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La propuesta de los separatistas catalanes para crear la figura del objetor de conciencia fiscal me parece excelente, pero se quedan cortos. No quieren que los dineros de los pacifistas vayan a parar al presupuesto de Defensa. De acuerdo, pero se me ocurre que otros muchos no queremos que lo recaudado gracias a nuestro trabajo vaya a Justicia, Educación, Interior, Cultura, Vivienda y Presidencia. Al menos mientras Justicia sirva de climatizador de jueces, magistrados y fiscales y teledirija al Fiscal General para que ajuste el principio de legalidad al calendario terrorista; o mientras se compare al partido que votamos con la ETA (con ventaja para ésta, que hace menos "ruido"). Habrá que objetar mientras en algunas partes de España la educación discrimine a los castellanoparlantes. Que pague Rita mientras Interior siga obstaculizando la investigación del 11-M, mientras el ministerio de Cultura exista y el de Vivienda insulte nuestra inteligencia regalando stocks de zapatillas a los jóvenes, que reputa imbéciles. Al presidente del gobierno que le subvencione el IRA, la Liga Árabe o la Fundación Sabino Arana en tanto no condene los atentados etarras ni el asalto a las sedes populares, llame "accidentes" a los "asesinatos", compare a su abuelo con Irene Villa y se declare rojo. Un "rojo" no es un izquierdista sino otra cosa, y él lo sabe muy bien. La categoría es guerracivilista. A un rojo que lo financie su señora tía.
Qué decir de la parte del IRPF, del IVA y de los impuestos especiales que va a quedar en manos de los gestores de la nación catalana. No voy a financiar la presión sobre los contratados de la Generalidad para que engorden las filas del separatismo: nadie decente debe aceptar una práctica totalitaria. ¡Objeción! No admito que una parte de mi trabajo financie, a través del sueldo de los técnicos y vía comisión del 20 %, al partido que un día ha de declarar la independencia de Cataluña: nadie puede exigirme que trabaje en pos de mi propio exilio, ostracismo o algo peor. ¡Objeción!
La gasolina del coche que lleva a Perpiñán que la paguen ellos. Como el despacho de Huguet, que dice que la nuestra es la bandera del enemigo: al enemigo ni agua. Como los viajes, hoteles y camisetas de las selecciones nacionales catalanas del deporte que sea. Como los informes con los que el tripartito está comprándose a la sociedad civil, piezas de cuya misma existencia me permito dudar. ¿No estarán confeccionando alguna a toda prisa con el copypaste ahora que Daniel Sirera ha pedido que se las enseñen, verdad? Porque eso significaría que los sabios proveedores de informes habrían de devolver el dinero. Y esos ochenta millones de euros alcanzarían a diseñar y lanzar la interesante campaña que se le ha ocurrido a la Esquerra para regular la objeción fiscal, que esa sí que vale la pena.

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