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Columna publicada el 10-06-2001
Robert Van Gulik (1910-1967) es un diplomático holandés y un reconocido sinólogo, autor de varias obras sobre diferentes aspectos de la cultura y la civilización china, entre las que se cuenta el valiosísimo ensayo titulado La vida sexual en la antigua china, que ha publicado recientemente la editorial Siruela.No menos conocida es su otra faceta, más placentera, de autor de novelas de misterio protagonizadas por el Juez Di, un magistrado que vivió en los años 630-700 de nuestra era y cuya existencia está atestiguada en numerosos documentos del siglo XVIII estudiados por Van Gulik durante sus investigaciones. La serie del Juez Di o Ti, se había publicado con anterioridad en España, primero en los años sesenta, en la Editorial Molino y luego en los setenta, en Barral (Ediciones de Bolsillo) en su famosa colección "La serie negra". Esta novela (a pesar del título constituye una narración unitaria) es la primera de la divertidísima serie que ahora rescata nuevamente al español la editorial Edhasa, en una cuidada edición en la que se incluyen algunos dibujos originales del autor.
Van Gulik se dedicó a la reconstrucción novelada de ciertos hechos misteriosos basados en los que llevó supuestamente a cabo el citado juez, a quien convirtió en uno de los personajes detectivescos más apasionantes de la literatura policíaca. No sólo la trama es envolvente y la solución sorpresiva, como no puede ser menos tratándose de un maestro del género, sino que además, existe el valor añadido del rigor histórico de lo que se nos describe con tanta donosura y eficacia.
En efecto, la catadura física y moral de los personajes, sus costumbres sexuales, el papel de la mujer, el enfrentamiento entre confucianismo y budismo (o entre filosofía y religión), la creencia en lo sobrenatural y, sobre todo, la compleja estructura burocrática del imperio chino, en la que los magistrados tienen poderes prácticamente omnímodos, están tratados con una verosimilitud que sólo se explica por la solvencia del autor. Para que no nos quede la menor duda, Van Gulik incluye un epílogo que nos sitúa en el marco histórico y social en el que se desarrolla la trepidante acción.
Así como varias generaciones de estudiantes de filología clásica han podido completar y fijar en su memoria los datos más importantes de la historia de la Grecia antigua gracias a las novelas de Mary Renault, así, de la mano de Robert van Gulik y su avispadísimo juez-detective, podemos, con toda confianza, penetrar en esa sociedad china que destaca por su sofisticación y su refinamiento en una época en la que Europa estaba sumida en las famosas tinieblas de la Alta Edad Media.
Robert Van Gulik, Tres cuentos chinos, traducción de David León Gómez, Edhasa, Barcelona, 2001.
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