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Columna publicada el 09-07-2004
El candidato demócrata a la presidencia de los EEUU ya ha decidido quién le acompañará en su carrera electoral: El también senador, y antiguo adversario en las primarias demócratas, John Edwards, que además de sus innegables méritos personales y políticos procede de un Estado del sur. Esto último, según los auspicios de las encuestas de opinión, favorecería las expectativas de los demócratas, precisamente en la zona donde suelen cosechar los peores resultados. La elección, pues, no puede ser más afortunada; mucho nos tememos que la pareja Bush-Cheney va a tener en el nuevo fichaje de Kerry un rival temible.
Si hay alguien con la solvencia intelectual necesaria para afrontar un reto de la magnitud de las próximas elecciones norteamericanas, ese es sin duda John Edwards. Así se deduce, por ejemplo, de su profundo conocimiento de la política internacional...
«Una tarde mientras hacía campaña para senador en Carolina del Norte, Edwards tuvo que elegir entre varios eventos para los que se le requería. Un consejero le sugirió que debería ir a la recepción organizada por Lía Rabin. ¿Quién es ésa? preguntó Edwards. La viuda de Isaac Rabin, replicó el ayudante. ¿Y quién es ése?, respondió Edwards.»
O de su acreditado dominio de las cuestiones económicas, fruto sin duda de un esfuerzo de aprendizaje realizado durante bastante más de un par de tardes...
«En un reciente discurso Edwards afirmó que los republicanos dejaban fuera a millones de familias trabajadoras, porque el presidente Bush se ha ocupado prioritariamente de recortar los impuestos a los que viven de sus empresas y de las rentas, en lugar de rebajar los impuestos a la gente que conduce sus coches y corta su césped. Con este plan republicano, si eres un rico inversor pagarás menos impuestos que la persona que se ocupa de tu teléfono.» En cambio, la realidad es que con el programa republicano de recorte de impuestos, el tramo de renta más alto paga un 33%, mientras que las rentas más bajas se quedan en el 10%. «En contra de lo que Edwards propone, el recorte de impuestos de Bush incluye a todos los contribuyentes, que es precisamente lo que Edwards parece objetar.»
Por no hablar de las graves cuestiones que afectan al comercio mundial, donde el Senador Edwards se desenvuelve como pez en el agua. Sus comentarios en esta materia se convierten a veces en auténticas clases de economía internacional.
«En febrero, cuando fue preguntado sobre su posición respecto a la disputa entre los EEUU y la Unión Europea en el seno de la Organización Mundial del Comercio, o más directamente sobre su política económica respecto a las dos Coreas, Edwards respondió que su gobierno haría “algo diferente a lo que está haciendo la actual administración”.»
La coherencia de sus decisiones en las cuestiones más graves que afectan a los EEUU, es otro de los hitos que perfilan su carácter de hombre de Estado.
«Como Kerry, Edwards votó a favor de la guerra de Irak, aunque, también como Kerry, votó en contra de autorizar los fondos necesarios para ello, con el argumento de que no quería dar a Bush un cheque en blanco para cosas como el ejército y el mantenimiento de las armas.»
Y todo ello por no mencionar sus años juveniles sacrificados en el servicio a la patria, algo que mereció una evocación de su entonces adversario John Kerry cuando ambos peleaban por el primer puesto en las primarias de su partido...
«Cuando yo volvía de la guerra de Vietnam, en 1969, no sé si John Edwards había abandonado ya los pañales». En efecto ya no los necesitaba, pero en cuanto a la raíz del asunto, lo cierto es que Edwards no estuvo en el ejército. Ni siquiera en la Guardia Nacional, algo que la esposa Kerry, Teresa Heinz, consideraba hasta hace poco como un delito de leso patriotismo.
Para colmo de males, todo el mundo sabe que «los últimos tres presidentes del partido demócrata que han salido del sur —Lyndon Johnson, Jimmy Carter y Bill Clinton— fueron un desastre. Además, el autor David Broder parece pensar que el modelo de gobierno de Edwards, es de lo más parecido al de Carter, probablemente el peor presidente de los tres.»

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