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Chivatazo

Ante el enemigo, despertad

El enemigo llegaba desde lejos, llamaba a la puerta y, a pesar de las súplicas, no perdonaba. Venía a matar. Sólo una cosa podía hacerse frente a aquel destino: despertarse. Borges lo profetizó. Hay enemigos ante los que nada cabe sino la recuperación de la consciencia. Lo hemos visto estos días de asco y vergüenza de la política cuando nos hemos cerciorado, si es que la certeza no era absoluta aún, de las manos en las que España está. El Estado de Derecho y sus valores derivados no existen para estos enemigos de la democracia que o bien matan terroristas desde el Estado o bien colaboran con ellos desde las instituciones. ¿Hay diferencia? Sólo aparente. Se trataba y se trata de la supervivencia del partido, aunque sea a costa de la desintegración moral del Estado y de la democracia. En un caso, matando, y en el otro, chivatando.

El espectáculo del asco tenía otros actores. Independientemente de la consideración que nos merezcan los autos del juez Ruz, es evidente que quien manda en la Policía española ordenó cometer un delito de colaboración con banda armada. Delito hay, pleno de la Audiencia dixit. Nadie puede negar ya que alguien ordenó a alguien que les dijera a los terroristas de ETA y a sus socios del PNV que salieran pitando porque había una redada tendida y que iban a ser detenidos. Esto es un hecho reconocido por los jueces reunidos en aquel desgraciado pleno. Pero, para vergüenza común, reconocieron un hecho de una extrema gravedad y fuéronse, y no hubo nada. Bueno, sí, que no había indicios para unos. ¿Y quiénes son los otros? Ante un hecho de tamaña envergadura, el poder judicial en España, ¿es todo lo que puede hacer? ¿Dar el cante de algunos defensores de tesis -no hay delito-, de tesis que desaparecieron como por arte de magia en dicho pleno, al parecer envolvente universal de la infamia?

Y luego está la propia policía, con minúscula, como le corresponde. Desde 2006 hasta aquí, ¿nada ha podido hacerse? ¿Otro 2011, con destrucción de pruebas, que no las hubo ni las habrá? La obediencia debida no exime. Desde la prudencia por conservar los traseros, pueden hacerse muchas comprobaciones, muchas pesquisas, muchas averiguaciones. No. Lo que tenemos es una parte de la policía diciendo que no han sido ellos, sino otro personaje. Por si fuera poco, en un cambalache peor que el tango de Santos, los subordinados, al parecer conocedores de la responsabilidad de sus superiores, les chantajean públicamente, pero no se van al juzgado de guardia a denunciarlos. Asco y vergüenza de la política.

Estos enemigos de la democracia han venido a matarla cantando: "Hoy resulta que es lo mismo/ser derecho que traidor,/ignorante, sabio o chorro,/generoso o estafador./¡Todo es igual!/¡Nada es mejor!"

Si en España quedan aquellos que laboran noche y día como un buey, que no viven de los otros, que no matan ni están fuera de la ley, no queda más que despertarse. Despertarnos.