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Incendios en Galicia

Lo que de verdad extinguen los extintores rojos

"Son simplemente sospechas", apunta Rubalcaba. Se refiere a las acusaciones sin pruebas de la ministra del Miedo y del Ambiente, perita en despechos. Debería sancionarse a sí misma por vertido ilegal de basura demagógica. Las pruebas, Narbona. Las pruebas o a la calle.

Sospechas, simplemente, serán también las que disparan los escritores de cabecera de Rodríguez. Vaya par de tres. ¿El fuego? Lo han provocado "hombres que no soportan haber perdido el poder", hombres que detestan "el color": los populares, amigos de "la oscuridad del humo, las cenizas y el petróleo". En contraste con ellos, los extintores son rojos, según el definitivo argumento de M. Rivas. No es broma.

Si ya es posible acusar públicamente a partir de las simples sospechas, prepárate, Rubalcaba, porque te van a hacer retratos hiperrealistas llenando una furgoneta con variopintos efectos de ferretería; en el mejor de los casos. Con una pequeña diferencia: ni tú, ni la despechada, ni el par de cenutrios áulicos del presidente, ni el mismísimo Rodríguez, cima del sectarismo, creéis de verdad que el PP se dedique a quemar los bosques de Galicia. Mientras que lo tuyo se lo creen millones de personas, ministrete del ocultamiento del 11-M.

No nos sorprende que la plataforma Nunca Mais, o sus restos pestilentes, lleguen en auxilio del negligente gobierno gallego, rojo como los extintores pero incapaz de extinguir nada que no sea la esperanza de que cumplan con sus obligaciones. Es a ellos a quienes se les está quemando Galicia. Por inútiles, por rescindir sus acuerdos con el ejército, por despedir a los máximos expertos en lucha contra el fuego, por su incapacidad para responder en el momento y de la manera que debían, por no coordinar bien los efectivos, por no solicitar ayuda, por no dotar recursos y por exigir certificados oficiales de gallego a quienes, por cierto, no hablan otra cosa. Lerdos viles; primero echan por la cara a quienes necesitaban y luego les atribuyen los incendios.

Más allá de las preguntas retóricas –dónde están ahora los del Nunca Mais, dónde está Mercedes Milá, etcétera– nadie en su sano juicio esperaba movimiento alguno de los ecologistas repentinos ni de los titiriteros feroces. Nada que no fuera correr a defender a los culpables de la descoordinación y de la negligencia y del clientelismo y de la extensión devastadora del fuego. Los suyos.

Nos cogen escarmentados. Lo que esperábamos es lo que hemos visto. Sabíamos a ciencia cierta es que ni el petróleo del Prestige ni la guerra de Irak ni la trama real del 11-M les importaban un comino. Lo que importaba, lo único que importa, es la propaganda guerracivilista de rojos y fachas. Es decir, hacerse con el poder y no soltarlo nunca. Bajo ningún concepto. Decisión que exige atribuir todos los errores propios y todas las infamias imaginables a un adversario trocado en enemigo. Resta una duda: si te consideran enemigo, ¿sigues siendo adversario?