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EL DILEMA DE EEUU, DE BRZEZINSKI

Otra opción

Desde hace veinte años Zbigniew Brzezinski es un referente del debate estratégico norteamericano y, por lo tanto, mundial. Primero desde su cátedra en la neoyorquina Universidad de Columbia, ahora en el washingtoniano CSIS, tras haber pasado por la Consejería de Seguridad Nacional, con Carter, y por el Consejo Asesor del Pentágono, con su tan denostado Rumsfeld. Este polaco de apellido impronunciable goza de lo más importante: autoridad. Sus libros son siempre esperados y leídos con interés.

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Reconozco mi admiración por su obra, que releo y cito, aunque me encuentre muy lejos de sus posiciones. The Choice es un texto de lectura muy recomendable para aquellos que se sientan atraídos por la política internacional.
 
Desde la llegada de Bush a la Casa Blanca, y sobre todo desde el 11-S, Brzezinski ha estado muy presente en el debate cotidiano sobre estrategia y política de seguridad. Demasiado a menudo con acritud y malos modos. Incluso sus artículos largos, en revistas especializadas, destilaban una crítica personal al presidente y a los responsables de la elaboración de la nueva estrategia, en particular a la cábala neocon, de la que se ha convertido en uno de los más constantes y duros críticos.
 
Sin embargo, en este libro el análisis se hace más sosegado y distante, más académico. En mi opinión, estamos ante la mejor crítica a la nueva estrategia norteamericana, una crítica hecha desde la escuela internacionalista característica del Partido Demócrata.
 
Henry Kissinger.La figura de Zbigniew Brzezinski está unida inevitablemente a la de Kissinger. Han sido los dos académicos de origen europeo que han accedido a más altas posiciones en el diseño de la política de seguridad y que han marcado los términos del debate. Si bien la personalidad intelectual y política de Kissinger ha sido superior, no por ello podemos minusvalorar la de su eterno rival.
 
Tras el 11-S Kissinger comprendió las características del nuevo entorno estratégico y comenzó una discreta deriva hacia las posiciones de la Administración Bush. Sin renunciar a su propio legado, han sido claras sus manifestaciones en defensa del presidente. En Washington es sabido que su relación personal con Rumsfeld, su antiguo y constante enemigo político, es excelente, al igual que la que mantiene con los viejos neocon que trataron en tiempos de hacerle vida imposible, como Perle o Wolfowitz. Con Kissinger muchos realistas, empezando por Rice, han convergido hacia la doctrina Bush. Un camino que no ha hecho, sino todo lo contrario, Zbigniew Brzezinski.
 
Brzezinski no critica actos o políticas, sino la nueva estrategia norteamericana en su conjunto, desde sus postulados doctrinales hasta sus conclusiones. En su libro no hay ideas nuevas, sino mejores explicaciones. Siempre criticó hacer del terrorismo la amenaza, por la sencilla razón de que una forma de lucha no es un enemigo. Y tenía toda la razón. Pero no conviene confundir el discurso público con la estrategia. En los documentos básicos los conceptos están mucho más matizados y no se cae en los simplismos característicos de la comunicación de masas.
 
El autor reivindica una visión más amplia y clásica de la acción exterior norteamericana, menos focalizada en el terrorismo y más atenta a otro tipo de realidades, como el creciente papel de China, la transformación de Japón en una potencia militar, la mayor autonomía de India... ¿Se ha olvidado Bush de estos problemas? Mi impresión es que no, aunque es evidente que la amenaza primera y fundamental ha quedado establecida en torno al islamismo radical, los rogue states y la proliferación.
 
Como cabía esperar, el autor denuncia el unilateralismo de Bush. Lo lleva haciendo desde hace cuatro años. Los críticos de la ONU en Estados Unidos, que son muchos, nunca han renunciado a actuar con la organización. Su argumentación incide en la necesidad de intervenir con “alianzas de voluntad” en el caso de que fuera imposible llegar a un acuerdo en el seno del Consejo de Seguridad. A diferencia de Clinton, Bush siempre ha ido al Consejo, y sigue intentándolo, frente a la resistencia de otros miembros de pleno derecho, para tratar temas como la proliferación nuclear en Corea del Norte e Irán.
 
George W. Bush y Jacques Chirac.El unilateralismo de Bush no se basa en el rechazo al papel de los organismos internacionales, sino en la necesidad de actuar cuando éstos, debido al mecanismo del veto, han quedado bloqueados. Brzezinski siente vértigo ante un solitario EEUU que trata  de resolver problemas en distintas partes del planeta. Una opción agotadora que, además, genera y continuará generando antiamericanismo.
 
Es comprensible y asumible esa preocupación, pero no es correcto culpar a Bush de lo que es una responsabilidad compartida entre los grandes. Powell podía haber empleado más tiempo en negociar la invasión de Irak, pero es una ingenuidad creer que esa fue la causa del “no” francés. El comportamiento de Chirac nada tiene que ver con cómo actuó la diplomacia norteamericana, sino con su personal evaluación de cuáles eran los intereses de Francia.
 
El problema real es que un conjunto de países ha decidido utilizar determinados organismos internacionales, entre los que se encuentran la ONU y la OTAN, como barricadas para controlar a la Hiperpotencia. La respuesta de Bush ha sido consistente, pero el comportamiento de algunos dirigentes demócratas durante la última campaña electoral no ha dejado de dar alas a los cruzados antihegemonistas.
 
La Administración Bush no busca la soledad imperial, pero es evidente que ha hecho un pésimo trabajo en el área de la comunicación. Precisamente allí donde Truman fue grande, Bush ha fracasado. Esta Administración ha demostrado una gran capacidad para explicar sus actos a la sociedad norteamericana, pero sólo a ella. No es por ello de extrañar la mala imagen internacional, o el nombramiento de una de las hacedoras del éxito de comunicación interna como jefa de la diplomacia pública. De nuevo Brzezinski parece confundir el discurso con la realidad, una confusión que no es inocente.
 
Otra de sus ideas más conocidas es su reivindicación de Europa como el mejor y más fiel aliado de Estados Unidos. Su origen polaco y su vínculo intelectual con la universidad y la historia europeas pueden explicar ciertas simpatías, pero en este caso su soledad en el panorama norteamericano es evidente. Criticar a Bush por no haber cuidado sus relaciones con Europa es injusto.
 
Una parte de Europa, conscientemente, ha dado un paso estratégico trascendente: sin la amenaza soviética, podemos prescindir de Estados Unidos. Más aún, muchos en el Viejo Continente consideran que el principal problema para nuestra seguridad es Estados Unidos, con Clinton o con Bush, por lo que una política de contrapoder sería la más acertada. Puede que algunas declaraciones de dirigentes norteamericanos no hayan sido afortunadas, pero el giro es europeo, no norteamericano.
 
Detalle de la portada de la edición en español de THE CHOICE.Brzezinski pasa por ser uno de los críticos más antiguos y contundentes a la política proisraelí de Estados Unidos. Una posición que siempre ha vinculado a Europa. Reivindica la visión del Viejo Continente, critica el exceso de apoyo a Israel y defiende un acercamiento más comprensivo al Mundo Árabe. Personalmente, tengo dudas sobre la coherencia de la posición europea, en caso de que exista. Tampoco comparto su admiración por la estrategia europea de transformación del Islam, que considero poco ambiciosa y muy dispuesta al apaciguamiento.
 
En general, el autor defiende una América que colabora frente a una América que impone sus puntos de vista. Un enfoque atractivo, pero no realista. No basta con querer, hace falta que los demás estén dispuestos a participar. Él mismo evita explicar cómo establecer un nuevo entendimiento con Europa, porque tampoco él parecerlo verlo.
 
En este libro hay mucho de nostalgia de un mundo que ha desaparecido, pero hay también mucho de rechazo al cambio. Brzezinski se niega a aceptar algunos elementos sobre los que se ha construido la nueva estrategia nacional. Hay también algo de resistencia generacional en esta actitud. No podemos olvidar que su hijo ha sido unos de los principales colaboradores de Wolfowitz en el Pentágono, y que toda una nueva hornada de treintañeros y cuarentones ha pasado a ocupar puestos de relieve, con un indisimulado desprecio a Europa y una mayor fijación por el Pacífico.
 
El autor acierta al diagnosticar algunas consecuencias negativas de la nueva política, pero en mi opinión no es muy justo cuando valora las opciones reales en manos del presidente, y, aunque no lo reconoce, está demasiado dispuesto a ceder, a no hacer, con tal de mantener unos vínculos que son sólo restos anacrónicos de una etapa superada.
 
 
Zbigniew Brzezinski, The Choice. Global domination or global leadership, New York, Basic Books, 2004, 242 páginas. Versión en español: El dilema de EEUU. ¿Dominación global o liderazgo global?, Barcelona, Paidós, 2005, 264 páginas.

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