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¿PARA QUEDARSE?

El idiota ha vuelto

En 1996 apareció en las librerías el Manual del perfecto idiota latinoamericano. Fue un éxito monumental y merecido. Escrito por tres grandes ensayistas, desmontaba con insolencia y buen humor los tópicos socialistas, nacionalistas, populistas y caudillistas que tanto predicamento habían alcanzado hasta ahí. El "perfecto idiota latinoamericano" y su homólogo español parecían entonces en retirada, casi a punto de ser derrotados para siempre por los buenos: los amantes de la libertad, la responsabilidad, la igualdad ante la ley y la prosperidad de todos.

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Una década después, el panorama ha adquirido tintes algo más sombríos. Y no es que Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa hayan perdido sus ganas de pelea ni sus convicciones liberales; es que el "idiota" ha vuelto, y lo ha hecho con una virulencia que lo convierte, como sugieren el título y la portada de esta obra que acaban de dar a la imprenta, en una auténtica pesadilla.
 
Los Jason y los Freddy de turno, protagonistas de políticas y regímenes caracterizados por la demagogia y la fragilidad institucional, tienen cuerda para rato. Además, se reproducen. Entre ellos está, como no podía ser menos, aquél al que los autores llaman "patriarca del idiota". Como ya se habrá supuesto, hablo de Fidel Castro, sobre cuyo futuro –es decir, sobre el futuro de la libertad en Cuba– se hacen aquí algunas especulaciones sensatas y prudentes.
 
Un capítulo magnífico va dedicado al "mejor discípulo" del patriarca, sostén de su vejez y de la interminable agonía de su régimen gracias a los altos precios del petróleo. En unas cuantas páginas fulgurantes, Montaner, Mendoza y Vargas Llosa analizan cómo la atroz utopía comunista de Fidel se está financiando a golpe de… petrodólares. Y cómo el firmante de los talones, que no es otro que Hugo Chávez, se ha nutrido a su vez de los delirios ideológicos del nazi argentino Norberto Ceresole.
 
Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales.Hay otros idiotas, sumamente aventajados también. Está el indigenista Evo Morales, que ha resucitado con éxito el fantasma identitario precolombino, otra forma de idiotez latinoamericana exhaustivamente analizada en su día por el venezolano Carlos Rangel, al que se rinde aquí un homenaje más que merecido. No falta la última actualización de la pesadilla peronista, hecha carne mortal en el matrimonio Kirchner, ni la recurrente pulsión caudillista, representada por el mexicano López Obrador: los primeros dan testimonio de esa patología de la dependencia que ha destruido la Argentina; el segundo, de la ceguera que lleva a despreciar el valor de las instituciones en nombre de la "justicia", convertida en la justificación de cualquier arbitrariedad y cualquier corrupción.
 
Montaner, Mendoza y Vargas Llosa clasifican esta galería de "idiotas" en un apartado que denominan "la izquierda carnívora", frente a otra más benigna, la "vegetariana", que ha aprendido la importancia de la iniciativa privada, de la libertad y del respeto a las instituciones. Entre los vegetarianos incluyen a Michelle Bachelet, la socialista chilena, y a Lula da Silva, el ex sindicalista brasileño. No todo está perdido, por tanto, y el regreso del "idiota", aunque espectacular en muchos de sus aspectos, tiene contrapartidas positivas.
 
Hay incluso conversos, bien es verdad que un poco sospechosos: Alan García en Perú (siempre es mejor eso que Humala, en cualquier caso), o en Nicaragua Daniel (Ortega), llamado con gracia "el rosado".
 
¿Tiene cura la idiotez? Sí, pero no siempre, dicen nuestros autores. De hecho, aquí está la diferencia con respecto al primer libro. A la secuela no le faltan ni la energía ni la chispa que tenía aquél. Los retratos dedicados a algunos "idiotas" europeos resultan vitriólicos, aunque en el apartado español el "perfecto idiota" habría quedado mejor perfilado de haber elegido los autores a un Goytisolo o a un Cebrián, por ejemplo, en vez de a Alfonso Sastre, que poco representa ya, a pesar de sus muchos méritos. Puestos a elegir el biotipo del "idiota", conviene demostrar algo más de gallardía.
 
Otro capitulo, el de la historia resumida de la "idiotez" latinoamericana, resulta un ejemplo de síntesis y buen tino. Y el estilo sigue tan contundente y rotundo como siempre: "En una economía abierta, los salarios se rigen por la productividad, no por la superstición" (página 278). Es una frase de un aplomo clásico.
 
Queda abierta la pregunta de por qué la superstición, los cuentos chinos, según el título del brillante ensayo de Andrés Oppenheimer, sigue teniendo tal capacidad de seducción. Por aquí despunta el desasosiego que se desprende de El regreso del idiota. ¿Acaso seremos los hispanoamericanos inmunes a lo que se ha llamado "el virus de la libertad"? ¿De verdad nos da igual que la ley se respete o no? ¿Tan grande es nuestra querencia por el caudillismo que anula cualquier arraigo de las instituciones, cualquier posibilidad de consenso, a partir de la cual se pueda establecer un debate civilizado y tolerante?
 
El diagnóstico al que llegan los autores de esta obra es tan grave que incluso llegan a concebir, en plena era de la globalización, la posibilidad de que Latinoamérica deje atrás sus raíces occidentales. De cumplirse, la hipótesis haría buena la polémica tesis que sostuvo Samuel Huntington en El choque de civilizaciones. Y Latinoamérica se convertiría definitivamente en otra cosa, un continente exótico, a la deriva, plagado de delirantes aplaudidos por electorados enganchados al populismo y la demagogia. En resumen, que el "idiota" habría regresado… para quedarse.
 
Vista desde España, donde cunden males muy similares a los aquí descritos, la perspectiva resulta igual de inquietante. Lo que una vez fue ejemplo para lo bueno ha acabado siendo vanguardia de lo peor.
 
En cuanto a la tesis de fondo, los autores dejan entrever, como no podía ser menos en personas razonables, una cierta inseguridad ante lo que están describiendo. No se manifiesta en la puesta en duda de algunos de sus argumentos, como tal vez habría sido deseable, sino en la propuesta final de lecturas "para quitarse de encima la idiotez". Entre Mises y Rand, que figuran entre los autores sugeridos, hay otras posibilidades, unas menos exigentes y otras menos extremosas.
 
 
PLINIO APULEYO MENDOZA, CARLOS ALBERTO MONTANER Y ÁLVARO VARGAS LLOSA: EL REGRESO DEL IDIOTA. Plaza & Janés (Barcelona), 2007, 344 páginas. Prólogo de MARIO VARGAS LLOSA.
 
Pinche aquí para acceder a la web de JOSÉ MARÍA MARCO, autor de LA NUEVA REVOLUCIÓN AMERICANA.
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