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TV3 causa lesiones cerebrales

Más que al diálogo y a la moderación, alguien debería llamar a la cordura.

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Imagen TV3

No se trata de una broma. La emisión en bucle de las cargas policiales del 1-O causa estragos entre los telespectadores. Según una nota de la edición catalana de El País, el servicio de atención psicológica y jurídica que puso en marcha Ada Colau el pasado día 3 ha atendido a ochenta personas, veinte de manera presencial. El resto recibió ayuda telefónica. Variada sintomatología, desde el insomnio a las pesadillas, ansiedad, trastornos conductuales y secuelas de estrés postraumático por simpatía. La psicóloga al frente del operativo paliativo afirma que hay personas "que se han expuesto mucho a las imágenes de las cargas y reconectan mucho con esas vivencias". La recomendación es que dejen de verlas, lo cual es imposible si ven TV3.

Así es que la impactante cifra de ochenta ciudadanos, 80, han necesitado de una forma u otra atención psicológica bastantes días después de las cargas. Como nadie que las sufrió en primera persona ha llamado al Ayuntamiento de Barcelona, el Ayuntamiento de Barcelona, con una tropa de psicólogos y abogados que analizan al detalle cada caso, ha ido a los colegios para atender a la "comunidad educativa", con lo que el efecto de retroalimentación aporta nuevas dosis de indignación.

El pasado día 6 se publicaba un artículo en un diario digital nacionalista en el que se decía lo siguiente:

Pero de todos los heridos que ha dejado la armada Piolín hay un testimonio que me estremeció especialmente. Se llama Marta Torrecillas y denunció que unos agentes de la Policía Nacional, mientras la desalojaban, aprovecharon que se le había subido la camiseta para tocarle los pechos. "Me han tocado las tetas y reían". Y reían. La frase me viene a la cabeza una y otra vez. Soy incapaz de olvidar una escena que ni tan sólo he visto. Porque me aterra. Porque era ella y éramos todas.

La columnista, cuyo nombre y medio no vienen al caso, está en estado de choque desde que vio gritar a dicha Marta que no sólo le habían roto los dedos uno a uno sino que también había sido agredida sexualmente. No ha visto la escena, admite la estupefacta autora del dramático texto, pero es incapaz de olvidarla. Con eso está dicho casi todo.

Así es que a los más de ochocientos heridos habrá que sumar aquellas decenas, tal vez cientos o incluso miles de almas sensibles atacadas por la policía en el mismo salón de su casa con sólo poner TV3. He aquí un paradójico efecto de la manipulación de masas, cual es que llega un punto en el que de la indignación se pasa al miedo y del miedo a daños neuronales, que pueden ser más perjudiciales que un porrazo en los michelines. Los medios públicos del régimen de la estaca han multiplicado hasta tal punto la leña que tienen a una parte de la población sumida en el pánico, desmoralizada, afectada por graves trastornos del sueño y en la creencia de que cientos de miles de violentos y rabiosos nostálgicos del franquismo se pasearon el Ocho de Octubre de 2017 por Barcelona dando de ostias a los que oían hablar catalán.

Resulta de todo punto contraproducente atemorizar así a la población, salvo que se pretenda pasar de un estado insurreccional a uno de pánico mediático por el procedimiento de seguir manipulando a la gente. Por cierto, en ninguna de las tan profusamente cargas documentadas, ni siquiera en las que son de años anteriores o de otros países, aparecen los señores Sànchez y Cuixart, cabecillas de la ANC y Òmnium. Tampoco salen en las fotos las portavoces de la CUP. La anticapitalista y antitodo Mireia Boya, por ejemplo, organizó la votación en el hotel rural de su propiedad y todo fue chachi, súper democrático y tope legal. Se ve que hasta degustaron productos típicos de la zona. Lo contaba hace tres días el diario de referencia del mambo, La Vanguardia del todavía conde de Godó, socio protector de Òmnium Cultural. En una intrépida acción cuajada de inteligencia, valor y proporcionalidad, los Mossos cerraron el colegio electoral de los municipios araneses de Les, Bossot y Canejan, desbaratando dialécticamente toda resistencia. Dado el caso, Boya pasó al plan B, un fin de semana de puertas abiertas en su negocio familiar con el emocionante colofón de una fiesta privada de la democracia. El alcalde socialista de Les colaboró en el evento y todo fue como la seda.

Más que al diálogo y a la moderación, alguien debería llamar a la cordura. Hay personas que están sufriendo de verdad, que ven peligrar los afectos y los ahorros de toda una vida, que no entienden cómo familias que nadan en la abundancia se sienten "oprimidas" y gritan "fills de puta" a la cara a los policías para gozarse reprimidos. Y gente que no entiende que el dueño de la farmacéutica Grifols, el que le dijo a Mas que ni un paso atrás, diga ahora que si hay declaración unilateral de independencia deslocaliza la empresa. Se necesitan psiquiatras. Es obvio. Pero que sean imparciales.

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