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Mano dura de dos direcciones

Florentino Pérez ha querido cuadrar el círculo este lunes ante los periodistas reconociendo que fue un error fichar a Carlos Queiroz pero no así prescindir de Vicente del Bosque. Es posible que la decisión de echar a Del Bosque fuera una decisión meditada y fruto de la reflexión más profunda y sosegada por parte de la junta directiva merengue, pero si se trajo al segundo entrenador del Manchester United fue exclusivamente porque no había en ese momento otro que reuniera las características mínimas exigibles para dirigir a un equipo como el Real Madrid. Es probable que la intención (darle un nuevo impulso al club) fuera buena, pero el resultado final ha sido totalmente desastroso.
 
Parece como si Florentino sólo tuviera claro que no quería que siguiera Del Bosque en el banquillo, nada más que eso, y que se improvisara un "parche" sobre la marcha; y si hubo de improvisarse la contratación de Queiroz fue únicamente porque el presidente sólo se preocupó de imponer que no continuara Del Bosque, sin pararse a pensar ni un minuto en quién podría ser su sustituto y cuáles serían las consecuencias. ¿No habría sido más lógico cerrar el fichaje de un técnico con caché suficiente antes de prescindir del salmantino?... Y si no tenía a ninguno con la calidad necesaria, ¿a santo de qué prescindir de Del Bosque que acababa de conseguir el campeonato nacional de Liga? La decisión de Florentino no fue arriesgada, no, sino auténticamente suicida.
 
Y ahora recurre a José Antonio Camacho, "uno de los nuestros" como dijo hace algunos días Emilio Butragueño, porque reúne el perfil de entrenador con amplio historial madridista. Camacho no es dudoso, como tampoco lo era su buen amigo Vicente del Bosque. Queiroz, sin embargo, era una interrogación con piernas, una enorme incógnita, una duda permanente. Camacho dará mucho juego. Florentino quiere ahora un entrenador con mando en plaza, un técnico con carácter que saque el látigo si ello fuera necesario. Seguro que el presidente del Real Madrid habrá sopesado que Camacho es de esos entrenadores que firman en blanco, sí, pero también que en cualquier momento puede revolverse contra la directiva de turno. El fichaje de Camacho se ha llevado a cabo "ipso facto", cortándonos el resuello, queriéndonos demostrar a todos que no existe ahora ni existirá tampoco en el futuro incompatibilidad de caracteres. Y no la habrá, siempre y cuando Florentino Pérez se limite a reinar y Camacho gobierne el vestuario. Porque su mano dura puede ir perfectamente en dos direcciones.

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