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AÑOS DE HIERRO

La España de posguerra, otro tabú en peligro

De un conflicto como la guerra civil española no podía salir otra cosa que no fuera un régimen autoritario o totalitario, en cualquier caso una dictadura. Y duradera, además, dada la brutalidad del enfrentamiento y lo que había estado en juego.

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Se puede especular sobre la naturaleza del régimen que habrían implantado, de ganar, quienes la perdieron la guerra. Hay datos para ello: las declaraciones de los defensores de la llamada "legalidad republicana" (véase Azaña), o las políticas aplicadas durante la contienda, sobre todo desde que Negrín llegó al poder. Resulta, en cualquier caso, pura especulación. Más interesante, y mucho más difícil, es enfrentarse con rigor y sin prejuicios a la realidad histórica, que no a la "memoria", como gustan de hacer quienes intentan justificar su posición actual con la reinvención ideologizada, por no decir falsificada, del pasado. El ejercicio suele ser demoledor, por una parte, y extremadamente fecundo, por otra.
 
El último libro de Pío Moa es un excelente ejemplo de esta actitud. El asunto es de los más difíciles de toda la historia española: los años que van desde el final de la Guerra Civil (1939) al final de la Segunda Guerra Mundial (1945), un tiempo de sufrimiento, de represión, de ambigüedades políticas que rozan la transacción con el Mal, encarnado en figuras como la de Hitler. El título, Años de hierro, evoca bien lo ingrato que resulta el tema. Hacía falta alguien del temple de Moa para atreverse con él.
 
El resultado es extraordinario. Primero, por el método narrativo elegido. Moa, como los historiadores clásicos, se empeña en relatar la historia según van transcurriendo los "años de hierro", y sale airoso del desafío. Es más, resulta toda una lección de historiografía. Atenerse a la cronología permite entender las relaciones entre acontecimientos, comprender su auténtico significado y evitar el despeñadero de la manipulación, por donde tan fácil es caer si no se recurre a ese ejercicio de reconstrucción. No hay mejor argumento que el de explicar la sucesión y trazar con precisión el contexto. La imagen de España que sale de este ejercicio es ciertamente terrible, pero no más que la que ofrecía en aquellos tiempos la mayor parte de los países europeos.
 
Además, Moa se ha atrevido a hacer una historia total de aquellos años. Política, cultura, vida social, relaciones internacionales: nada queda fuera del foco del historiador. Los hechos cobran así un relieve nuevo, con perspectivas e iluminaciones inéditas. Moa no busca una razón histórica para todo lo sucedido, pero todo lo sucedido, al encajar en esta gigantesca narración, cobra sentido. Por ejemplo, la habilidad de Franco para sacar adelante su régimen cuando más amenazado pareció, es decir, en los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial.
 
Un miembro de la División Azul.Lo primero que salta por los aires, como era de esperar, son las visiones simplificadoras: ni apologías –ni siquiera disculpas–, ni condenas a priori. Hay hechos atroces, como la represión, bien expuesta –y bien matizada– por el autor. Hay decisiones equivocadas, como los sueños autárquicos. Hay gestas idealistas de dimensiones épicas, como la protagonizada por la División Azul, para cuyo relato Moa rescata textos extraordinarios. Hay sordidez: por ejemplo, en algunos enfrentamientos entre las familias del régimen. Y hay también una reevaluación muy fina de la naturaleza del franquismo, de sus decisiones políticas y de sus relaciones internacionales, todo ello narrado con una capacidad para el matiz y el detalle que nos remite al mejor Moa, por lo menos a mi entender: el del blog, el de Los orígenes de la guerra civil española y el de Los personajes de la República vistos por ellos mismos.
 
Las novedades que ofrece Años de hierro son muchas. Por ejemplo, el retrato que en sus páginas se hace de Franco, que se va dibujando como el gran protagonista del relato. La bibliografía es muy abundante, desde el excepcional libro de Luis Suárez hasta el Franco del propio Moa, causante de no pequeñas polémicas; como las causará éste, sin que muchos de quienes intenten polemizar tengan la menor intención de leerlo. Pues bien, Moa consigue hacer inteligible, y por tanto próximo, un personaje aparentemente tan hermético, tan escurridizo. Es una hazaña literaria, tanto como historiográfica.
 
Otro ejemplo lo encontramos en la clara descripción que ofrece Moa del injusto tratamiento que recibieron los españoles de los Aliados. La falta de prejuicios de Moa contribuye a entender muchas cosas de lo ocurrido después. Un tercer ejemplo descansa en algo que, no obstante, ya había sido apuntado por Julián Marías –muy citado en este libro, y nada sospechoso de afinidad con la dictadura– en un artículo famoso titulado "La vegetación del páramo".
 
Ortega, cuando volvió a España, habló de la "sorprendente, casi indecente salud" del pueblo español; y Moa argumenta, con razones sobradas, que ni siquiera en esos años feroces se secó el manantial de la cultura española: ni el de la llamada popular, que Moa se toma en serio, ni el de la de altos vuelos, de una calidad y una amplitud extraordinarias. Años de hierro no sólo rompe un tópico ya maltrecho a estas alturas, también sugiere una hipótesis de calado sobre la cultura española: a pesar de todo lo que se había hecho por romper su continuidad desde la crisis del 98, a pesar de los devastadores efectos de la guerra y la represión, el hilo seguía ahí. De lo cual se deduce que el corte se produjo con posterioridad.
 
Nos han dejado sin maestros, sin genealogía. Nos han enajenado nuestra cultura. Pareciera que ésta ha acabado por convertirse en una de esas Atlántidas sumergidas de que hablaba Ortega. No es el menor mérito de libros como éste su contribución a recomponer el hilo de la cultura española, tan vilmente cortado. Los tabúes empiezan a desmoronarse.
 
 
PÍO MOA: AÑOS DE HIERRO. ESPAÑA EN LA POSGUERRA, 1939-1945. La Esfera (Madrid), 2007, 726 páginas.
 
Pinche aquí para acceder a la web de JOSÉ MARÍA MARCO.
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