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Enhorabuena Carod, no salió Madrid

En el preciso instante en que oí a Zapatero diciendo eso de que Madrid ya había ganado tras dar una lección ejemplar de cómo hacer un proyecto, tuve la certeza de que Madrid había perdido en la votación. De victorias morales está el cementerio lleno. Es como el entrenador de fútbol que, justo antes de saltar al campo para disputar un partido vital, les dice a sus jugadores que el marcador no importa porque ellos ya han ganado por el simple hecho de haberse clasificado para la gran final. Las finales, como solía decir Alfredo di Stéfano, no se juegan; las finales se ganan. Y Madrid ha perdido esta final  porque, aunque el apoyo popular resultó siempre inquebrantable, de lo que han estado hablando esta mañana en el COI ha sido de política. De política y de dinero, mucho dinero.
 
La mayoría de especialistas en la materia olímpica coincidían en afirmar antes de que se llevara a cabo la famosa votación que el proyecto madrileño era indudablemente el más completo y también el mejor. Era incluso el más barato. ¿A santo de qué, por lo tanto, el "Madricidio" perpetrado en Singapur?... Nuestro "lobby amable" se dejó arrastrar por ese pensamiento tan rusoniano de que el hombre es bueno por naturaleza, aforismo que no me parece que sea aplicable con criterios generales a los miembros del COI. Nuestro "lobby amable" resultó al final, según mi criterio, demasiado amable. Leímos demasiado a Jean-Jacques Rousseau y muy poco a Mario Puzo.

Pero, ¿qué quieren ustedes?... El Comité Organizador de los Juegos de Atenas 2004 cerró sus cuentas con un superávit de 130,6 millones de euros. De ellos, 578 correspondieron a derechos de televisión y 536 a contratos de patrocinio... ¿Estamos hablando de lanzamiento de martillo?... ¿Hablamos acaso de salto de altura?... ¿O de la maratón?... No, hablamos de "money", montones de euros, dolaritos, pasta gansa. Alguien podrá pensar que, habiendo tanto negocio en juego, el sistema de elección será sesudo, reflexivo, coherente... Pues no. Cien señores se encierran en una sala y votan cada uno lo que les da la real gana. Lo hacen en secreto. No dan explicaciones a nadie, ni antes ni después de apretar el botoncito. El ordenador preserva su anonimato. Es más fácil acertar las próximas quince loterías primitivas que adivinar por dónde pasarán los pensamientos de los votantes del COI. Por eso, tranquilos porque los fundamentos del "madricidio" no tienen, paradójicamente, ningún fundamento. Y enhorabuena a Carod Rovira porque ya tiene lo que llevaba soñando desde hace tanto tiempo. Este es su día grande.