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Hacer un Puigdemont

Puigdemont es un personaje tóxico, un 'fake' andante, una estafa, el Schettino catalán.

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Carles Puigdemont | EFE

Francesco Schettino es el capitán que embarrancó el Costa Concordia y fue el primero en abandonar el barco, un hotel flotante de 114.500 toneladas. En aquel naufragio (13 de enero de 2012) frente a la isla toscana de Giglio perecieron 32 personas. Schettino quería mostrar sus habilidades al timón ante una bella señorita con la que acababa de cenar. A la que el impresionante crucero empezó a hacer aguas, Schettino se dio el dos a tierra firme en franca rebeldía contra la leyes del mar que rigen hasta para los piratas somalíes, todo eso de las mujeres y los niños primero y que el capitán es el último en abandonar el barco.

El pasado mayo fue condenado a 16 años de cárcel. Sin embargo, permanece en libertad mientras recurre la sentencia porque según los jueces italianos no hay riesgo de fuga. Cada país es cada país y si los magistrados de la república de la Bota consideran que haberse largado del barco no es un indicio más que suficiente de que se pueda fugar, ellos sabrán. Además, Schettino nunca se ha saltado una orden judicial y ha comparecido ante Sus Señorías todas y cada una de las veces que ha sido requerido. Simpático irresponsable que ha pasado a la historia de la infamia como el capitán cretino.

Carles Puigdemont protagoniza estos días un conjunto de episodios que sobrepasan incluso la peripecia del excapitán italiano, de modo que a lo de ser el primero en evaporarse en una situación comprometida se le llama hacer un Puigdemont. Ridículo colosal. A pesar de ello, cientos de miles de personas en Cataluña le consideran su presidente y esperan que lo que es una fuga no sea sino otra genial maniobra de despiste, una operación de alto calado en Bruselas para sacar de su error a las autoridades europeas, puro y duro activismo.

Va a ser que no, aunque está dispuesto a poner a prueba las reglas de la Unión y causar un estrago cósmico a mayor gloria de Putin y Osetia del Sur. Quiere una fotografía esposado o refugiado en una embajada, como Assange, el agitador de la revuelta separatista en las redes sociales. Pasa que Puigdemont es un personaje tóxico, un fake andante, una estafa, el Schettino catalán.

Buena parte de la prensa extranjera ha pasado de contar los heridos del 1-O a denunciar la farsa de los heridos. En esos mismos medios se llama ahora a los nacionalistas "gilipollas", "egoístas", "cobardes" y "payasos". El viceprimer ministro belga Kris Peeters dio en la diana al afirmar: "Cuando llamas a la independencia y la declaras, lo mejor es permanecer junto a tu pueblo". También Politico al titular "Puigdemont's Catalan circus comes to Brussels" una pieza de color sobre las andanzas del exiliado en lo que antes se llamaba "la capital comunitaria".

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