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DERECHO, POLÍTICA Y GRANDES ESPACIOS

De nuevo Carl Schmitt

El pensamiento político de Carl Schmitt fue provechoso objeto de estudio para los juristas que redactaron las Constituciones europeas de la segunda postguerra. En el plano estrictamente académico, la obra del viejo de Plettenberg ha despertado un gran interés por su sugestivo tratamiento de las relaciones políticas y del papel que el Estado debe desempeñar en un orden social sano.

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En los tiempos actuales, a Schmitt –cuya obra, como todas las señeras, tiene un indudable carácter polémico–, más que estudiársele, se le cubre de injurias. Es éste, el de infamar a quien se sale de los márgenes de la corrección política –así tenga mucha más relevancia en el orden de las ideas que los alanceadores de moros muertos–, un deporte típicamente socialdemócrata. Ciertamente, los maestros de la filosofía política contemporánea siguen prestando una gran atención al sabio alemán; pero son una minoría, un selecto grupo de brillantes profesores que prefieren la honestidad intelectual a las prebendas académicas, reservadas para los palmeros del régimen socialdemócrata.
 
Carl Schmitt ha sido estudiado por pensadores de derecha como de izquierda; en un vano ejercicio de banderismo, algunos de ellos se disputan, aún hoy, su legado. Esto sólo es posible cuando el objeto de disputa es un clásico. Por otra parte, como ya se ha dicho, pocos estudiosos de lo político han influido tanto como el Maquiavelo de Plettenberg en la construcción del edificio constitucional del mundo surgido de las dos guerras mundiales. Otra cuestión es que, bien por temor, bien por comodidad, bien por ignorancia, su espléndido legado quiera ser relegado a terceros y cuartos planos.
 
En España empezó a prestársele atención a finales de la década de los 20 del siglo pasado, y desde entonces no ha habido cambio constitucional o de régimen que no haya estado influido por sus ideas. Los intelectuales republicanos (el centenario Francisco Ayala fue su primer traductor al español, en 1929) trataron de aplicar su doctrina constitucional al régimen surgido en 1931, aunque cuando éste se vino abajo algunos de ellos, empezando por el propio Ayala, se arrepintieron de sus alardes schmittianos; quizá responsabilizaron al alemán del despeñamiento de la Repúbica. Aunque no es éste un asunto demasiado estudiado, quién sabe si una recepción sin complejos del decisionismo schmittiano habría ahorrado muchos males a los españoles de los años 30.
 
También en Hispanoamérica ha sido la obra de Schmitt fuente de inspiración de varios textos constitucionales, tanto en el Chile de Pinochet como en la Venezuela de Chávez, así como en la convulsa Colombia.
 
El libro que reseñamos, coordinado por los profesores Jorge Giraldo (Universidad Eafit de Medellín) y Jerónimo Molina (Universidad de Murcia), es la recopilación de los trabajos presentados en el Seminario Internacional sobre Carl Schmitt celebrado en Colombia en agosto de 2006. En él se recogen las investigaciones de los pensadores actuales que mejor conocen la obra schmittiana; entre ellos destaca Günter Maschke, un referente internacional que ha sido excluido de la universidad alemana, al menos en parte, por su fidelidad al maestro de Plettenberg.
 
En conjunto, se trata de un compendio muy sugestivo de las grandes líneas de pensamiento schmittianas: la política de los grandes espacios, el Derecho Internacional, la categorización de lo político como la necesaria y permanente –en cuanto humana– distinción entre amigos y enemigos... Este último aspecto, verdaderamente trascendental, ha sido muchas veces vulgarizado por quienes no son capaces de entender la importancia de esta distinción polémica para el establecimiento de un orden internacional sano, ajeno a los mundialismos patrocinados por la izquierda, cuyo referente, para su bochorno, sigue siendo el ramillete de corruptos arracimados en torno a la ONU.
 
Tal vez sea pedir demasiado a la derecha española, carente de pulso intelectual, que se ocupe de este libro, pues, más allá de la reivindicación de Carl Schmitt, contiene páginas muy sugestivas sobre el realismo político y sobre el liberalismo, que debe huir del neutralismo y del todo vale con tal de que se proceda legalmente. No se quiere reconocer que la proscripción intelectual de Schmitt comenzó en el verano de 1932, cuando se opuso públicamente a la celebración de unas elecciones que podrían llevar legalmente al poder a los nacionalsocialistas o a los comunistas: bastaría con que contaran con el 51% del voto. ¿Quién les impediría entonces acabar, también legalmente, con el régimen?
 
Así mismo, no dudo de que será pedir un imposible que esa misma derecha se atreva a leer, de primera mano, al maestro alemán. Y es que se siente más cómoda abandonando Schmitt a la izquierda, como viene haciendo desde finales de los 70. Estamos ante la enésima espantá de la derecha en el terreno cultural. Y, claro, así le luce el pelo.
 
 
JORGE GIRALDO Y JERÓNIMO MOLINA (coord.): CARL SCHMITT: DERECHO, POLÍTICA Y GRANDES ESPACIOS. Sociedad de Estudios Políticos de la Región de Murcia-Eafit, 207 páginas.
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