Crisis y Andalucía

500.000 empleos nuevos, prometido

Pocas veces se siente uno tan indignado en calidad de andaluz. Es más, airado, cabreado, encendido y con ganas de pegarle al muñeco. ¿Que quién es el muñeco? El consejero de Empleo de la Junta de Andalucía, Antonio Fernández. Este antiguo botones de González Byass venido a más por méritos propios, incluso a ser señorito progre ahora mientras esquiroleaba huelgas durante la transición, ha tenido la ocurrencia de decir que en Andalucía soportamos mejor la crisis económica que en el resto de España porque su jefe Chaves ha hecho un plan de vivienda que supone –no se tiren de la moto–, la creación de medio millón de empleos. Ea. Toma ya. Y luego se fue a tomar una de fino con gambitas.

Una vez lleno de los vapores del caldito que admirara Falstaff, tal vez con la resaca, se descuelga poniendo números en la pizarra andaluza. Pese a las apariencias, que son engañosas como ya denunciara Parménides, Andalucía, dijo con la boca llena de dientes, va a crear en esta legislatura 500.000 empleos nuevos. Es decir, en su etílica, suponemos, profecía, en este Sur de María Santísima se va a pasar de los 3.224.000 ocupados a los 3.800.000 ocupados. Esa premonición le atacó el pasado jueves sin previo aviso. Unos días antes, las cifras de demandantes de empleo en Andalucía eran trágicas. La mitad de todos los nuevos parados españoles son andaluces. 18.800 de 36.800, un 51 por ciento para ser más exactos.

¿De qué se trata aquí? ¿Qué hace un Consejero de Empleo así en una tierra humillada y castigada como Andalucía? Sencillamente, mentir para escapar de la realidad. La crisis, hablar de ella siquiera, está prohibido. Pues vamos a contar mentiras. Por el mar corre la liebre y de aquí a unos añitos Andalucía tendrá el pleno empleo. Y a sumar puntos, que le quitamos al jefe del régimen el trabajo de dar la cara. No quiere, no, Chaves ni en pintura ir al Parlamento a explicar las medidas que va a tomar para afrontar estas "circunstancias desfavorables" que se viven en Andalucía.

El sordo cabreo interior nos proviene de dos fuentes. La primera, que es lamentable que políticos que tienen sobre sí la responsabilidad de gobernar Andalucía y España sean tan miserables como para urdir una demagogia tan rastrera y repugnante en un momento en el que la gente, la de a pie, lo pasa realmente mal. La segunda, que es inexplicable y lamentable que los ciudadanos andaluces se lo traguen todo sin agua ni ayuda.

Llega este señor consejero y les dice a los andaluces que lo que pasa es que no pasa ná de ná. Y que aun cuando pase, aquí somos los mejores de la crisis nacional y no la sentimos siquiera. Se lo dice a los cuatro vientos a todos las alcachofas y plumillas de la tierra y nadie le recuerda que esta tierra del Sur es la penúltima o la última en casi todos los indicadores de bienestar. Nadie le recuerda que los tipos de interés, ya en el 4,25 por ciento –en la realidad por encima del 5-6 por ciento–, castigan ferozmente a una sociedad como la andaluza, que tiene más hipotecas que ninguna y que cuenta con los menores salarios, pensiones, seguros de desempleo y renta familiar disponible que la media nacional.

Nadie levanta la voz y le dice a este muñeco socialista que hay 570.000 parados en Andalucía, la cuarta parte del total de parados nacional y que, dada la pésima calidad de la educación y la pésima formación profesional de nuestros asalariados, tendrán pocas probabilidades de encontrar un puesto de trabajo en los próximos meses.

"¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?", preguntaba un viejo poeta exiliado. Eso. ¿Qué escriben los intelectuales y poetas andaluces de ahora? ¿Hasta cuándo y hasta cuánto son capaces de tragar sin rechistar bajo el ordeno y mando de un régimen corrompido que niega la realidad, miente sobre ella y arrincona a la verdad sin que haya alguien –a ver, profesores de Economía de las universidades andaluzas–, que le salte a la yugular y exija la información veraz que ordena la Constitución en su artículo 20, que no sólo afecta a los periodistas sino, sobre todo, a los poderes públicos?

Uno, que es andaluz y se siente andaluz, forma propia de ser español –no al estilo banal de Sergio Ramos que se envolvió en la blanquiverde justo el día en que no había que hacerlo porque era el día grande de España (¿qué habríamos dicho si Cesc Fábregas o Xavi Alonso se hubieran envuelto en la señera o en la ikurriña?)–, ya no sabe qué hacer ante la agonía de la dignidad ética e intelectual en la sociedad andaluza. Como diría Borges, sólo puedo hacer una cosa: "Despertarme". Y cuando desperté, el consejero todavía estaba allí.

 

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