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Andalucía

Censura previa

A los del Régimen del Sur –que no está compuesto sólo por los componentes de la oligarquía que domina el PSOE de Andalucía, sino por otros muchos elementos de la vida política, económica, social, académica y cultural– se les llena la boca con la Segunda República. Tanto, tanto que cuando uno se los topa y escarba un poco, no encuentra en ellos más que un puñado de tópicos baratos adobados con un sentimiento de excelencia que produce sonrojo. Pues bien, en esa Segunda República hubo una vez una Constitución y en ella, en su artículo 25 se decía que "toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura". Contrasta ese derecho, íntimamente democrático, con las travesuras despóticas de Manuel Chaves.

La última ha sido la de consentir que desde el control informático de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía se introdujese un mecanismo mediante el cual la presencia de determinados contenidos incómodos pudieran ser ocultados a la vista del usuario. En concreto, lo que se ha descubierto gracias a la agudeza y valentía de un profesor de Instituto del municipio granadino de La Zubia es que determinados contenidos de El Mundo, edición digital, y Libertad Digital no podían ni pueden leerse desde los ordenadores en red con la Consejería porque, dicho en términos de román paladino, estaban sometidos a censura previa. Es la gota que colma el vaso. Por ello esperamos que la oposición andaluza, no sólo la política sino la económica, social, académica y cultural –que haberla hayla aunque achantada y torpona–, reaccione como deben reaccionar los demócratas, sí, los defensores de las libertades y derechos civiles de los ciudadanos. Se trata de la libertad de expresión y de la libertad de información sin censura previa.

Seguramente uno de los aspectos que "fascinó" a Manuel Chaves de la personalidad y trayectoria política de Fidel Castro es su uso continuado de la censura, tanto la previa como la posterior, la censura total. Aquí, ya se ha comenzado por practicar con la censura previa.

Pero esto no es un elemento casual, la obra del azar, algo circunstancial e incluso anómalo. Es el resultado natural de la desviación de una estructura de gobierno que debería haberse desarrollado hacia la democracia y que, sin embargo, lo ha hecho hacia el despotismo de un partido. Ciertamente, al menos desde 1982, las relaciones entre algunos medios de comunicación y la estructura de poder de la Junta de Andalucía y el PSOE-A era estrecha, sobre todo de la cadena SER y el diario El País. En cuanto pudo, el PSOE se apoderó de lo que eran medios de comunicación social del Estado, heredados del régimen franquista, constituyendo un grupo periodístico que finalmente fue vendido, casi todo, a Prisa.

Cuando realmente se produce el gran salto adelante en el control de la comunicación en Andalucía es cuando se funda Canal Sur, en la que se cuelan los amigos del régimen, tanto a niveles de dirección tecnológica, como a niveles de expertos en "información" y expertos en "entretenimiento". De hecho, casi todas las productoras "pata negra" que suministran servicios a la Radio Televisión Andaluza o son del régimen o son amigos del régimen o, dadas las circunstancias, son incapaces de enfrentarse al régimen porque viven de él. Como recordarán, las condenas al partidismo y al sectarismo de los directivos de este medio que es un medio público, es decir, del público, han sido tan escandalosos que han llegado al Consejo Audiovisual de Andalucía, con el resultado de la defenestración, vía patada sin más, de su presidente, alguien que, por una vez, quiso ser verdaderamente presidente de una institución y no de una facción socialista.

Posteriormente, se ha procedido a la difusión de los grupos de comunicación amigos en todo el territorio andaluz, sobre todo, con dos ejes: Prisa y el grupo Joly, en sus tiempos un grupo liberal, mediante el sistema de licencias de radio y televisión, aprovechando el surgimiento del fenómeno digital. Y desde hace años, como ya hemos denunciado, la publicidad institucional ha discriminado a amigos y enemigos del régimen, en operaciones absolutamente ajenas a la igualdad de oportunidades, los índices de audiencia o la implantación. Para que se hagan una idea, en todos los centros educativos andaluces –y esto ha sido denunciado incluso por el Partido Popular–, el único medio de comunicación escrito que se distribuye gratuitamente desde la Junta de Andalucía es El País, previo pago de la correspondiente ayuda al grupo editorial. Si va usted en coche por Andalucía siempre hay en el dial varias cadenas pertenecientes o relacionadas con el Grupo Prisa mientras, por ejemplo, la COPE hay comarcas completas en las que se oye mal o no se oye.

Y ahora, la guinda: la censura previa en los ordenadores de la Junta, por ahora no todos, aunque no sabemos cuántos. Lo que sí sabemos es la intención, el diseño, la estrategia. De aquellas antiguas y puras creencias democráticas de Stuart Mill que deseaba la libertad de expresión por la riqueza y rigor de los razonamientos que aportaban y que nutrían la toma de decisiones democráticas hemos pasado a un panorama desolador: "el que se mueve no sale en la foto", "el que se oye, no sale en la radio", "el que se ve no sale en la tele", "el que se lee, no sale en los periódicos". Ahora habrá que añadir que "el que molesta, no sale en internet".

Ahora que se persigue intensa y sistemáticamente a quienes representan esa libertad de expresión e información, nosotros decimos que es preferible defender a quienes las ejercen y arriesgan por ellas aunque se equivoquen en un diez por ciento de lo que hacen y dicen a soportar a quienes han hecho de la mentira, del secreto, del usufructo inmoral del dinero público y del poder despótico los ejes del noventa por ciento de sus comportamientos.

Decía el poeta Heriberto Padilla, cubano, escasamente fascinado por el despotismo: "Levántate, miedoso, / y vuelve a tu agujero como ayer, / despreciado, / inclinando otra vez la cabeza, / que la Historia es el golpe / que debes aprender a resistir." Eso mismo. Los andaluces deben resistir y atreverse. Resistir ante esta voluntad una y otra vez demostrada de configuración despótica de la política y la sociedad y atreverse a cambiar, a construir esa Andalucía libre con la que una vez soñó y por la que una vez luchó.

 

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