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MITOS SOCIALISTAS

Poemas para el Viernes Santo

El Viernes Santo invita a reflexionar sobre otro más de los mitos socialistas ligados a los libros y la literatura. Desde la izquierda más sectariamente antirreligiosa se abunda en la idea de la relación entre el intelectual y el laicismo. Este falso mito pretende separar la cultura –y, en ella, la literatura– de toda creencia religiosa, en especial de la tradición judeocristiana, que es la española y la europea. Nuestros libros y nuestros poetas confirman la falsedad de este mito laico del socialismo, porque, desde diversas posiciones ideológicas, los poetas españoles –incluidos los que la izquierda se ha ido apropiando– se interesaron de algún modo por la religión y hasta escribieron sobre el Cristo crucificado, el que recordamos hoy.

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Ese interés, verificable, es el que el socialismo des-gobernante busca borrar de nuestra tradición cultural confundiendo la constitucionalidad aconfesional con el supuesto laicismo. Los poetas y sus versos, sin embargo, están ahí.
 
El actual Estado laico y beligerante que propone el socialismo de mitos anticristianos y falsedades intelectuales lo alientan nombres de nuestra vida pública y política española como Gregorio Peces-Barba, Dionisio Llamazares, Marta Mata, Carlos Berzosa, ligados todos a la politización de la universidad y la cultura en España. En su auxilio surgen los políticos socialistas del laicismo, Pedro Zerolo, Álvaro Cuesta, Gonzalo Puente Ojea, Victorino Mayoral y hasta ministros como María Jesús San Segundo, Fernando López Aguilar y el mismo José Luis Rodríguez Zapatero.
 
Es así como un solo año de desgobierno y mitos socialistas deja ver el demoledor intento de cambiar la actual configuración constitucional de España en materia espiritual y religiosa. España es constitucionalmente un Estado aconfesional, que no es lo mismo que un Estado laico. Pero, en la confusión que imprimen los mitos socialistas, se busca crear una España laica –o sea inconstitucional– que suprima públicamente la tradición judeocristiana de la inmensa mayoría de los españoles.
 
Entre el fervor popular de la Semana Santa, arraigado en las tradiciones españolas, vale la pena recordar que algunos de los mejores libros y poemas de nuestra poesía tienen a la religión cristiana como eje central. No hace falta mentar a Luis de León, a Juan de la Cruz, a Teresa de Ávila, a Juana Inés de la Cruz… A algunos les han quitado ya hasta la santidad, porque al laicismo intelectual le suena a algo casposo, rancio, conservador, cosas de la "derechona". Es curioso que aquellos cuatro poetas fueran encarcelados por herejes. Hoy sabemos del valor de sus vidas y obras, aunque para el socialismo parece que no existen. Mas ni quitándoles la santidad podemos negar el valor de sus poemas.
 
Por si con esos no vale, y para mostrar la recurrencia de la figura central del Cristo crucificado como motivo poético, no hace falta volver al pasado de la tradición medieval, ni a la poesía mística española, ni al prodigioso 'Soneto a Cristo crucificado', una de las cumbres de la poesía áurea: "No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido /(…)/ Tú me mueves, Señor, muéveme el verte / clavado en una cruz y escarnecido".  No hace falta recurrir tampoco al Quevedo del Heráclito cristiano (1613), ni al Lope de Vega de las Rimas sacras (1614). Bastaría citar aquí los versos a la Crucifixión de Juan del Valle Caviedes, Alberto Lista, José Marchena, José Zorrilla, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosalía de Castro, Amado Nervo, Rubén Darío…, así hasta mañana, y todos con poemas a Cristo.
 
Antonio Machado.Hablemos del siglo XX, ya que ahí empieza la "presencia" política del socialismo en España. Encontramos una amplísima nómina de poetas que –pese a haber sido tergiversados y apropiados por la mitología historiográfica de la izquierda socialista– cantaron con fervor al Cristo sufriente en la cruz. Ahí está el Antonio Machado de 'La saeta', el Miguel de Unamuno existencial de El Cristo de Velázquez (1920) o el de 'Las siete palabras y dos más'. Ahí está el hecho-mártir-socialista Federico García Lorca, que  cantó a Cristo en 'Poema de la saeta'.
 
Lo mismo podemos decir de otro mítico usurpado por la izquierda: Miguel Hernández, cuya vida y obra tuvo un claro inicio cristiano y católico, como muestra su cultivo del auto sacramental y su amistad con el círculo católico de Ramón Sijé, protagonista de su célebre elegía. Así ocurre también con José Bergamín, autor del soneto 'A Cristo crucificado', donde afirmaba sin reparos: "Tú me ofreces la vida con tu muerte / y esa vida sin Ti yo no la quiero; / porque lo que yo espero, y desespero / es otra vida en la que pueda verte". También hay que mencionar a otro poeta adoptado por la izquierda, Blas de Otero, que antes de su poesía "social" había escrito todo un libro entero de rebosante cristianismo y titulado Cántico espiritual (1942) que luego fue –claro– silenciado por la izquierda.
 
Hasta Rafael Alberti –máximo "gurú" de los mitos socialistas y comunistas– no pudo olvidarse de su raíz cristiana y católica. Basta leer su 'Triduo de alba', poema en tres sonetos a la Virgen del Carmen que concluye con una petición de amparo: "Sobre mis hombros te llevaré a nado / a las hondas grutas del pescado / donde nunca jamás llegan las redes". Años después, cuando, ya septuagenario, regresó como diputado comunista a la España de la Transición, vale recordar el rechazo popular que suscitó el que quisiera cantar a la Virgen de Triana en tributo a la "reconciliación nacional" entre los comunistas y las vírgenes más sagradas de Andalucía. Cosas de Alberti.
 
Incluso los poetas de la vanguardia transatlántica –también adoptados por el socialismo militante– tuvieron mucho de cristianos, como la Gabriela Mistral de 'Oración al Cristo del Calvario', o el César Vallejo cristiano. Frente a ellos, cabe mencionar a una figura clave del 27 español: Gerardo Diego, poeta de talante liberal que nunca olvidó su fe cristiana y que escribió un libro entero de poemas sobre la pasión y muerte de Cristo: su ejemplar Vía Crucis (1931), que luego formó parte de otro libro más amplio y titulado Versos divinos (1970).
 
Tampoco podemos olvidar la vertiente poética religiosa de Ramón de Garciasol, autor de 'A Cristo en la Cruz', de José García Nieto y de otros poetas silenciados por el socialismo de alpargata, como el Manuel Mantero de Misa solemne (1965), que humaniza a Cristo. Y como, algo antes, Julio Mariscal Montes, autor de Quinta palabra (1958) y de su ejemplar 'Ecce Homo', donde se ofrece el Cristo real de carne y hueso, arraigado al pueblo, vivo, humanizado y sufriente. 
 
En el odio socialista a la religión católica se explica también el silencio actual de la crítica sectaria ante figuras como José María Valverde, José Luis Martín Descalzo –autor de Camino de la Cruz (1958)–, ante autores hoy denostados por "franquistas" como José María Pemán, poeta de versos sobre los pasos del Vía Crucis. Podríamos seguir, porque la presencia cristiana en la poesía en lengua española ofrece centenares de ejemplos y actitudes.
 
Desde distintas posiciones ideológicas, la poesía española lleva consigo la tradición judeocristiana. Pretender cambiar o manipular esa realidad es pinchar en hueso y mostrar un aberrante sectarismo. Con todo, el mito socialista del laicismo sigue instalado en nuestra cultura, en nuestros libros, en nuestros poetas.

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