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'¿SE PUEDE CREER A UN TESTIGO?'

Trampas de la memoria

Leah Bonnín

En la tradición occidental, la desconfianza hacia la fiabilidad de la memoria viene de lejos. La Biblia o los juegos de niños nos advierten de la fragilidad de los recuerdos, de cómo se transforman y adquieren connotaciones que poco o nada tienen que ver con la realidad a la que pretendidamente se refieren.

En el libro ¿Se puede creer a un testigo? El testimonio y las trampas de la memoria, la psicóloga experimental Giuliana Mazzoni, profesora del Departamento de Psicología de la University of Hull (Inglaterra), utiliza investigaciones, análisis y observaciones de campo para explicar los motivos por los que los testimonios de los declarantes en un proceso judicial no coinciden con la realidad a la que dicen referirse. En un número muy elevado de casos, la causa de la discordancia entre las declaraciones de los testigos y los datos fácticos a los que se refieren, afirma, no son producto de la mala intención ni de una voluntad expresa de mentir, sino del modo en que funciona nuestra memoria.

Voluble, caprichosa y capciosa, sin embargo la memoria es un instrumento esencial para el individuo: "Sin memoria no estaríamos en condiciones de sobrevivir porque no estaríamos en condiciones de aprender de la experiencia y no tendríamos ni historia ni identidad personal". Es necesaria para vivir, pero difícil de aprehender como verdad: he aquí una paradoja existencial. La memoria es subjetiva y tramposa, por más que se revista con los ropajes de la sinceridad.

En la primera parte, Giuliana Mazzoni, además de hablar de los distintos tipos de memoria (a largo plazo, autobiográfica, episódica, a corto plazo, semántica), expone cómo opera en el ámbito judicial. Así, en la relación entre el contenido de un suceso y el contenido de la memoria pueden darse distintas posibilidades: que el recuerdo coincida con la realidad; que haya poco recuerdo; que haya mucho recuerdo y poca narración y además se mienta; por último, el caso más problemático, porque induce a más confusión: que haya poco recuerdo y mucha narración.

¿Cuáles son los elementos que interaccionan y, por tanto, modifican la sustancia del recuerdo? La fiabilidad del testimonio (depende de la edad –los niños son más manipulables que los adultos, por ejemplo– y de otros factores); el nivel de conciencia del individuo en el momento del episodio sobre el que dará testimonio; los esquemas mentales de referencia de éste, aspecto que sirve para subrayar que, la mayoría de las veces, si no todas, lo que queda en la memoria no es el objeto visto, sino ¡el objeto interpretado en el momento de la codificación! Y es que vemos e interpretamos en función de los conocimientos que poseemos. Los conocimientos dan forma al recuerdo, y "es más fácil recordar aquellos objetos que están representados en la memoria a largo plazo, que es la que contiene el bagaje de conocimientos adquiridos a lo largo de la vida".

¿Qué es lo que puede distorsionar el contenido de la memoria, se pregunta la psicóloga experimental en la segunda parte? Las preguntas engañosas (no es lo mismo preguntar por "un hombre", un individuo cualquiera del sexo masculino, que por "el hombre", un individuo específico que se supone es conocido por el testigo); la sugestabilidad, en inglés interrogative suggestability, esto es, la tendencia del individuo a insertar en el recuerdo contenidos de las preguntas recibidas; la complacencia, compliance, o tendencia a decir lo que el otro quiere oír; y, desde luego, el tipo de preguntas.

Mazzoni aborda también la recuperación de los recuerdos perdidos, algo directamente relacionado con las circunstancias en que se olvida. Para reforzar la afirmación, Mazzoni acude a los resultados de las últimas investigaciones neurológicas, según los cuales "elementos de naturaleza psicológica pueden influir en el funcionamiento de las áreas del cerebro destinadas a la memoria". Así, no sólo es posible rememorar experiencias pasadas, sino crear recuerdos. En determinadas circunstancias, tal vez inducido por una terapia psicológica o por la interpretación de un sueño, tal vez por sus convicciones sociocognitivas (es la forma de referirse psicológicamente a la ideología), un individuo puede "recordar experiencias que no ha vivido". ¿Alguien da más?

La psicología también da cuenta de la construcción colectiva del recuerdo. ¿Existe tal cosa, se preguntará el lector documentado? Sí, señores, sí, existe, y también la construcción colectiva de recuerdos falsos. Para los estudiosos de la memoria, "las leyendas y los cuentos forman parte del proceso que conduce a la construcción colectiva del recuerdo". Hasta tal punto es así, que hay quienes opinan que no existen los recuerdos individuales, "dado que el recuerdo estaría ineludiblemente ligado a los procesos sociales e históricos en que se coloca y determinado por éstos".

Para comprender la importancia del fenómeno, sólo cabe subrayar que Giuliana Mazzoni no aborda ninguna patología de la memoria, a no ser que entendamos que la memoria es de por sí una facultad patológica de la condición humana. Así es, según lo que sabemos hasta el momento, como funciona la memoria.

Mazzoni propone algunas ideas y modificaciones del sistema judicial para eliminar errores de bulto y mejorar su credibilidad: reglas para que un testimonio sea considerado válido, la especialización de peritos psicólogos o la instrucción, a policías y otros profesionales, en la realización de entrevistas cognitivas, pensadas para obtener de un testigo "declaraciones más productivas y exactas".

Por si había dudas, este libro viene a confirmar que parece casi imposible fiarse de la memoria. Mazzoni se ocupa del ámbito procesal. ¿Qué concluiría si estudiara la relación entre memoria e historiografía oral? ¿Qué no podría decirse, en definitiva, de experimentos como la Ley de la Memoria Histórica, que quiere presentar como verdad científica, colectiva e irrevocable lo que no es más que el punto de vista, colectivo e ideológicamente escorado, de una parte de los testigos y víctimas de nuestra guerra civil?

 

GIULIANA MAZZONI: ¿SE PUEDE CREER A UN TESTIGO? Trotta (Madrid), 2010, 182 páginas. Traducción: José Manuel Revuelta.

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