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Libro del día

La última novela de Jiménez Lozano

César Lagasca, profesor de griego, se refugia durante la guerra civil en una aldea fronteriza entre España y Portugal. Años más tarde, ya anciano y siempre perseguido por los fantasmas de ese episodio bélico que ha devorado su felicidad y su vida, vuelve al mismo lugar donde encontró acomodo para terminar ahí sus días. Psicológicamente agotado, asiste impotente al desmantelamiento de una forma de vivir simple pero eficaz, en aras de un más que inconsistente plan de desarrollo social, dirigido y orquestado por una cohorte de psicólogos, pedagogos e inversionistas desaprensivos que pretenden instaurar en ese pueblito lo que se conoce por “el bienestar social” del que están excluidos, naturalmente, los humildes lugareños.

Libro a libro, José Jiménez Lozano ha ido construyendo una obra de una coherencia absoluta. En ella, sin perjuicio de su excelente castellano, de su prosa concisa y neta, en una palabra, de su sobriedad, prevalece una intención ética, tanto en el sentido moral como filosófico del término. Quienes seguimos su obra, felizmente pródiga, sabemos hasta qué punto los criterios formales, de expresión, están al servicio de esos otros, más universales, más perennes.

Se dice a menudo que sus novelas son un elogio de aldea y menosprecio de corte, pero es excesivamente fácil simplificar así su esmerada tarea de denuncia de las causas que están acabando con los valores más comunes (también en los dos sentidos de la palabra) de eso que conocemos por humanismo y que caracterizan a la civilización a la que por ahora pertenecemos. En Un hombre en la raya, esta denuncia es más urgente que en las anteriores.

Si en Las señoras el autor señalaba la progresiva -y casi irreversible- estupidización de la sociedad, encarnada en particular en los programas de televisión, contra la que las protagonistas luchaban activa aunque infructuosamente, en esta novela parece decirnos ya sin ambages “señores, esto se acaba”. Hay muchas señales. Por eso cuando uno de los personajes indica con alarma que "están estrechando las aceras”, entendemos que son las de la ciudad, claro, pero también las de la vida, como también resulta dolorosamente evidente que la raya en la que se encuentra ese hombre es la que divide dos países pero también la que separa la civilización de la barbarie.

José Jiménez Lozano, Un hombre en la raya, Seix Barral, Barcelona, 2000, 221 páginas