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¿Y si Israel fuera Suiza?

El estimulante plan de Shahaf y Hess merece ser objeto de extraordinaria atención en Washington, en Jerusalén y en las principales cancillerías árabes.

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C.Jordá

Ojo al plan que han puesto sobre el tablero Emanuel Shahaf y Arieh Hess para la resolución del conflicto israelo-palestino. Shahaf y Hess son los copresidentes del Movimiento por la Federación, y lo que pretenden es una reorganización de Israel que tendría mucho de refundación: convertir el Estado judío en una suerte de Suiza del Mediterráneo. Una Suiza sin vacas ni prados alpinos pero sí con cantones y una Constitución federal… y sin territorios ocupados.

En efecto, la República Federal de Israel de Shahaf y Hess se anexionaría la Margen Occidental, que dejaría así de ser el territorio en disputa sobre el que los palestinos exigen erigir la mayor parte de su Estado. ¿Quiere esto decir que se cerraría definitivamente la puerta a la existencia estatal de Palestina? Aunque Shahaf y Hess presentan su plan como una alternativa a la solución de los dos Estados, lo cierto es que en él se contempla la constitución de un Estado palestino. Pero no en la Margen/Cisjordania/Judea y Samaria, sino en Gaza. Donde de hecho ya funciona un, digamos, Estado palestino desde la retirada unilateral de Israel (2005): Hamastán, que dicen las malas lenguas y los optimistas bien informados.

En cuanto a la población palestina de la Margen, pasaría a ser población israelí a todos los efectos. Es decir, disfrutaría (sic) de la ciudadanía israelí y estaría sujeta a la legislación israelí ordinaria, no a la de la autoridad militar competente y a la de la Autoridad Palestina de Abás, como en la actualidad.

En esa República Federal de Israel, los palestinos tendrían una gran capacidad de autogobierno, dado que la cantonalización del país les permitiría organizar a su gusto buena parte de sus vidas. Y es que en el proyecto de Shahaf y Hess el Gobierno federal se haría cargo de la seguridad, la política exterior y la economía, y el resto quedaría en manos de los cantones, treinta en total: veinte judíos y diez árabes (uno de ellos druso).

Es más: en este plan se contempla una especie de Palestinexit, la convocatoria de un referéndum en los cantones de mayoría árabe para que, pasado un corto periodo de tiempo (5-7 años), decidan si quieren permanecer en la RFI o prefieren sumarse al Estado –igualmente soberano– de Gaza.

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La República Federal de Israel de la que venimos hablando seguiría siendo el Estado judío, no cambiaría de himno ni de bandera; pero, a diferencia del Israel actual, tendría una Constitución escrita y una nacionalidad común a todos sus ciudadanos: la nacionalidad israelí –hoy en día la adscripción sigue criterios etnorreligiosos: así, oficialmente hay israelíes árabes e israelíes judíos–. También tendría un Senado, por lo que la reorganización territorial del país quedaría reflejada igualmente en su régimen parlamentario. Sería, el de ese Israel suizo, un Senado americano, al que cada cantón enviaría dos representantes con independencia de su peso demográfico.

En cuanto a la demografía, la RFI sería mayoritariamente judía, pero muchísimo menos que el Estado judío actual: si ahora Israel tiene, más o menos, un 80% de población judía y un 20% de población árabe, los porcentajes respectivos en su versión refundada serían de 60-65% vs. 40-35%. La Ley de Retorno seguiría vigente, lo que aseguraría la continuidad del flujo de judíos procedentes de la Diáspora. En cuanto a los refugiados palestinos, se procedería al reasentamiento de los residentes en la Margen en los propios cantones de mayoría árabe, que además podrían acoger a unos cuantos miles de los que residen en el extranjero, la inmensa mayoría de los cuales permanecerían –ya definitivamente– en los países en los que viven (si bien en mejores condiciones, fruto de un gran acuerdo de reasentamiento respaldado por la comunidad internacional… y a buen seguro maldecido por la UNRWA).

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Un (gran) Estado israelí con fronteras seguras y perfectamente defendibles y un Estado palestino internacionalmente reconocido (¿que podría replicar el modelo de Singapur, ayer misérrimo y hoy tan próspero?); palestinos con plenos derechos en el Estado israelí o en el palestino; autogobierno; implicación activa de la comunidad internacional en la resolución del conflicto: el de Shahaf y Hess y su Movimiento por la Federación semeja un plan audaz, integrador, incluyente, omnicomprensivo. Por lo que hace a la Administración Trump, parece dispuesta a explorar alternativas que permitan abandonar el actual impasse; y el mundo árabe se muestra abierto a Israel como nunca antes. En cuanto a Israel, francamente cuesta encontrar una solución realista que le sea más favorable.

¿O no? No lo sé. Sí, que el estimulante plan de Shahaf y Hess merece ser objeto de extraordinaria atención en Washington, en Jerusalén y en las principales cancillerías árabes.

© Revista El Medio

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