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¿Tiene el Estado Islámico armas de destrucción masiva?

Los expertos estiman que –hasta el pasado mes de noviembre– el EI ha perpetrado 52 ataques químicos, tanto en Siria como en Irak.

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Imagen TV

Los ataques con armas químicas se han sucedido en los últimos años en la guerra de Siria, pero también en tierras iraquíes, donde los distintos bandos en conflicto se vienen combatiendo con saña. La oposición siria ha denunciado en diversas ocasiones la utilización de gas nervioso por parte de las tropas del dictador Bashar al Asad, que solo en agosto de 2013 asesinó a 1.300 personas con gas sarín. A su vez, el Gobierno sirio ha atribuido la responsabilidad de esos ataques a los propios grupos rebeldes, atomizados e infiltrados por organizaciones yihadistas. La ONU, por su parte, ha comprobado que ambas acusaciones son parcialmente ciertas y que todos los bandos han hecho uso de ese tipo de armamento.

Cuando se iniciaron los trabajos para desmantelar el arsenal químico del régimen baazista, las existencias de sustancias prohibidas se calcularon en más de 100 toneladas, parte de las cuales podrían haber ido a parar a grupos aliados a o permanecer al alcance de las tropas de Asad para su posterior utilización. Además, la presencia del Estado Islámico (EI) en regiones concretas de Siria e Irak introduciría un elemento de extraordinaria gravedad en este asunto, por el riesgo que acarrearía el acceso de los terroristas a un armamento tan peligroso. En el bando opuesto está –entre otros grupos patrocinados por Irán– Hezbolá, la organización terrorista chií libanesa, que podría también lanzar un ataque devastador utilizando este tipo de sustancias prohibidas.

Así las cosas, el Begin-Sadat Center for Strategic Studies ha elaborado un estudio en el que analiza esta amenaza para la seguridad de Oriente Medio y de Occidente, con especial atención al riesgo de que grupos yihadistas como el EI accedan a este armamento y lo usen en una situación desesperada.

Es posible que el EI intente un acto de ‘megasabotaje’, es decir, una operación de alto impacto que implique el uso de armamento químico o de otras armas de destrucción masiva. La organización está muy inclinada a llevar a cabo tales operaciones, en Oriente Medio o en Europa y EEUU. Su debilidad sugiere que es poco probable que realice un ataque así, pero su motivación para intentarlo está indudablemente creciendo.

La organización terrorista liderada por el sedicente califa Bagdadi mantiene, según los expertos, cierta capacidad, escasa pero efectiva, de acceder a este tipo de armamento desde que logró reconvertir una industria farmacéutica cercana a Mosul –bastión iraquí del EI– en un laboratorio de producción de gas mostaza. El programa de armamento químico del grupo terrorista ha recibido, sin embargo, diversos golpes en este mismo año:

En febrero de 2016, fuerzas especiales estadounidenses capturaron al supuesto director del programa de armas químicas del Estado islámico, un iraquí llamado Sleiman Daud al Afari, en Badush, al noroeste de Mosul. El pasado mes de septiembre, EEUU bombardeó las instalaciones de producción de sustancias químicas. Todo ello ha atenuado el programa químico del Estado Islámico, pero no lo ha paralizado. La organización ha tratado también de conseguir armas radiológicas y biológicas, sin un resultado claro por el momento.

Los expertos en inteligencia estiman que –hasta el pasado mes de noviembre– el EI ha perpetrado 52 ataques químicos, tanto en Siria como en Irak, algunos de ellos contra objetivos militares estadounidenses.

Pero, como ha quedado dicho, la amenaza de ataques masivos del EI no se circunscribe a Oriente Medio:

Más allá de Oriente Medio, EEUU y Europa son objetivos principales del EI. En febrero de 2016, el director del servicio de Inteligencia Nacional estadounidense advirtió de que el EI "podría usar armas químicas" en un ataque contra América. Además, el coordinador de antiterrorismo holandés anunció que el EI tiene entre 60 y 80 operativos instalados en Europa dispuestos a llevar a cabo ataques terroristas.

Israel es, obviamente, otro de los objetivos de los terroristas, mucho más sensible a esta amenaza por su proximidad a las zonas donde están operando estos grupos directamente. El Gobierno israelí ya ha anunciado que actuará con todas las consecuencias para impedir la transferencia de destrucción masiva de Siria a Hezbolá. Las últimas acciones de la Fuerza Aérea israelí en territorio sirio tuvieron como objetivo precisamente impedir un traslado de estas características. A medida que crezca la amenaza, es previsible que se intensifiquen los ataques preventivos, cruciales para la seguridad del Estado judío.

© Revista El Medio

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