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LA CASA DE CRISTAL

Lo que no canta Silvio el cervizial

Confieso que en un primer momento no me fié un pelo de este libro por su portada bella, con esa foto que amenaza hablarnos del noble pueblo cubano que ríe tanto y no lucha en balde contra el Ogro del otro lado del Golfo; pero enseguida reparé en que lo prologaba Jorge Edwards, persona non grata en la Isla de los (muy) Ca, y ya deseché que fuera otra perla purulenta de la literatura progre liberticida, valga la redundancia.

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Pero como sorpresas te da la vida, y qué te digo si anda de por medio la mayor de las Antillas, resulta que La casa de cristal, este diario de la corresponsal que fue en La Habana Isabel García-Zarza, es un gran libro a pesar del escritor chileno, de su prólogo estupefaciente, una leída de cartilla a la autora no pocas veces gratuita (¿de dónde saca que IGZ acudió a la Isla entusiasmada?) que incluso se le puede volver en contra: puestos a joder la badana, habrá que recordarle al severo preceptor que también en 1973 era ya muy tarde, catorce años muy tarde, para ser ingenuo: ya habían los comunistas cubanos asesinado, reprimido, humillado de sobra y a mansalva.

Bueno, a otra cosa; a dar cuenta del contenido de este libro que es un diario que es una crónica que es un yo acuso enérgico y sostenido, muy vivo. Aquí, de saque, les dejo tres pasajes, para que se hagan una idea de qué van a tenerse entre manos:
No soporto cómo en este país se machacan los derechos del individuo en beneficio de unos pocos que se erigen como Estado. De un día para otro te despojan de algo (...) y no te queda más remedio que aguantar en silencio.

Ni en cien años que viviera aquí lograría acostumbrarme a la voracidad despiadada de este Estado omnipresente.

Contemplar a una niña tullida, en silla de ruedas, lanzando exabruptos contra el malvado monstruo imperialista, es un espectáculo difícil de digerir. Empiezo a estar saturadísima de la batalla por Eliansito y de todos estos actos clónicos y, sobre todo, que me perdonen sus múltiples fans y seguidores, de la voz empalagosa de Silvio Rodríguez cantando Libertad para mi niño.
En el atrio encontramos una frase poderosa de Franz Kafka, que qué no escribiría si lo hubieran parido en La Habana: "Toda revolución se evapora y sólo deja atrás el limo de una nueva burocracia"; pero IGZ sabe que no, que una revolución puede ser mucho más mucho peor, incluso cuando ya dure cincuenta años: miedo, control, hastío, no poder tener sin consentimiento o bien soborno una puta tostadora, alienación. Vivir en una casa de cristal, permanentemente expuesto, vigilado, para que ni en tu cama ni en tu baño ni a los postres que no hay puedas descargar, ser persona y no manada. El socialismo era, es y será esto. A ver, que venga el servil Silvio y nos los cante, los primores de lo lanar, el no poder abrir la boca sin miedo a que te la cosan.

Isabel García-Zarza habla aquí por lo menudo de la insoportable vida del cubano segregado en su país, que no mojitea en el Floridita con las fuerzas planetarias de progreso ni sabe qué cosa sean los males del consumismo; de la canalla goebbelsiana que pastorea a los corresponsales extranjeros desde el Centro de Prensa Internacional; del menos viejo que decrépito y pesado Fidel Castro, tan bocazas; del insilio y del exilio, a veces con dureza y a veces trazando comparaciones terriblemente injustas; de las salidas de pata de banco de su marido, que se niega a acompañarla a una recepción en la Oficina de Intereses Americanos por no pisar suelo yanqui y un día lleva a su hijo bien pequeño –ay, las niñas tullidas– a una concentración castrista contra su compatriota Berlusconi; de cómo y cuándo se autocensuró y de lo bella que es La Habana:
Nadie podrá convencerme nunca de que ésta no es la ciudad más hermosa del mundo. (...) Y me duele contemplarla, me duele profundamente, como si algo me golpeara las tripas.
"Imagino que un día, cuando todo esto cambie, quién sabe cuándo, muchos se abochornarán de leer lo que han escrito", escribe Isabel en un momento dado de su primer año en la Isla. Y no lo dice por ella, sino por el vate boratate Amaury Pérez. Y también seguro por Silvio el cervizial (que le perdonen sus múltiples fans y seguidores) y toda la izquierdona hipócrita, multimillonaria y perdonavidas desde donde sus ídolos no las quitan.


ISABEL GARCÍA-ZARZA: LA CASA DE CRISTAL. Rey Lear (Madrid), 2009, 210 páginas. Prólogo de JORGE EDWARDS.

MARIO NOYA, director de
LD LIBROS. Pinche aquí para ver la entrevista que CARMEN CARBONELL y NOYA hicieron a GARCÍA-ZARZA en el programa del día 22.
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