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Alemania vota quiebra

El votante medio rechaza frontalmente el rescate de países miembros –Grecia e Irlanda, por el momento– tolerado por su Gobierno. Y es que el pueblo alemán está a favor de las quiebras soberanas en el seno de la Unión.

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La canciller Merkel acaba de sufrir una durísima derrota en las elecciones regionales de la ciudad-estado de Hamburgo. Su partido (CDU) ha fracasado estrepitosamente en la primera gran prueba de fuego con las urnas, ya que aún restan otras seis citas regionales en 2011 de cuyo resultado dependerá la consolidación de su liderazgo o bien la ratificación de su futura derrota electoral a nivel federal.

Se trata de un hecho relevante para determinar cómo se resolverá la crisis de deuda pública que sufre la zona euro y, por tanto, la nueva configuración de la Unión Monetaria, eje del debate político que se desarrolla en Bruselas desde hace meses. Lo importante aquí es que Merkel está siendo vapuleada por los electores pese a la buena evolución económica del país germano, con un crecimiento del 3,6% en 2010 y una tasa de paro del 7,4%, la más baja desde 1992.

¿Cómo es posible? El castigo de los alemanes no viene determinado tanto por la situación interna sino, más bien, por el desarrollo de los acontecimientos a nivel europeo. El votante medio rechaza frontalmente el rescate de países miembros –Grecia e Irlanda, por el momento– tolerado por su Gobierno. Y es que el pueblo alemán está a favor de las quiebras soberanas en el seno de la Unión. Lo cual es lógico, pues es plenamente consciente de que el coste de dichos rescates recaerá finalmente sobre su bolsillo. No obstante, una cosa es pagar la reunificación germana y otra muy distinta asumir la factura de los dispendios griegos, irlandeses, portugueses o españoles.

Merkel lo sabe, de ahí precisamente su plan de quiebra ordenada de países, pero también es consciente de que su implantación levantará ampollas entre sus colegas de la zona euro, muchos de los cuales (los países díscolos) abogan insistentemente por la creación de los ansiados eurobonos, no sólo para salvar la situación actual sino para garantizar igualmente la financiación de sus despilfarros futuros.

De ahí que, poco a poco y paso a paso, vaya cobrando fuerza la idea de combinar el denominado "Gobierno económico europeo" con el establecimiento del "mecanismo de estabilidad financiero permanente", cuyas líneas generales serán discutidas en una cumbre europea clave prevista para el próximo marzo. La aprobación de estos dos planes paralelos supondrá el mayor cambio político y económico de la Unión Europea desde la implantación del euro.

¿Y esto qué significa? Las claves del gobierno europeo están contenidas en el famoso Pacto de Competitividad ideado por Alemania y Francia. Un proyecto que contempla algunos aspectos positivos, tales como ligar la evolución de los salarios a la productividad, y no a la inflación como sucede en España, y otros muy negativos como, por ejemplo, aplicar una presión fiscal homogénea en todos los países miembros.

A ello se sumaría, por supuesto, el endurecimiento de las sanciones para los gobiernos que incumplan los límites máximos de déficit (3% del PIB) y deuda (60%) que marca el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, tal y como defiende el propio Banco Central Europeo. ¿Funcionará? El problema es que dicho Pacto nunca se llegó a aplicar en serio: en la UE se registraron 97 casos (país/año) de déficits por encima del 3% hasta 2010, y de éstos menos de un tercio (29) coincidieron con una gran recesión interna, con lo que no habría base alguna para justificar los 68 casos restantes.

Así pues, el primer punto se resumiría en más Estado europeo y menor soberanía nacional. El segundo, el plan de quiebras, consistiría en aplicar quitas a los tenedores de deuda pública mediante el intercambio de bonos. Es decir, en lugar de los préstamos actuales, el Fondo de rescate europeo proporcionaría una especie de bonos de reemplazo, garantizados por el conjunto de la zona euro, que el gobierno en cuestión podría ofrecer a aquellos acreedores cuya deuda venza, pero sólo bajo la condición de que acepten un descuento (haircut) de entre el 20% y el 50% sobre el valor nominal. Es muy posible que en marzo se despejen muchas dudas. Por el momento, los votantes alemanes ya han dado su opinión.

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