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Andalucía

Arenas, catastrofista

Es un catastrofista todo aquel que dice que el Gobierno socialista de Manuel Chaves constituye una catástrofe para Andalucía por más que sean varias e importantes razones las que avalen tal afirmación. "Catastrofista, que eres un catastrofista", es un ejemplo de la retórica defensiva del Partido Socialista y, especialmente, de Manuel Chaves en cualquier debate en el momento que escucha una crítica a su gestión. El otro día, en el debate a cuatro en su televisión, volvió a hacerlo.

Normalmente, los gobernantes son respetados por los pueblos cuando libran de las catástrofes a sus ciudadanos o súbditos. Valga el ejemplo de Hammurabi que, en el preámbulo de su famoso Código, se presenta, entre otras muchas cosas, como "el que amparó a los habitantes de Malgum en la catástrofe, el cimentador de sus casas". Es natural. Los pueblos no son tontos y consideran mejores a quienes les ayudan.

Pero en el caso andaluz la cosa varía. Precisamente es a quienes han gobernado catastróficamente a lo largo de casi un cuarto de siglo a quienes los ciudadanos, hasta el momento, han seguido dando su apoyo. En su origen etimológico, "catástrofe" significa dar la vuelta a algo. De lo bien que se está a algo muy malo: eso es la catástrofe. Pero puede darse la vuelta en otro sentido: el de atribuir la catástrofe no a quien gobierna mal desde hace 25 años, sino a los que se oponen a ese Gobierno. Es entonces cuando aparece el término descalificatorio "catastrofista".

¿Qué es lo que hace Manuel Chaves cuando Teófila Martínez, en sus debates parlamentarios sobre la situación de Andalucía, le espera en la cara que tenemos la tasa más alta de paro de toda España y una de las más altas de Europa? "Señora Teorofilía, usted es una catastrofista". De este modo, la denunciadora de la catástrofe que es para una región como Andalucía ser la subcampeona del paro en España se convierte en parte de la catástrofe y la verdadera ruina, ser los primeros en desempleo, pasa desapercibida.

Lo mismo ocurre cuando Javier Arenas denunciaba el otro día que la educación en Andalucía es la peor de España y que Andalucía es la comunidad que menos invierte en educación por alumno, que hay 26.000 casos de violencia escolar o que el curso comienza en caracolas para miles de chavales y chavalas. "Catastrofista, que es usted una catastrofista". Si nuestro PIB es el penúltimo de España, el que lo subraye será un catastrofista y si nuestra renta familiar disponible cuenta de media con 3.000 euros menos al año que la de un madrileño o un catalán, quien lo diga es un catastrofista.

Hay partidos que, para no perder el poder, presentan a sus adversarios políticos como ligados a catástrofes para mantener el voto de los ciudadanos. Así, durante años, el PSOE dijo aquello de "cuidado con que gane el PP porque os quitará las pensiones". Ganó el PP en 1996 y no sólo no se acabaron las pensiones, sino que lo que se acabó fue buena parte del fraude organizado, se saneó la Seguridad Social y se consiguió disponer de un Fondo de Reserva. Pero la cosa del "catastrofismo" les funcionó durante 14 años. Ahora, junto con la acusación de "catastrofismo" hacen otra cosa: impedir que los andaluces tengan consciencia de su posición relativa en España por medio de la comparación con los demás. La estrategia oratoria es corear todos los datos de avance de Andalucía, pero silenciar los avances de los demás. Eso es lo que llaman la paradoja de la satisfacción: uno cree que va bien porque va, pero no sabe que va el último.

Hay algo que los psicólogos deberían estudiar: las catástrofes producen trastornos de comportamiento que conducen, en política, al sometimiento ante poderes para-naturales. El hecho de que Andalucía, que fue primera potencia financiera española en el siglo XIX, haya caído en el hoyo de la dependencia y el atraso se debe a una catástrofe, nunca a una mala gestión o a una mala estrategia o a malas políticas y eso impone un cierto miedo animal. Maupassant, en su relato Mozo, un bock, ya anotó que de "las cosas sobrenaturales, en presencia de las catástrofes monstruosas y de los desastres irreparables" se desprende un trastorno de conducta. O tal vez a Andalucía le pase lo que decía Freud de los individuos, esto es, que "el individuo ha trocado una catástrofe exterior amenazante –pérdida de amor y castigo por la autoridad exterior– por una desgracia interior permanente: la tensión del sentimiento de culpabilidad".

Lo que está claro es que cuando un partido lleva veinticinco años en el poder de una Comunidad Autónoma y esta no ha logrado mejorar sustancialmente sus resultados comparativos respecto de otras regiones de España y de Europa, es que algo catastrófico debe haber en sus políticas económicas, sociales, culturales e incluso en sus comportamientos éticos que lo impide. Pero es mucho más cómodo llamar "catastrofista" a quien señala la catástrofe. Así gana el partido aunque muera el pueblo. Neruda, en su Canto General, lo dejó dicho: "El pueblo es el cimiento de la patria. Si los dejáis morir, la patria va cayendo, va desangrándose hasta quedar vacía."

 

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