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Una verdad inconveniente

Al Gore y el carrito del helado

Lo importante no es la honestidad, sino alcanzar el fin deseado a cualquier precio. Y si hay que mentir se miente. En última instancia es por una buena causa, como hacer millonario a Al Gore y su camarilla de histéricos farsantes.

Pablo Molina


Columna publicada el 25-04-2008

Salvo que las actuales investigaciones detecten algún otro dato cierto en la oscarizada obra de ficción de Al Gore (que algunos clasifican como "documental"), parece que la única "verdad" que aparece a lo largo de todo el metraje es su nombre en los títulos de crédito.

Los técnicos de la cadena norteamericana ABC, sorprendidos por la secuencia de las placas de hielo ártico derrumbándose vistas desde un helicóptero, de gran fuerza dramática, han indagado en el asunto hasta descubrir que se trata de un montaje realizado por ordenador. Casualmente el mismo que aparece al comienzo de la película El día de mañana, cuya responsable de efectos especiales confirma que, en efecto, lo que hizo Al Gore fue utilizar esas imágenes para incluirlas en su película, pero eso sí, sin advertir a la audiencia del fraude. O sea, una cosa de mucho progreso.

No es probable que los miles de calentólogos diplomados por la Al Gore University for the Acohone of the Humankind denuncien al profeta por mentiroso, pues, como en todas las campañas patrocinadas por la izquierda, lo importante no es la honestidad, sino alcanzar el fin deseado a cualquier precio. Y si hay que mentir se miente. En última instancia es por una buena causa, como hacer millonario a Al Gore y su camarilla de histéricos farsantes.

Si los promotores de la histeria climática estuvieran convencidos de que la Tierra se está calentando a un ritmo vertiginoso que pone en riesgo nuestro futuro, no recurrirían a este tipo de manipulaciones groseras. Analizarían los datos, los contrastarían con la realidad, extraerían conclusiones válidas y las expondrían con honradez para tratar de solucionar ese problema. Por el contrario, los calentólogos camuflan sus deseos como hechos científicos, a pesar de que los verdaderos expertos en el clima no estén seguros de que tengamos el Apocalipsis térmico a la vuelta de la esquina.

La secuencia a que nos referimos es la vista desde un helicóptero del derrumbe de una placa de hielo ártico. La voz en off de Al Gore actúa como el complemento necesario para hacer pasar el montaje como una imagen real. Sumen a eso la manipulación de los gráficos de temperatura y CO2 que Gore muestra en la película y las ocho restantes mentiras (como mínimo) reconocidas por el juez inglés que prohibió su exhibición en los colegios públicos británicos salvo que se hiciera constar esa circunstancia, y verán que hay elementos suficientes para sospechar que esto del cambio climático no es más que un invento para forrarse el riñón a costa de la credulidad del prójimo.

Por eso los suecos le dieron el Nobel y nosotros el Príncipe de Asturias. Dada la trayectoria de ambos galardones, jamás se hubiera podido encontrar a alguien más apropiado para recibirlos.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.


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