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Europeos patriotas contra la islamización de Occidente

La mejor forma de integración es la libertad individual. Y la educación en el escrupuloso respeto por la libertad del otro.

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Desde hace algunas semanas, los titulares de la prensa alemana se llenan todos los martes con las cifras de asistentes a las marchas organizadas por Pegida en Dresde y otras ciudades alemanas. Miles de personas –el pasado lunes, más de 30.000 en la referida Dresde– se manifiestan en las calles contra la "islamización de Occidente". Los políticos parecen desorientados ante este nuevo fenómeno social. Se hacen llamar, sí, Pegida, Patriotische Europäer Gegen die Islamisierung des Abendlandes, en nuestro idioma "Europeos patriotas contra la islamización de Occidente". En la página de Facebook del movimiento popular existe un documento con 19 puntos, la mayoría relativos a las políticas de asilo, los refugiados y la inmigración.

No es posible calificar las propuestas de Pegida como de extrema derecha a primera vista. Muchos puntos encuentran incluso un amplio apoyo entre la ciudadanía. Casi un tercio de los alemanes (29 por ciento) cree que el islam ha tenido tal impacto en la vida en este país que las marchas de protesta de Pegida están justificadas. Esto se desprende de una encuesta de Forsa encargada por la revista Stern.

Aunque las demandas programáticas a primera vista no parecen directamente reprochables, los líderes de Pegida no han sabido (o no han podido, o no han querido) marcar una clara línea fronteriza con los partidos y grupos neonazis alemanes. En todas las marchas de Pegida es fácil encontrar funcionarios y cargos del NPD (partido neonazi ), que también desempeñan un papel activo en las manifestaciones. Y entre los comentarios que podemos leer en Facebook encontramos una amplia gama de consignas xenófobas, sin que los responsables de Pegida se hayan distanciado de ellas.

La misma encuesta de Forsa que citábamos antes nos muestra cómo dos tercios de los alemanes (67%) piensan que el riesgo de islamización de Alemania es exagerado o inexistente. Para la encuesta, el Instituto Forsa entrevistó el pasado 18 de diciembre a un total de 1.006 ciudadanos alemanes. En la calle se discute y los alemanes se manifiestan. El pasado lunes 12 más de 30.000 personas salieron a la calle bajo la pancarta de Pegida, mientras que más de 75.000 lo hicieron en contra: 30.000 en Leipzig, 20.000 en Múnich, 9.000 en Saarbrücken... La sociedad germana, polarizada como hacía mucho tiempo que no lo estaba.

Y es justamente ahí donde los intereses de los terroristas e islamistas radicales coinciden con quienes pretenden enfrentarse a ellos: las poblaciones occidentales indígenas se polarizan en respuesta a todo tipo de ataque terrorista (véase París) y las marchas contra los musulmanes pacíficos (sí, existen, y es natural que sean la mayoría). La esperanza de los terroristas es, además, que esos musulmanes hasta entonces pacíficos se organicen también a su vez como grupo. Se trata de dividir la sociedad; el objetivo de los terroristas son suburbios en llamas; el de los antiislamistas, más policía, más vigilancia, menos libertad. El objetivo es que la gente se desindividualice y pase a verse sólo como parte de un colectivo, los musulmanes de un lado y los no musulmanes del otro, para luego entrar en combate, un combate que sólo puede acabar de una forma: muerte y limitación de la libertad de cada uno de nosotros.

Y aquí encontramos un verdadero punto débil de las sociedades occidentales, una línea de fractura. Ésta no se encuentra entre creyentes y no creyentes o entre grupos de otro tipo, sino a lo largo de los límites entre lo individual y lo colectivo. Pegida representa en este sentido una amenaza: persigue la desindividualización de cada uno de los manifestantes en favor del colectivo, ya sea definido como "somos cristianos", como "somos occidentales" o cualquier otra cosa, y que se articula principalmente en un "estamos contra algo". Se argumenta contra la islamización, pero no por la libertad de cada uno, lo que permite escuchar en Dresde gritos –lamentables– de "Putin, ayúdanos" durante las marchas de Pegida.

Al final de todo camino colectivista nos encontramos con la falta de libertad. Eso fue así con el fascismo, lo es con el socialismo/comunismo y es así en las sociedades islamistas. Sin embargo, la pieza clave de las sociedades liberales occidentales es el individuo; sus derechos contra el colectivo son los que definen la libertad y el Estado de Derecho. El islam es en este caso una mera herramienta (parece que especialmente adecuada) de la que se sirven algunos para esclavizar a otros. Movimientos como Pegida son una herramienta similar, en tanto que no se trata de un movimiento para la libertad de cada uno (los musulmanes que viven en Alemania también) sino contra una posible islamización de un colectivo (Occidente).

La mejor forma de integración es la libertad individual. Y la educación en el escrupuloso respeto por la libertad del otro. Y el uso valiente de la ley para garantizar ese respeto y esas libertades. Pero para ello son necesarios políticos y legisladores valientes en la defensa de los derechos de cada uno de nosotros. Esos que brillan por su ausencia.

Luis I. Gómez, editor de Desde el Exilio.

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