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Columna publicada el 28-01-2004
En la recepción que Ternera y Antza le ofrecieron a Carod en Perpiñán se tuvo que hablar de alguna cosa, salvo que los primeros simplemente quisieran disfrutar en silencio de ese calor humano que Pedrito Ruiz supo descubrir en nuestro protagonista. Sabemos sin embargo por él mismo que el hoy conseller, ayer conseller en cap y el día de autos presidente en funciones de la Generalidad, acudió a ese acto social con el fin de acabar con la violencia. Es legítimo preguntarse cómo pretendía hacerlo. ¿Tiene el honorable dotes hipnóticas como esos tipos de mirada penetrante que en una sola sesión logran que uno deje de fumar? ¿Es una especie de profesor Fassman? ¿Estrechó manos y dijo muy despacito y modulando la voz “ahora relájate, Ternera, y respira hondo”? No lo descartemos.
O tal vez Carod cuenta con dotes tan persuasivas y argumentos tan convincentes que creyó que en el curso de una conversación sería capaz de corregir el rumbo y enderezar la carrera de sus colegas. Pero esos argumentos tienen que ser fenomenales. Tanto como para que los dos vascos, de vuelta a su guarida, pudieran repetirlos con éxito a sus seguidores sin recibir algún tiro a lo Yoyes. “Chicos, hay que dejar las armas. Nos habíamos equivocado. Carod nos ha abierto los ojos.” Quién sabe.
O quizás Carod no es un hipnólogo como Fassman ni un gurú a lo Dale Carnegie y en realidad tenía algo que ofrecer a cambio de alguna otra cosa. La cuestión es qué puede ofrecerle Carod a un Antza y a un Ternera. ¿Puede comprometerse Carod a una amnistía, a un trato especial, a la lenidad del Estado? Obviamente no, salvo que todos los etarras fueran trasladados a cárceles catalanas, en cuyo caso entraría en juego la competencia autonómica en materia de prisiones, que con los filesos operó milagros. Otra hipótesis inviable. ¿Qué cromos tiene entonces Carod para cambiar? Por ejemplo, la amplificación institucional del discurso político etarra. Eso sí puede conseguirlo. Hasta puede comprometerse a un calendario: para tal fecha, proclamación del derecho a la autodeterminación de todos los pueblos sojuzgados por el Estado español; para tal otra, pronunciamiento solemne por el que la Generalidad hace suyas una serie de reivindicaciones sobre presos, sobre fuerzas de seguridad, etc. Todo ello ganaría mucho si se coordinara con otras fuerzas asimismo controlables o manejables por ETA. Pero significaría que ERC y ETA se han convertido, objetivamente, en aliados estratégicos, en socios. Es un suponer.
Lo malo es que no hay más opciones. O la silente reunión de calor humano, o la hipótesis Fassman, o la tesis Dale Carnegie o la asociación ERC-ETA. No sé en cuál de estas alternativas ha creído Maragall. Lo que sí sé es que no sólo ha mantenido a Carod en su gobierno sino que durante la comparecencia pública en la que ha comunicado esa decisión -que tanto ha complacido a Zapatero-, ha llamado “honorable” al interlocutor de Antza y de Ternera. Si cree en alguna de las tres primeras hipótesis, es admisible el adjetivo, aunque quedaría de manifiesto que el president necesita mucho reposo y una severa medicación. Pero si cree en la asociación ERC-ETA y aun así llama honorable a Carod y lo mantiene en el gobierno, entonces no hay esperanza. Batet, Batet...

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