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Columna publicada el 08-06-2004
El gobierno podrá disimular, negar, despistar, esconder y manipular, que es lo suyo. Pero ya todo el mundo da por hecho en Europa, en EEUU y en el mundo árabe, que los atentados del 11-M propiciaron el cambio de signo político en España. El modo en que se está planteando la hipótesis de un atentado islamista en América antes de las elecciones presidenciales demuestra que de aquella relación causa-efecto entre acto terrorista y vuelco electoral no dudan ni republicanos ni demócratas. Le guste o no a la izquierda española que violó la jornada de reflexión, moleste o no a los peones del “pásalo”, irrite o no a sus hegemónicos medios afines, que multiplicaron los efectos de la faenita por las ondas, la opinión pública mundial tiene una idea bastante clara de por qué Zapatero preside (¡legítimamente!) el gobierno español.
Bush lo ha expresado perfectamente al ser preguntado sobre el asunto en una entrevista en televisión. Ha dicho que lo que importa no es lo que piense él sino lo que piensen los terroristas. “Que los jefes de Al Qaeda digan: Bueno, quizá podamos influir en la elección de EEUU.” Exacto. Lo que importa, lo único que cuenta a efectos prácticos, lo relevante en cuanto al aumento del riesgo de atentados en Occidente, es lo que los terroristas creen. Y ellos creen que influyeron. Y por eso la seguridad occidental ha sido peligrosamente dañada.
La cuestión es por qué creen que influyeron. ¿No tendrá que ver con que nuestra izquierda presentara la matanza de Madrid como una respuesta a la política internacional de Aznar? ¿No será porque lo siguen haciendo todavía, a pesar de que la planificación del horror es anterior a la reunión de las Azores y de que Ben Laden ya había apuntado a España cuando reivindicó la masacre de Nueva York?
Los socialistas tendrán el poder (¡legítimamente!) y harán con él lo que saben hacer, pero el pecado original de la instrumentalización del 11 M los acompañará durante todo su mandato. De ahí su necesidad de bautizarse cuanto antes, el próximo día 13. El PSOE está luchando por mucho más que unos escaños en Europa; está tratando de redimirse.
Que la mancha está a la vista del mundo entero lo prueban los esfuerzos de Kelly por no contaminarse, por que nadie lo tome por un Zapatero. El candidato demócrata, con cuya comparación se complacía en marzo el líder español, ha enseñado los dientes y ha advertido en Seattle que su país está unido para destruir a Al Qaeda y que, si gana, localizará y aplastará sus redes.
Así que Kelly, en esto, es como Bush; no contempla el aislamiento ni las retiradas claudicantes, ni fomenta la autoinculpación nacional, ni considera meritorio huir, ni piensa dar un respiro a los terroristas. Los localizará y los aplastará, para lo cual se supone que tendrá que meterse donde estén; ellos y quienes los apoyan. Ahora mismo, la principal preocupación del adversario de Bush es convencer al pueblo norteamericano de que él no es Zapatero. Qué curioso.

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