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FILOSOFÍA

¿Somos cuerpo?

Vivimos en una cultura sumamente materialista y, sin embargo, pese al atosigante culto al cuerpo, muy descorporalizada. Así, por ejemplo, ya no se habla de sexo, sino de género, que en realidad es un accidente gramatical, como el número o el caso.

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De modo que el hombre, varón como mujer, no sería un ser propiamente sexuado, pues, al ser el género algo accidental, puede ser perfectamente intercambiable o prescindible; seríamos algo así como un lexema en busca de un morfema. Quién sabe si en algún momento, cuando en el documento de identidad correspondiente se demande el género, se pueda poner también "Morfema cero".

Reflexionando sobre Le deuxième sexe de Simone de Beauvoir, Alfonso Pérez de Laborda dice en su libro Tiempo e historia: una filosofía del cuerpo:

¿Es verdad, como piensa ella, que la actividad sexual no está necesariamente implicada en la naturaleza del ser humano? De acuerdo, si a la actividad sexual como tal se refiere; no tanto si supone que esta es la que define los sexos; nada, en todo caso, si piensa que el hombre no es un ser sexuado. Suponerlo es quitarle su espesor de carnalidad, sin el cual el hombre –el hombre y la mujer– ya no sería "cuerpo de hombre". El hombre es un ser esencialmente sexuado, siendo eso que es, es decir, "cuerpo de hombre".

En este contexto social, aparece muy oportunamente un magnifico libro, Cuerpo vivido, de cuya edición se ha encargado Agustín Serrano de Haro, que recoge cinco ensayos filosóficos de sendos pensadores españoles centrados en el cuerpo. Pero no en uno abstracto, sino en el concreto, ese que cada uno de nosotros puede sentir e inteligir, ese que en concreto tenemos y somos cada uno, aunque no solamente seamos cuerpo.

José Ortega y Gasset.Con este libro y a través de escritos de José Ortega y Gasset ("Vitalidad, alma, espíritu"), José Gaos ("La caricia"), Joaquín Xirau ("Presencia del cuerpo"), Leopoldo-Eulogio Palacios ("El rostro y su anulación") y del propio Serrano de Haro ("Atención y dolor. Análisis fenomenológico"), el lector hace un rápido recorrido por una importante línea de la filosofía española de los últimos cien años. Primero la figura del gran filósofo madrileño, y entre él y el trabajo, ya del siglo XXI, del editor, tres autores que, de distinta manera, tienen vinculación con lo que se ha venido en llamar la Escuela de Madrid, tan íntimamente ligada a Ortega.

Desde distintas perspectivas (caricia, dolor, rostro...) y estilos, no solamente nuestra comprensión del cuerpo queda enriquecida, sino que además fácilmente se palpa, en estas jugosas páginas, lo poco humano que sería nuestro cuerpo si fuéramos solamente materia, sólo un cuerpo. ¿Podríamos hablar de un yo o de libertad si únicamente fuéramos materia? Y, a la inversa, qué poco humana sería nuestra espiritualidad sin cuerpo.

El volumen es una alta serranía, y, claro, en ella no todos los picos tienen la misma altura, el mismo perfil, el mismo acierto. La singularidad de cada uno queda acentuada, enriquecida, matizada y, a veces, corregida en el contraste de unos con otros. Pero los picos lo son de una misma serranía; hay una serie de hilos que engarzan los cinco ensayos. Son españoles, macizamente españoles algunos de ellos, y hablan del cuerpo, pero lo hacen, sobre todo, fenomenológicamente; en los cinco trabajos el estilo descriptivo predomina. Así, Ortega, cuando está dando nombre a aquello de lo que ha tratado, enérgicamente dice: "Son conceptos descriptivos, no hipótesis metafísicas".

Y los cinco ensayos son claros y accesibles. Sí, las dos cosas. La filosofía de Zubiri, por ejemplo, es clara, pero de difícil acceso; precisa, pese a su diamantino español, una buena dosis de preparación filosófica para su comprensión. Mucha gente pide claridad a un texto cuando lo que le ocurre es que no le es fácil acceder a él. Lo que pide es que se le ahorre el subir a la cima, que se la bajen a la llanura. Pero, cuando bajamos una foto de la cumbre, ni es propiamente la cumbre ni el que la ve ha subido a lo alto; no pasa de ser un pobre sucedáneo. Pero éste no es el caso. Nuestro libro, además de claro, afronta cuestiones accesibles, al menos para una persona razonablemente culta; lo cual acaso sea un nivel de cierta exigencia para esta España plagada de cuasi-universidades. Pero éste, paciente lector, si has llegado hasta aquí, seguramente no será tu caso.

 

AGUSTÍN SERRANO DE HARO (ed.): CUERPO VIVIDO. Encuentro (Madrid), 2010, 168 páginas.

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