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Diversas desviaciones políticas favorecen la corrupción, facilitan el afloramiento de ambiciones non santas en el hombre público. La más obvia aberración del sistema es la totalitaria, pero no hay fundamento alguno para la tesis de que el poder absoluto corrompe absolutamente... y de ahí para abajo. En realidad, se dan en democracia las más deletéreas formas de corrupción (una dictadura carece de legitimidad, no contamina), las más sofisticadas (la gran corrupción que se avecina, la de los rescates bancarios, será legal) y las más equívocas. Es este último atributo el que ahora me interesa.
Nótese que, al menos en España, son las administraciones empeñadas con mayor ahínco en extender el alcance de su intervención en la sociedad las que, a la vez, destacan por sus continuas corruptelas. Creo que esta coincidencia no es casual, que probablemente es causal, que la invencible tendencia al intervencionismo (y, sobre todo, a la normalización de formas de intervencionismo hasta ahora desconocidas en democracia) fomenta la corrupción al establecer la primacía de lo público, el interés preferente del colectivo y la consagración de nuevas causas de las que no se puede dudar, sobre las que no se puede siquiera ironizar. Pienso en el cambio climático, en los inútiles departamentos de juventud, pienso en la discriminación positiva de ciertas lenguas, de cierto sexo, del sexo incierto.
Cataluña es un ejemplo, pero ni mucho menos el único, de la estrecha correlación entre furor intervencionista y patrimonialización de lo público por parte de la clase política. Santificadas aquellas causas que todo lo justifican, ¿cómo no iba a escudarse en su misión histórica el parvenu de turno? Alguien que está llamado a tan altos designios como construir la nación, dotarla de presencia internacional, traer la igualdad o abolir el sexismo encontrará de lo más razonable que su persona reciba a cambio el trato adecuado de la comunidad en forma de Audi, VISA, colocación de amigos y familiares. Es oírles hablar de derecho al paisaje o de perspectiva de género y llevarme la mano a la cartera.
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