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Cajasur

De perseguida a intervenida

Aquí y ahora, muchos tratarán de presentar a Cajasur como un desastre más de la Iglesia. Apagados casi los ecos de los casos de pederastia en los que como todo el mundo sabe los casos de eclesiásticos son porcentualmente una exigua minoría y en los que sus redes son tejidas por mafias ajenas a la Iglesia, ahora toca Cajasur. Pero no olvidemos que en ABC de Córdoba hasta el año 2002 no se publicó ni una línea sobre pederastia y la Iglesia... desde el siglo pasado. Y que desde 2002, en pleno ordeno y mando de Chaves con acoso incluido a Cajasur, se han publicado nada menos que 80 noticias relacionadas con el tema. 

Nada más lejos de mi intención que bendecir la gestión de una caja como Cajasur que ha resultado ser un desastre. Eso está fuera de toda duda. El asunto está en comprender si el desastre se debe a la Iglesia o si se debe, también, a los que, desde fuera y desde dentro, han intrigado, enredado y se ha confabulado para lograr que la única caja que no estaba ya en manos del régimen de los socialistas andaluces cayera finalmente a sus pies. Aunque para ello necesitara acabar con la caja de Córdoba, sus dirigentes, sus trabajadores y su prestigio. Nada más indicado para exigir una Comisión de Investigación en el Parlamento andaluz o, si, como ya es costumbre, no prosperase gracias al PSOE, en el Congreso de los Diputados.

Una de las más importantes hazañas que ha conseguido el régimen socialista es el ataque de desmemoria que parece afectar a la inmensa mayoría de los andaluces. Aquí nadie se acuerda de nadie, salvo de Franco y de la Iglesia. El resto de la memoria naufraga entre las brumas de la propaganda y la manipulación. Por ello es conveniente recordar algunas cosas.

La primera de ellas, que la ocupación –¿podría llamarse apropiación?–, de las cajas de ahorros andaluzas por parte del PSOE fue total con la excepción precisamente de la caja de ahorros de Córdoba, a la que no pudieron doblegar en un primer momento. Si las relaciones siempre fueron tensas y distantes, no cabe duda de que fue Manuel Chaves, y su más famosa pretoriana de entonces, Magdalena Álvarez, los que quisieron darle la puntilla a un ente que discrepaba de las órdenes del régimen. Cierto es que la presidencia de Cajasur la ostentaba un sacerdote, Santiago Gómez Sierra. No menos cierto es que la vicepresidencia ejecutiva era responsabilidad del socialista Salvador Blanco, representante de la Junta y alcalde de Palma del Río. Pero no lograron controlarla del todo, hasta el punto de que Cajasur ha preferido hacerse el haraquiri y echarse en brazos del Banco de España, antes que consentir que Braulio Medel, a las órdenes del PSOE como siempre ha sido, acabara con ella no mediante una fusión sino mediante la confusión de la fusión para eliminar a sus trabajadores y a la Iglesia. 

La ocupación del PSOE fue de manual. Desde 1982, fecha de la llegada al Gobierno del Partido Socialista, se desencadenó una furiosa ofensiva por el control del poder de las cajas, tanto en España como en Andalucía. Sin embargo, el diario El País lo reflejaba así: "La clausura de la reunión anual ha significado el inicio de una carrera por el control de la confederación y de las propias cajas, en la que parten favoritos los socialistas por una doble razón: en primer lugar, su sólida implantación regional y local les garantiza un lugar preeminente en los futuros consejos de muchas de estas entidades, así como una elevada probabilidad de acceder a numerosas presidencias. A partir de ahí, será más fácil plantear la batalla por el control de la propia confederación llegado el momento". Vamos, calcado y no limpiamente porque el gobierno Escuredo hizo trampa.

La referencia al Real Decreto 2290/77 de la época Suárez fue significativa. Una lectura atenta de aquel texto legal muestra cómo se retorció dicho decreto para dar el poder en las cajas a la Junta de Andalucía. De hecho y por ejemplo, en dicho decreto era el director general de las cajas, de cada una de ellas, quien podía suspender la ejecutividad de los acuerdos del Consejo de Administración, pero en el decreto de la Junta, tal facultad ya forma parte de las atribuciones de la Junta de Andalucía eliminando al director general sin haberse cambiado la ley. Es decir, que no se transpuso meramente el decreto, sino que se alteró sustancialmente.

Pero, en segundo lugar, una vez se hizo con todas menos con Cajasur, el ataque a sus cargos relevantes fue sistemático. "Ya ha incumplido el voto de pobreza, bien puede incumplir el voto de verdad", decía el fallecido Alfonso Perales, jerarca del clan gaditano de Alcalá y primo de Luis Pizarro, actual consejero de Griñán, sobre el entonces presidente de Cajasur, el sacerdote Miguel Castillejo, ignorando, claro está, que no existe ni ha existido que sepamos un voto religioso de verdad sino los de castidad, obediencia y pobreza. Es lo más suave que se ha dicho de este cura.  

Pero no me parece bien que la amnesia oscurezca el caso Cajasur. Así que quiero refrescar la memoria de los lectores y contarles las maniobras de las que fue víctima Cajasur para obligarla a caer en la órbita socialista:
  • Denuncia formulada por Los Verdes de Andalucía sobre supuestas irregularidades cometidas en Cajasur entre los años 1988 y 1997 y que habrían causado a la entidad pérdidas superiores a los 1.100 millones de pesetas. Incluso IU coincidió con el PP en considerar que había sido del PSOE la mano que meció esa cuna. Rafael Merino, del PP, afirmó que esto era la guerra sin cuartel declarada por el PSOE a Castillejo por no obedecer.
  • Acusación de pactos ilícitos con el PP y de estar ambos contra Andalucía, a la que siempre se hacía y se hace, al modo nacionalista, sinónima del PSOE
  • Acusación de haberse querido forrar a costa de la caja mediante la firma de un contrato, que publicó lógicamente El País, según el que Castillejo, un representante de la aseguradora Caser y otro de Cajasur firmaron el 21 de septiembre de 2001 las ocho hojas de la póliza (número 52.625). Se trataba de un seguro de vida por el que se garantizaba a Castillejo, "mientras viva", la "retribución bruta que corresponda por el año 2001 al director general de Cajasur, incrementada en 3.005 euros". En esta operación aparecieron poco después las hermanas del cura. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) avaló en 2006 la póliza de 2,9 millones de euros que Cajasur suscribió en 2001 a favor de Miguel Castillejo.
  • Desobediencia a la Junta de Andalucía y al obispo de Córdoba.
  • Petición a la Iglesia para frenar el "secuestro" de Cajasur a la autoridad socialista.
  • Convertir a sus directivos más señalados en "delatores" de Castillejo.
  • Acusación de primar al PP sobre los cordobeses.
  • Acusación de sobornar al Gobierno del PP para eludir su jubilación.
  • Abrir expedientes a Caja Sur.
  • Acusar al PP de querer colonizar Andalucía con su Ley Financiera.
  • Lograr la escisión entre el entonces obispo de Córdoba, Javier Martínez, un hombre poco agudo, y el cura Castillejo.
  • El secretario general del PSOE en Córdoba, José Antonio Ruiz Almenara, acusó al presidente de la caja cordobesa, Miguel Castillejo, de delito societario y apropiación indebida. Ruiz Almenara aseguró que Castillejo había usado "la caja para su enriquecimiento personal" y mantuvo que el presidente de Cajasur "había comprado voluntades de todo tipo".
  • Petición de 57 alcaldes, casi todos socialistas más los de IU, PA y algún independiente para que Cajasur fuera pública y democrática.
  • Petición del entonces fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, para investigar a Cajasur.
  • Incluso después de la salida de Castillejo, los nuevos directivos ya aceptados por el PSOE se querellaron contra los antiguos gestores de Cajasur.

Sirva lo anterior de muestra, sin ánimo de exhaustividad, del poder del "régimen socialista". A mediados de 2005, Miguel Castillejo salía de la presidencia de Cajasur tras un nuevo pacto de la Iglesia con el PSOE y poco a poco eran eliminados sus colaboradores en la caja. Hasta su busto fue retirado de la entidad. 

Ahora el PSOE tenía mando en plaza de la caja de Córdoba, Cajasur. Por tanto, sí, Comisión de Investigación y que caiga quien caiga porque el agujero de la Ccja se ha producido esencialmente estando ya el PSOE en el Gobierno de la misma. Y recuérdese, ya es para nota, que Caja Castilla-La Mancha no tenía ningún sacerdote que sepamos al frente. Bono sí estaba a su mando político. Fíjense.

Y tercero, la obligación de fusionarse a Unicaja, opción que Unicaja parecía no querer porque le significaba un desembolso muy sustancioso, empezaba a significar de hecho dejar de existir, acabar con sus señas de identidad y con su plantilla. Con Braulio Medel, ninguna fusión parece llegar a su término. No fue posible con la caja de Castilla-La Mancha y no ha sido posible ahora. Dos veces seguidas. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Ha tensado la cuerda y se ha roto, golpeando en la cara el PSOE de Zapatero, cuya presidencia europea se cierra con dos fracasos; abofeteando la cara de José Antonio Griñán, siempre diputado por la circunscripción de Córdoba y presidente de una Junta en entredicho y desacreditando lo poco que queda de limpio y aseado en una Andalucía que va camino de la vergüenza general.

O sea, lo dicho. Una Comisión de Investigación ya para saber qué y quiénes son los responsables de esta nueva tragedia andaluza. ¿La Iglesia? Tendrá su parte. Pero aquí hay mucha tela de cortar y mucha de esta tela es socialista. Si ha habido alguna entidad de ahorros más perseguida, acosada y vilipendiada que Cajasur que venga Dios, qué bien, y lo vea.

 

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