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Arthur C. Clarke, 100 años junto a él

El 16 de diciembre de 2017 se han cumplido 100 años del nacimiento de Arthur C. Clarke. 'El Centinela', ('2001: A Space Odyssey') fue su obra más conocida pero no la mejor.

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Arthur C. Clarke visitando el set de '2001 un odisea del espacio' | Cordon Press

Hemos cumplido 100 órbitas alrededor del Sol desde que Arthur Charles Clarke nos acompañara con su genialidad, hace ya casi 10 que le echamos de menos. Se le considera uno de "Los Tres Grandes" de la ciencia ficción junto a Asimov y a Heinlein. Supo como pocos acercarnos el futuro lejos de los tópicos catastrofistas que con demasiada facilidad "malforman" la percepción de nuestros logros como sociedad.

Nació en un una precaria granja, junto a sus tres hermanos, al sudeste de Inglaterra. Como hiciera Newton durante su retiro forzado en 1666, se pasaba las noches escudriñando el cielo estrellado gracias a un rudimentario telescopio fabricado por él mismo. Durante esa época, eran habituales las revistas en las que se publicaban cuentos de ciencia ficción y que el joven Arthur devoraba sin contención. El germen de su genialidad estaba sembrado, la ciencia y la literatura; sólo restaba regarlo con su innata curiosidad y un impulso irrefrenablemente libre.

Salto a la fama

Tras su llegada a Londres se incorporó a la Sociedad Interplanetaria Británica donde surgió su principal logro científico. Fue a raíz de una comunicación interna que cristalizaría en un artículo publicado en 1945 en la revista Wireles World.

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En él describía la posibilidad de utilizar las órbitas geoestacionarias para situar satélites que permitieran las comunicaciones en todo el planeta. La idea había surgido durante su participación en la Segunda Guerra Mundial como operador de RADAR en la Royal Air Force. Pero sin duda lo que le hizo mundialmente famoso fue el desarrollo para la gran pantalla de un guión basado en uno de sus relatos de 1951 titulado El Centinela. El director y promotor de la idea se llamaba Stanley Kubrick, y la película 2001: Una odisea del espacio. El proyecto transcurrió en paralelo con la elaboración de la novela que se lanzarían casi a la vez. El resto ya es historia. A pesar de este enorme éxito, su producción literaria alcanzó su zenit con cuatro novelas inolvidables: El fin de la infancia (1953), La ciudad y las estrellas (1956), Las fuentes del paraíso (1979) o Cita con Rama (1973), su obra más premiada.

Optimismo y confianza

La ciencia ficción, en demasiadas ocasiones, ha traumatizado las expectativas de un futuro mejor. Escenarios apocalípticos sumidos en el caos y la desprotección, carentes de moralidad y ley, son paisajes recurrentes que señalan burdamente a la tecnología como causante de todo mal y a la naturaleza como única salvación. Un ejemplo paradigmático de este maniqueísmo es la película de James Cameron Avatar. Un paraíso donde una edulcorada y falsa armonía natural es alterada por la codicia de las empresas tecnológicas. Intuición frente a certeza, naturaleza frente a técnica, ciencia frente a superstición.

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Arthur C. Clarke

En el mundo de Arthur C. Clarke la tecnología es el aliado de la humanidad, la herramienta que permite desarrollarnos en un universo que no acaba en la Tierra, tan sólo empieza. Y junto a ella, como un todo, la inteligencia. Configura incluso el Universo, haciendo que su evolución nos permita la sustitución de la divinidad y la transcendencia (en alguna ocasión el autor se ha declarado panteísta). Puede haber otras especies dotadas de inteligencia, pero su utilización, lejos de competir, nos guía interpelando a nuestro futuro. Arthur C. Clark trató de explicar el universo sin la necesidad de un Dios, pero sentía una profunda emoción y misterio por la humanidad, el cosmos y la vida: "No creo en Dios pero estoy muy interesado en él". Otra cosa es la religión, a la que le atribuye, "una de las grandes tragedias de la humanidad"que "la moralidad haya sido secuestrada por ella".

Como buen científico el Universo era motivo de asombro y admiración. Solía citar a menudo a J. B. Haldane: "El universo no es sólo más asombroso de lo que imaginamos, es más asombroso de lo que podemos imaginar". Quizás por eso, familiarizado con la perspectiva de los viajes interestelares, decidió profundizar en los misterios que quedaban algo más cerca: los fondos marinos.

Alma libre

Se trasladó en 1956 al actual Sri Lanka para dedicarse al submarinismo y a escribir. Fue durante esta época cuando compartió su vida con Leslie Ekanayake al que el mismo Clarke denominó como "un amigo perfecto para una vida". Su homosexualidad no fue expuesta ni ocultada, simplemente no basó en ella su identidad. Antes, en 1953, se había casado con la joven Marilyn Mayfield de la que se separó en 1964: "El matrimonio fue incompatible desde el principio". En los años 80 su imagen fue nuevamente popular gracias a varios programas de televisión dedicados a la divulgación científica. Su libertad de movimiento se vio comprometida en 1988 al verse obligado a utilizar una silla de ruedas.

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Fue diagnosticado trauma post-polio, una enfermedad derivada de la polio que sufrió en 1962. Durante los últimos años recibió multitud de galardones, tales como el premio Hugo, el Nébula, Knight Bachelor, Sri Lankabhimanya... Murió con 90 años el 19 de marzo de 2008 en Colombo.

La ciencia ficción es maravillosa. Pone al hombre en situaciones extraordinarias para mostrar su alma o para teorizar sobre lo que es. Encrucijadas morales como las de Asimov sólo son posibles en este género. Las máquinas (la tecnología) son el espejo donde manifestar nuestros anhelos, carencias o singularidades; la herramienta que nos llevará a hacer real lo que ahora creemos imposible: "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Arthur C. Clarke supo como nadie gestionar estas reglas para hacer verdaderos tratados de humanidad. No creía en el nostálgico "cualquier tiempo pasado fue mejor". Resulta cansino plantear discursos pesimistas en contra de la propia historia y de la realidad. El futuro, aunque difícil, gracias a la inteligencia del ser humano será mejorado; y la tecnología será nuestra aliada. Hasta ahora siempre ha sido así. ¿Por qué no va a seguir siéndolo?

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