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Entre los anuncios y las esquelas mortuorias

En esto de que no haya nada que hacer y que por eso hay que buscarse un entretenimiento es maestro el presidente Rajoy.

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EFE

El genial Billy Wilder, en Primera plana, la película que dedicó a describir y criticar el periodismo sensacionalista, puso en boca de Walter Burns –el director del Chicago Examiner, interpretado por Walter Matthau– la siguiente respuesta a alguien que preguntaba por teléfono desde la redacción: "¿El discurso de Hoover? Ponlo entre los anuncios y las esquelas mortuorias". A ese nivel rebajaba Burns el interés que pudiera tener una de aquellas peroratas propagandísticas a las que acostumbraba el director del FBI. Y a ese mismo nivel debiéramos nosotros degradar buena parte de las prédicas a las que nos tienen acostumbrados nuestros políticos.

Veamos un día cualquiera. Abre uno la prensa y se encuentra con la última ocurrencia de la ministra de Sanidad para ampliar el copago farmacéutico entre los jubilados, aunque sólo en el caso de los que cuentan con unos ingresos superiores a los 18.000 euros anuales. Como hay registro sonoro, se puede comprobar que Dolors Montserrat lo dijo en catalán, aunque al día siguiente desmintió que tuviera tales intenciones, matizando, eso sí, que ya que alguien –o sea, ella misma– lo había sugerido, lo estudiaría con mucho interés. A la señora Monserrat, en su primera intervención, se le llenó la boca con argumentos redistributivos y apelaciones a la justicia, demostrando que no sabe que los copagos son un invento para regular la demanda y no un instrumento de equidad. Es más, sus creencias sobre esto último van contra toda la evidencia, pues sabemos que la capacidad redistributiva de los impuestos –incluso los progresivos– es muy pequeña, mientras que ocurre lo contrario con los programas de gasto, entre ellos el sanitario y el farmacéutico.

En fin, que una ministra, aunque sea de Sanidad, demuestre su ignorancia no parece que tenga mucho interés; tanto como para figurar en portada. Pero el periodismo es así: cuando no hay nada para rellenar, se pone cualquier cosa. A esta categoría pertenece también la matraca de Cristina Cifuentes sobre las primarias en su partido. No es que este asunto de la elección de los líderes carezca de atractivo; pero lo que no lo tiene es, sin duda, el argumento que utiliza la presidenta de Madrid para sostener su postura: como en los congresos del partido hay que hablar de algo, ha venido a decir, pues hablemos de las primarias. Gran argumentación: ¿y por qué no hablamos de los elefantes o las costumbres sexuales en la Polinesia?

En esto de que no haya nada que hacer y que por eso hay que buscarse un entretenimiento es maestro el presidente Rajoy. La prensa del mismo día también nos cuenta que ha reunido a la dirección de los suyos y les ha dicho que quiere tener los presupuestos dentro de tres meses. Así, con dos cojones. Al fin y al cabo tres meses no son nada, como ya se demostró en 2012, cuando asumió por primera vez la jefatura del Gobierno y esperó a que se celebraran las elecciones andaluzas antes de ponerse a los números. O sea, una demostración más de la pachorra conservadora que ha impregnado su política. Ahora que ha aprobado la reválida y tiene al PSOE contra la pared, ¿para qué darse prisa si al fin y al cabo, como dijo Gerald Brenan hace muchos años, las cosas van a seguir en el mismo estado?

Y suma y sigue, porque en la oposición no están cortos de desinterés. Lo demuestra Ciudadanos, que, para que no se le note su irrelevancia, quiere regular la banca ahora que le hemos transferido las competencias supervisoras al Banco Central Europeo y lo que cuentan son las normativas que llegan desde Frankfurt. Claro que para este partido es al parecer más importante ir de cena a La Moncloa que sentarse en el Gobierno. Pero no olvidemos que de lo que se trata es de rellenar páginas en los periódicos; y para eso los del PSOE y los de Podemos son maestros. Los unos se han buscado el Yak-42 para inflar un globo que tiene de todo –víctimas insatisfechas, el morbo de un exministro perejilado, un desorden mayúsculo en las tareas forenses y la apariencia de injusticia–; lo dicho: de todo menos de actualidad. Y los otros siguen con su narcisismo adjetivado, mostrando sus vergüenzas sinnúmero, ahora en Baleares y mañana quién sabe dónde.

A mí me parece que a todos estos asuntos debiera aplicárseles el procedimiento expositivo de Walter Burns. ¡Lástima que, con la crisis publicitaria, las secciones de anuncios sean tan estrechas y las de esquelas mortuorias, en la prensa digital, inexistentes!

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