fundamental entender por qué al regular las uniones de individuos del mismo sexo, el gobierno no sólo las ha dotado de contenido similar al que el derecho civil da al matrimonio, sino también del mismo nombre. El asunto se ha presentado como una “expansión de los derechos” y se ha llegado a amenazar gravemente a los funcionarios que se nieguen a celebrar la ceremonia invocando la cláusula de conciencia. Tanto la denominación de matrimonio, como la presentación pública de la ley, como la amenaza, persiguen fines que nada tienen que ver en realidad con los derechos de los ciudadanos. Veamos por qué.
Salvemos antes lo que sí tiene que ver con derechos (y con obligaciones): la regulación en sí, su contenido normativo, las garantías derivadas, la protección jurídica. No el nombre. Con cualquier otro nombre, la institución existiría, se obtendrían los objetivos jurídicos perseguidos y, además, la ley se habría aprobado por unanimidad, ahorrando al país un nuevo motivo de enfrentamiento. Pretender que el nombre amplía o reduce derechos es absurdo. ¿Qué perdería el derecho al honor cambiando su nombre por derecho a la reputación, y manteniendo su regulación? ¿En qué se afectaría al derecho a la inviolabilidad del domicilio si se llamara derecho a la inviolabilidad del hogar, o de la vivienda? ¿Y si el derecho a la educación se llamara derecho a la enseñanza? Nada cambiaría. Algunos juristas criticarían la falta de tradición jurídico-política de las nuevas etiquetas. Por la misma razón, por la absoluta falta de tradición jurídica y política, rechazan muchos, al margen de creencias, que se llame matrimonio a algo diferente a la unión de hombre y mujer.
Los partidarios de la nueva ley presentan precisamente ese punto, la dimensión nominal, como un logro. Aceptémoslo. Pero, ¿qué clase de logro? No el de ampliar derechos, como se ha visto, sino el de obligar a todo el resto de la sociedad a aceptar un trastorno semántico. Violentando toda –toda– la tradición occidental. Y la oriental. Y la sensibilidad de las principales confesiones religiosas.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Amor y amistad
Cursos y masters
