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El PP de Murcia o las ventajas de no tener oposición

La posibilidad de un tripartito con C's-PSOE-Podemos es tan remota que no resulta extraño que los populares aparezcan resplandecientes en los medios.

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Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia, con Mariano Rajoy | EFE

Aunque el ruido mediático nacional haya adquirido proporciones importantes y los partidos en Madrid hagan diariamente continuas referencias al lío organizado en la política murciana, lo cierto es que la situación dista mucho de ser el caos institucional que anuncia todas las sobremesas García Ferreras en La Secsta. Y es que en el sureste se da la circunstancia, bastante habitual por otra parte en estos pagos, de que el Partido Popular carece de oposición.

Es decir, hay partidos políticos que se presentan a las elecciones frente al PP y obtienen cierta representación parlamentaria, pero únicamente para ocupar sus escaños y pasar una legislatura lo más cómoda posible a la espera de la siguiente cita electoral. Con no perder demasiados votos respecto al último encuentro (o encontronazo) con las urnas, el expediente está cumplido.

Ciertamente, las últimas elecciones autonómicas han introducido dos nuevos elementos en la política regional –Podemos y Ciudadanos, con seis y cuatro diputados, respectivamente–, pero a efectos prácticos la situación sigue siendo igual de cómoda para el PP que cuando solo tenía enfrente al PSRM-PSOE, la franquicia más triste del socialismo español, solo superada en patetismo por el PSC.

Buena prueba de la debilidad de los partidos de la oposición es el caso de Ciudadanos. La dirección nacional desarboló el equipo dirigente, tras el error de pagar facturas electorales con fondos públicos, para reponerla pocas semanas después, pero, eso sí, con una nueva estructura cuyo funcionamiento no entienden ni ellos mismos. De hecho, en toda esta crisis sólo se escucha la voz de un representante de Ciudadanos en Murcia, Miguel Sánchez, el portavoz parlamentario. Sin embargo, el partido cuenta con un coordinador y una delegada territorial, altos cargos que en el momento de mayor protagonismo de estas siglas no han dicho ni una palabra… o no les han permitido decirla, que también podría ser.

En todo caso, el partido naranja fue el que abrió la caja de los truenos con su exigencia –tal vez precipitada– de dimisión al presidente de la comunidad, investigado por un asunto que data de su etapa como alcalde de Puerto Lumbreras. El PSOE vio la ocasión de volver al Gobierno regional 22 años después –el síndrome de abstinencia era ya de proporciones psicóticas– y rápidamente se organizó el follón. Sin embargo, la posibilidad de un Gobierno tripartito con C's y Podemos es tan remota que no resulta extraño que los populares aparezcan en los medios con esas sonrisas resplandecientes y un lenguaje gestual de absoluta tranquilidad.

Al final todo dependerá de si la Justicia envía al presidente murciano al banquillo de los acusados o lo exime de toda responsabilidad. De hecho, podría darse la circunstancia de que el Parlamento autonómico debatiera la moción de censura presentada por el PSOE con la situación judicial del censurado ya resuelta, en un sentido o en otro. El esperpento, entonces, sería espectacular. Es decir, a la altura de la oposición del PP en Murcia, si es que así se le puede llamar.

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