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"El dinero no nace de los árboles". Esta afirmación que, en principio, parece de perogrullo, cuenta sin embargo con importantes matices dentro del actual sistema de reserva fraccionaria propia de la banca. La bajada artificial y arbitraria de tipos de interés y la expansión monetaria consiguen, precisamente, ese milagroso efecto: crear dinero de la nada.
En la actualidad, Estados Unidos está experimentando un incremento, sin precedentes, de su oferta monetaria. La Reserva Federal (Fed), que preside Ben Bernanke, casi ha triplicado sus activos, es decir, los créditos concedidos al sistema bancario, en un intento desesperado por salvar de la quiebra a un importante número de entidades.
En concreto, dicho volumen de préstamos ha pasado de los 900.000 millones de dólares a superar ampliamente los 2 billones a lo largo de las últimas semanas. Y ello, tomando como colateral créditos y bonos hipotecarios de dudosa solvencia, pese a que en teoría gozan de la máxima calificación crediticia posible (triple A).
El aumento de las líneas de crédito a la banca comercial, la compra de deuda pública por parte de la banca central y el recorte de tipos a niveles ínfimos, trae como resultado la expansión de la oferta monetaria. Esto es, crece el dinero total en circulación que opera en el sistema. La clave del problema reside en que tal incremento responde, exclusivamente, a meras decisiones políticas, bajo la excusa de combatir la crisis. No obstante, la banca central permanece incólume como uno de los grandes paradigmas de planificación socialista vigentes en el actual sistema de mercado.
Llegados a este punto, y tal y como afirmaba Ludwig von Mises:
Si no se detiene a tiempo la política perniciosa de aumentar la cantidad de dinero y los medios fiduciarios, el sistema monetario de la nación sufre un colapso general. El poder de compra de la unidad monetaria baja a tal punto que resulta nulo para cualquier propósito. Esto sucedió frecuentemente: en los Estados Unidos en 1781 con la moneda continental, en Francia en 1796, y en Alemania en 1923.
La estrategia de expansión crediticia sin límite termina por generar una espiral hiperinflacionista de efectos devastadores sobre el conjunto de la economía. Durante la Revolución Francesa aconteció un suceso de similares características. La Asamblea Nacional recién constituida decidió crear dinero (los famosos asignados) empleando como base el valor de las tierras expropiadas a la Iglesia, en sustitución del respaldo que propiciaba el oro.
Los Greenspan y Bernanke de entonces consideraban que aumentando la liquidez Francia podría salir fácilmente de la profunda recesión económica que sufría la nación, debido, en gran medida, a la Revolución que acababa de acontecer. El Gobierno del Pueblo decidió de inmediato imprimir 400 millones de livres en forma de papel moneda a un interés del 3%. Cincos meses después las imprenta de la República inyectó en el sistema otros 800 millones nuevecitos, pero esta vez a un tipo del 0%.
Las máquinas no paraban de trabajar en la creación de dinero fiduciario ex novo (sin respaldo real en oro), hasta el punto de que en menos de seis años las autoridades emitieron un total 45.000 millones de livres extra. Gran parte de este volumen fue impreso en secreto para no asustar a los ciudadanos. Dicha política provocó que el sistema saltara por los aires en 1796, ya que el valor de la moneda francesa se derrumbó por completo, dando lugar a una hiperinflación galopante. Poco después llegó Napoleón, al igual que Hitler tras la hiperinflación alemana del período de entreguerras.
Las enseñanzas de este acontecimiento, recogidas en la obra Fiat Money Inflation in France, deberían ser tenidas muy en cuenta por los Bernanke y Trichet de hoy en día. Aunque, de momento, la actual crisis económica avance sin remedio hacia la deflación (caída generalizada de precios), también en España, de segur así, a la vuelta de la esquina, el panorama podría dar la vuelta y resulta aun más desolador. Llegado el caso, no olviden señalar a los culpables. Una vez más, las autoridades políticas y los organismos monetarios centrales.Manuel Llamas es miembro del Instituto Juan de Mariana y jefe de Economía de Libertad Digital.
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