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Licenciado en igualitarismo

En unos años, votar a un partido no socialista será considerado no ya de mal gusto, como hasta ahora, sino directamente sospechoso cuando no abiertamente delictivo.

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Cualquier proyecto de ingeniería social exige, en sus últimas etapas, la formación integral de profesionales dedicados a imponerlo a los demás con la autoridad intelectual que otorga un título universitario. El cambio radical de una sociedad no puede llevarlo a cabo en solitario una casta política determinada. Necesita la colaboración de un ejército de especialistas para hacer que las ideas de una agenda política sean compartidas por la mayoría de los ciudadanos a quienes van dirigidas. En lugar de la conquista violenta del poder, como antaño, la izquierda prefiere la invasión pacífica de las mentes. Las víctimas se multiplican, pero al menos no muere nadie, cosa que nunca podremos agradecer lo suficiente al socialismo conociendo su trayectoria.

Lo que sorprende del anuncio de estos nuevos estudios de grado es que se haya decidido crear una titulación específica para algo que ya se estudia de forma transversal en cualquier universidad pública española. Sólo hay que darse una vuelta por los pasillos de las facultades de ciencias sociales, tras esquivar las tiendas de campaña de los resistentes al plan Bolonia, para confirmar que las ideas que transmite el profesorado y defienden los alumnos son exactamente las que viene propagando el socialismo desde que se inventó.

La razón de crear este nuevo título universitario es, por tanto, sólo una cuestión de utilidad. Ante los futuros "licenciados en igualdad", la socialdemocracia defendida por todos los partidos ofrecerá un horizonte de grandes posibilidades. Porque nadie pensará a estas alturas que los futuros diplomados en igualitarismo van a competir libremente en el mercado laboral. No. Se trata de que, llegado el caso, el Gobierno implante la obligatoriedad de que exista uno de estos igualitaristas titulados en cada empresa, en cada colegio, en cada departamento oficial, y así hasta donde se quiera llegar. Será un ejército de comisarios políticos, impuesto por decreto a toda la sociedad, encargado de vigilar la estricta observancia de la ideología de género promovida por los socialistas. En unos años, votar a un partido no socialista será considerado no ya de mal gusto, como hasta ahora, sino directamente sospechoso cuando no abiertamente delictivo. Si la derecha continúa sin enfrentarse con coraje a este proyecto involucionista y totalitario y sigue hablando sólo de economía, merecerá todo lo que le pase en el futuro. Incluso sus votantes tendremos nuestra parte de culpa.

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