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EN BUSCA DE LA DERECHA (PERDIDA)

Una derecha posmoderna

Federico Jiménez Losantos ha hablado de una derecha descreída, por falta de referentes políticos, ideológicos, éticos. Era la derecha de Miguel Maura, Ortega y demás. Tras la muerte de Franco, las cosas se pusieron aún peor. Un grupo de intelectuales, entre los que se cuentan el propio Losantos o José María Marco, ha intentado ofrecer a la derecha nacional un referente moral e ideológico anclado en el liberalismo, del que muchos somos deudos.

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Ha salido un libro importante, En busca de la derecha (perdida), que aboga también por un cambio de rumbo, pero desde un punto de vista que no es liberal. "Numerosos cerebros de la derecha política han llegado a la conclusión de que, para ganar, tiene que parecer un poco de izquierdas", escribe su autor, el periodista José Javier Esparza; y añade: "Seguramente no es un cálculo equivocado, pero sus resultados a largo plazo son simplemente suicidas: como tal posición implica aceptar de entrada que no es presentable ser de derechas, fingirse de izquierdas para llegar al poder hoy es tanto como cerrarse el camino para repetir el día de mañana". A su juicio, este análisis de la situación supone el arrinconamiento de la derecha-valor en beneficio de la derecha-poder. De nuevo, la derecha descreída.

Digamos sin más dilación qué es, para Esparza, la derecha. Después de repasar una quincena de definiciones (destaca la ausencia de Thomas Sowell y su conflicto de visiones), ofrece la suya: "Está constituida por todas aquellas sensibilidades, doctrinas, ideologías y movimientos que, a lo largo del proceso de la modernidad, se han ido encontrando, en uno u otro momento, en oposición al vértigo moderno". La derecha está perdida porque, según Esparza, la modernidad es una fuerza en descomposición y aquélla está forzada a ser, literalmente, posmoderna. Por otro lado, la derecha estaba habituada a defender un conjunto de instituciones que, precisamente por el empuje de la modernidad, han ido desapareciendo; por eso, para engarzarlas en su discurso tiene que hacer un esfuerzo de recuperación histórica y de reconstrucción teórica. Es lo que Esparza llama neoconservadurismo, aunque en referencia a una corriente muy distinta a la que proviene de Estados Unidos.

La derecha es, en opinión de Esparza, una derecha perdida por una razón más: por haber, en buena medida, y tanto la derecha-valor como la derecha-poder, recalado en el liberalismo, que es una derecha moderna, es decir, una derecha impropia. "Hay segmentos enteros de la tradición intelectual de la derecha que han quedado sepultados, abandonados, olvidados e incluso deliberadamente silenciados", advierte.

Fuentes de la derecha

Ante la constatación de esa pérdida o desvarío, Esparza busca referentes para el cambio de rumbo. Por ejemplo y para empezar, en el cristianismo. "Hay una afinidad de fondo entre ser cristiano y estar en la derecha", dice; y avisa: "Si en nombre del laicismo desterramos la tradición espiritual de nuestra civilización, estaremos destruyendo los propios fundamentos de la democracia y las libertades". También en el conservadurismo, aunque, como hemos visto, ya nada habría que conservar. El nacionalismo sería más bien un asidero desesperado, pues la derecha nada tendría que ver con esa construcción ideológica, ni en su vertiente alemana (idealización del pueblo) ni, mucho menos, en su versión francesa, anterior a la Revolución pero íntimamente ligada a ésta. La patria es "un ámbito de vida y de experiencia decantada a lo largo de los siglos, que nos ha visto nacer y que deseamos abrazar con la naturalidad y la libertad con que uno abraza a sus padres"; y, frente al nacionalismo, lo mejor es reivindicar la nación histórica, depositaria de siglos de historia y experiencias que han fraguado en las instituciones y la memoria colectiva, que nos hacen reconocernos como parte de algo vivo.

Quizá el capítulo más valioso es el que dedica a "El abuelo maldito: el fascismo", una izquierda con objetivos derechistas que tuvo su explicación en aquel contexto histórico, no en el actual.

Críticas al liberalismo

"¿De verdad es preciso ser liberal?", se titula el capítulo dedicado a la crítica profunda del liberalismo. Es un título que denota cierta exasperación del autor ante la penetración de esta ideología en la derecha. Y cierta exasperación puede igualmente sentirse al ver expuestas, una vez más, algunas críticas al liberalismo que parecían ya superadas.

Una de ellas es la que denuncia que el liberalismo es la sublimación del egoísmo, o cuando menos que se basa en él. Pero el liberalismo no hace sino asumir el hecho natural de que las personas tienen fines propios; fines que pueden ser rabiosamente egoístas o plenamente altruistas. Lo que dice el liberalismo es que las personas tienen derecho a tratar de alcanzar sus metas por medios legítimos, y que en tal cometido se desempeñan con más eficiencia que el Estado.

Por lo demás, claro que las decisiones tienen, en infinidad de ocasiones, "la virtud de implicar a terceros en un objetivo común". Esas empresas, dicho sea en su sentido más general y auténtico, son propias de las sociedades libres. Otra cosa es la pretensión de que hay fines comunes a toda la sociedad, a los que los individuos se suman de forma voluntaria. No es que sea descartable algo así; pero entonces no sería necesaria la coacción...

Ello tiene relación con otra de las críticas vertidas aquí al liberalismo, la de que éste predica, o ha logrado, una sociedad de individuos atomizados, alejados de cualquier idea de comunidad. No conoceré toda la literatura liberal, pero esta idea sólo se la he leído a sus críticos. Quien sí proponía una sociedad atomizada era, precisamente, Karl Marx, que se encontraba en los antípodas del liberalismo. Es característica del liberalismo la constatación de que, en una sociedad libre, la voluntad de los ciudadanos y la costumbre posibilitan la creación de multitud de lazos que, justamente, conforman el entramado sobre el que descansa la sociedad.

Ahí cabe todo el programa social de la derecha, ahí encajan las "unidades naturales" de que habla Esparza: el "sentido de la comunidad", que no es auténtico si no es libre, la "bondad histórica de la tradición", el "sentido natural de la autoridad" (que no es lo mismo que la potestad), la "vida en común estructurada y organizada", etcétera.

Pero la principal falla del liberalismo es, según Esparza, la tensión entre el individuo y la comunidad; entre la razón, que sólo puede ser individual, y su plasmación práctica, que sólo puede ser colectiva; entre la universalidad de los derechos y la realidad contingente de sus portadores. No voy a entrar aquí en estas contradicciones, que me parecen sólo aparentes. Sí me interesa destacar que este es el núcleo de la crítica del autor, del que se desprenden otras críticas. Por ejemplo, la que tiene por objeto el economicismo y el papel central que desempeña el mercado en el pensamiento liberal.

Lo cierto es que el mercado es sólo el ámbito económico de la sociedad libre. Wilhelm von Humboldt no necesitó hacer referencia a la economía para defender una sociedad sin interferencias. Wilhelm Röpke dijo en una ocasión que hay que defender el mercado por motivos puramente morales, y que el hecho de que éste sea propicio para la prosperidad del hombre es sólo una bendición añadida.

Una corriente del liberalismo muy relevante parte del derecho natural para defender la libertad, no se queda en el utilitarismo, como pudiera parecer a la luz de lo leído en estas páginas. El liberalismo, como filosofía de la libertad, es muy anterior a la Ilustración. Como el mercado es muy anterior al liberalismo, y no la plasmación de su programa, un error que, dicho sea de paso, cometió Ludwig von Mises. No hay más que recordar el comercio en la católica Italia medieval, donde se creó la contabilidad por partida doble y el derecho mercantil, o el comercio complejo y a gran escala que se desarrolló en Roma.

Rescate del liberalismo

Con todo, hay una crítica al liberalismo que me parece muy interesante, y es la idea de que éste no es suficiente. Esparza se suma al proyecto de reducir la injerencia del Estado en la sociedad, pero ve en el Estado y en el mercado almas gemelas de Leviatán y Behemoth. No hará falta recordar que, según la leyenda, Dios habrá de acabar con estos dos titanes antes de que ellos acaben con Su obra. El Estado y el mercado son organizaciones creadas por el hombre, y los dos le someten, le alienan, le impiden desarrollarse en comunidad. El liberalismo ha parido al mercado y éste ha creado nuevas formas de sometimiento, con poderes económicos sin control que se han adherido al Estado. Por tanto, el liberalismo ha fracasado, ha resultado insuficiente, y necesita dotarse de un nuevo armazón teórico para alcanzar sus propios fines... y otros también importantes.

"Ya hay quien lo intenta a través de vinos tan añejos como la Escuela de Salamanca, aquel festival de inteligencia que iluminó la España del siglo XVI", escribe Esparza. "Es un ejercicio interesante: por esa vía, el liberalismo podría volver a ser propiamente de derechas".

No es que asuma del todo este análisis, pero sí me parece interesante la idea de que el liberalismo debe renovarse para refrenar al Estado y a quienes se adhieren a él para lograr sus propios fines, que no coinciden con el buen interés de la sociedad a largo plazo. Aunque considero que mucha de esa labor ya se ha realizado.

Franco y la derecha española

En busca de la derecha perdida es un libro honrado y valiente. Se puede ver en todas sus páginas, pero especialmente en el capítulo "Franco era de derechas", afirmación sólo aparentemente banal, a tenor de lo que se dice del dictador. En cualquier caso, que Franco fuera un hombre de derechas tiene su importancia en un libro de estas características, que habría quedado muy cojo si no hubiese reparado en el régimen que imperó en España durante más de un tercio del siglo pasado.

Franco, dice Esparza, "recoge simultáneamente dos herencias del XIX: la del reformismo conservador y regeneracionista y la del pensamiento tradicional, ambas actualizadas en el primer tercio del siglo posterior". Con esa concepción, prosigue, "contribuyó a resolver el principal problema de España", que deriva de tres divisiones: la social, la política y la territorial. La derecha no puede mirar hacia otro lado, "porque, guste o no, es su legado".

Este libro es una búsqueda y un llamamiento. Si le suscita un mínimo de interés, no se reprima.

 

JOSÉ JAVIER ESPARZA: EN BUSCA DE LA DERECHA (PERDIDA). Áltera (Barcelona), 2010, 224 páginas.

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