Me refiero al presidente
Sarkozy, claro está, que ha centrado
su visita a Bayona en la lucha contra el nacional-terrorismo. Al otro presidente, Zapatero,
la bomba de Durango contra un cuartel de la Guardia Civil le ha pillado con las manos en la masa, tanto en sentido literal como figurado: mientras que el inquilino de La Moncloa se dedica a amasar pan en una aldea de Asturias, sus enviados siguen negociando con los pistoleros y controlando la espita del terror.
Esta vez ha habido suerte, señor presidente, porque no se ha producido ningún "accidente mortal", como en la T4. Tan sólo dos heridos leves. Pero la posibilidad de que haya algún nuevo "accidente" se irá incrementando a medida que vayan ustedes abriendo la espita del terror. Y el problema es que son ustedes tan torpes que van a necesitar abrirla mucho antes de darse cuenta de que el terror ha perdido su efectividad como narcótico.
Y la ha perdido porque hace ya mucho tiempo que somos conscientes de que el "proceso" no se inició para poder acabar con ETA. Esa banda asesina estaba ya muerta cuando usted llegó al poder, señor Zapatero, así que no había necesidad de matarla de nuevo. Bastaba con rematarla. Pero a ETA se la revivió precisamente para poder poner en marcha el "proceso", ¿verdad, señor presidente? El "proceso" que necesitaban los que le han colocado a usted en el puesto que ahora ocupa.