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MARGARET THATCHER Y LA EDUCACIÓN

El camino hacia el poder

El primer tomo de las memorias de Margaret Thatcher, El camino hacia el poder, fue publicado en Inglaterra el año 1993 y editado en español en 1995. Thatcher relata en él los primeros años de su vida en la ciudad de Grantham, sus años de estudiante en Oxford, su matrimonio, la infancia de sus hijos, sus primeros pasos en política, sus cuatro años (1970-74) como ministra de Educación, en el gobierno de Edward Heath, su lucha por reivindicar los principios conservadores y, finalmente, su confirmación como líder de su partido en 1975.

Margaret Thatcher afirma haber heredado su interés por la política de su padre, un cristiano metodista de sólidos principios que llegó a ser alcalde de Grantham en 1945, y a quien describe como un "liberal chapado a la antigua", admirador de Stuart Mill, a quien "la aceptación del colectivismo por parte del Partido Liberal fue dejando atrás". Por otra parte, confiesa un conservadurismo instintivo del que no lograron apartarle ni las tendencias de la época ni las lecturas de su juventud:
Tanto por instinto como por educación siempre fui conservadora "de pies a cabeza". No importa cuántos libros izquierdistas haya leído o cuántos comentarios izquierdistas haya escuchado, nunca he dudado de dónde se situaba mi lealtad política. Sin duda este tipo de afirmaciones no está de moda, pero es que, si bien he tenido grandes amigos dentro de la política que han sufrido momentos de duda sobre dónde estaban y por qué, y aunque por supuesto me llevó muchos años aprehender la base filosófica de aquello en lo que creía, siempre he sabido lo que quería. Ahora me doy cuenta de que es posible que en eso fuese hasta cierto punto excepcional, porque la izquierda acaparó la atención política durante las décadas de 1930 y 1940 –aunque el liderazgo de Churchill ocultase esto en parte durante los años de la guerra misma–. Esto es evidente en la gran cantidad de libros que se publicaron por aquella época. La izquierda consiguió su objetivo de ensuciar a la derecha a través de la política de la contemporización.
En 1970 Edward Heath, al ser nombrado primer ministro, incorporó a Thatcher a su gobierno y le encargó la Secretaría de Estado para la Educación, cargo que ocupó hasta 1974. En aquel momento Inglaterra estaba sumida en la polémica educativa. Desde que se había promulgado la Ley de 1944 (Education Act), al terminar la Primaria los niños debían pasar el examen Eleven Plus (11+) y, de acuerdo con los resultados obtenidos, continuar la enseñanza secundaria en uno de los tres modelos diferentes de escuela que entonces existían: la Grammar School, la Technical School o la Modern School (era el llamado Tripartite System).

Poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, los laboristas adoptaron un nuevo modelo escolar, el de las llamadas comprehensive schools, que suponía la supresión del 11+ y el paso de todos los niños al mismo tipo de enseñanza secundaria hasta los 16 años. Las primeras comprehensive schools se abrieron en 1949; a partir de entonces, los conservadores tomaron como seña de identidad la defensa de las Grammar Schools. Según gobernara uno u otro partido político, se aceleraba o paralizaba la implantación del nuevo modelo escolar.

En 1970 la filosofía igualitaria que había inspirado las comprehensive schools estaba tan extendida que incluso muchos conservadores se mostraban a favor de este modelo escolar. Quizás por eso Thatcher señala que cuando llegó a Educación quedó sorprendida al comprobar que casi todos los funcionarios eran socialistas:
El espíritu del Ministerio de Educación era socialista y con pretensiones de superioridad moral. En su mayoría se trataba de gente que conservaba una confianza casi refleja en la capacidad de los planificadores centrales y de los teóricos sociales para crear un mundo mejor. (...) La igualdad en la educación no sólo era el bien primordial independientemente de los efectos prácticos de las políticas igualitarias en algunos colegios en particular, era un peldaño en el camino hacia la igualdad social, que era en sí misma un bien incuestionable. Muy pronto tuve claro que, en términos generales, no me encontraba entre amigos. (...) Sea como fuese, hacia finales de 1970 ya estaba bastante claro que no habría forma de apartase de la enseñanza global [La expresión enseñanza global jamás se ha utilizado en la educación española. En 1990, con la Logse, se implantó en España el sistema británico de las comprehensive schools: a partir de entonces adoptamos el anglicismo de enseñanza comprensiva].

La primera batalla que Thatcher tuvo que dar contra ese mundo igualitarista de funcionarios de la administración educativa fue anular la circular laborista de 1965 en la que se instaba a las administraciones locales a favorecer la enseñanza comprensiva y se suprimía la financiación de los otros modelos de escuela secundaria. Ya que no era posible apartarse del modelo laborista de escuela, al menos trataría de preservar las antiguas grammar schools, que hasta entonces habían garantizado una buena formación académica.

Resultan interesantes las reflexiones de Thatcher sobre su política como responsable de la investigación científica. No se muestra partidaria de "organizar oficialmente" la investigación. Estaba convencida de que la planificación, la organización desde el gobierno del trabajo de los investigadores, a la larga perjudicaba los resultados. Creía que desde el gobierno se debía financiar la ciencia básica y dejar su aplicación y desarrollo al sector privado.

Margaret Thatcher, que, además de haber estudiado Química en Oxford, antes de dedicarse a la política había trabajado en una empresa de productos químicos, era especialmente sensible al papel que los políticos debían desempeñar en este campo:

La ciencia es menos dócil a los manejos políticos de lo que a los gobernantes les gustaría. La historia de la ciencia es, en muchos aspectos, más parecida a la historia del arte creativo que a la historia económica. Los grandes avances científicos no provienen de planes "prácticos" para la investigación y el desarrollo, sino de mentes científicas creativas, gente que, al querer ampliar las fronteras del conocimiento, desentraña los secretos del universo. A los políticos les resulta difícil aceptar eso. Ellos quieren un arreglo tecnológico rápido y que la operación les reporte unos rendimientos inmediatos. Los científicos tienen una visión más a largo plazo. Cuando Gladstone conoció a Faraday, le preguntó si el trabajo que estaba haciendo en el campo de la electricidad serviría para algo. "Sí, señor –le contestó Faraday proféticamente–, algún día usted lo gravará con un impuesto".
En conjunto, según lo que escribe en sus memorias, Margaret Thatcher no parece haberse quedado demasiado satisfecha de su paso por Educación. Responsabiliza de los escasos avances que pudo hacer para lograr una educación más liberal y de mayor calidad, por una parte, a la falta de una "filosofía clara" en materia educativa de su propio partido y, por otra, a la posición general del gabinete de Heath, que limitó en varias ocasiones sus iniciativas:
El Gobierno Heath demostró que los métodos socialistas llevados a la práctica por políticos conservadores pueden llegar a ser incluso más desastrosos que aplicados por los laboristas. El colectivismo sin un tinte de idealismo igualitario que lo redima es un credo muy poco atractivo.
En 1974, con el fin de preparar las nuevas elecciones, Keith Joseph, ex secretario de Estado de Servicios Sociales, y un periodista que había sido comunista en su juventud, Alfred Sherman, fundaron el Centro de Estudios Políticos (CPS), un think-tank conservador que se convirtió en "el núcleo del pensamiento conservador alternativo en temas económicos y sociales". Al CPS se incorporó Thatcher en el mes de mayo de 1974. Siempre consideró que el trabajo en aquel centro de estudios fue esencial para su formación política:
Aprendí mucho de Keith y Alfred. Actualicé mis lecturas de los trabajos esenciales acerca de la economía liberal y el pensamiento conservador.
Durante toda la campaña electoral del 74 hubo grandes tensiones entre Edward Heath, que defendía una política de pactos y de conciliación, y las propuestas liberalizadoras que se hacían desde el CPS. La derrota electoral desató las intrigas dentro del partido para librarse del líder conservador, que culminaron con la elección, en febrero de 1975, de Thatcher como presidenta de los tories.

A pesar de que han pasado ya quince años desde la publicación de estas memorias y más de 30 de la época que Thatcher rememora, las reflexiones sobre la indefinición ideológica de la derecha británica y sobre el izquierdismo del mundo educativo tienen bastante interés a la hora de analizar la actualidad política española y las causas de las deficiencias de nuestro sistema educativo.

En el Reino Unido, la eficacia de las comprehensive schools ha sido muy discutida en los últimos quince años. Tony Blair llegó a decir que el modelo había sido un fracaso y que la enseñanza comprensiva había dejado a muchos niños sin aprender lo esencial para manejarse en un mundo de adultos. En España, desde que se implantó ese modelo comprensivo, alrededor del 30% de los ciudadanos abandona el sistema escolar sin titulación de estudios básicos; además, todas las evaluaciones están demostrando que muchos de los graduados en Educación Secundaria Obligatoria tienen serias dificultades en el manejo de las destrezas lingüísticas y matemáticas esenciales. Sin embargo, la corrección política impide a la propia derecha decir con claridad y contundencia que el modelo de la enseñanza igual para todos ha sido un completo fracaso, y que está perjudicando más a quienes menos facilidades familiares y sociales tienen.

Los socialistas, que llevan más de treinta años inspirando, cuando no imponiendo, todas las políticas educativas en España, quieren ahora proponer un gran pacto de Estado que permita dejar la educación fuera de la confrontación política.

A mi entender, si de verdad el Gobierno español quisiera un sistema educativo no ideologizado, en primer lugar debería reconocer –como en su día hizo Tony Blair– que ese modelo igualitario que se impuso hace veinte años conduce inexorablemente al fracaso escolar y que la igualdad educativa que promovió es contraria a la deseable igualdad de oportunidades.

Pero es que, además, un sistema educativo que pudiera ser pactado por todas las fuerzas políticas representativas debería, ante todo, reconocer el deber y el derecho de los padres a la educación de sus hijos y permitir a éstos una mayor posibilidad de elección de la que actualmente las leyes educativas permiten. Nuestro sistema escolar es tan uniforme que, realmente, la elección no es más que una utopía.


MARGARET THATCHER: EL CAMINO HACIA EL PODER. Aguilar (Madrid), 1995, 608 páginas.

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