Felipe González

El capitalismo bueno, fase superior del socialismo

Ya no es el comunismo la fase superior del socialismo, tras una provechosa dictadura del partido sobre los capitalistas, las clases medias y el proletariado (porque el proletariado como conjunto abstracto es imposible que sea titular de dictadura alguna). Ahora el edén, devaluado, eso sí, por falta de cerebros, es el capitalismo bueno. De ello se deduce, como la mariposa de la crisálida (pobre Bernstein), que también hay ricos buenos y ricos malos. Un ejemplo de rico bueno es Carlos Slim, el mejicano que es el hombre más rico del mundo sobrepasando en jandos al mismísimo Bill Gates y a Warren Buffet.

Es más, es que en plena crisis la fortuna de Slim ha crecido según la revista Forbes nada menos que un 52% en los últimos 12 meses. Pero Slim es el representante del capitalismo bueno al que ayuda, por ejemplo, el socialista Felipe González que ha proclamado en Sevilla que no es rico a pesar de su mansión en Tánger y otros negocietes. Lo decía junto a Cándido Méndez, que tampoco es rico. Ni siquiera en liberados. Y junto a Chaves, el de los 3.000 euros en depósitos bancarios imponibles. Habrá que echar las cuentas porque no cuadran.

"No soy multimillonario, ni siquiera millonario... Tengo 68 años y todavía no he decidido ser millonario, pero si lo decido, a lo mejor lo soy". Eso, tras decir que su visión está por delante del país, de nuestro país y por delante de su partido, no está mal de soberbia, pero es que alguna España y él, son así, señores. Lamentablemente, no acudió a Cándido Méndez cuando contrató como asesor de Slim porque el experto sindicalista andaluz le habría aconsejado bien sobre cómo sacarle los cuartos el mejicano, con el que lleva trabajando ya unos añitos. Parece mentira que un contrato de alta dirección como suponemos que ha sido el suyo con el magnate no lo haya hecho millonario. Por mucho menos, aquí se hacen millonarios dirigentes de bancos, de empresas, políticos, etc. A ver si es que González no es tan listo como se cree. O a ver si no aparece, pero es.

Tiene que haber un capitalismo bueno porque de no ser así, ¿cómo se justificaría que miles de dirigentes socialistas participen en sociedades anónimas y tengan sus cuentas corrientes cargadas de euros? ¿Cómo se justificaría entonces, es un ejemplo, que Garzón pidiese a Botín unos milloncetes para hermosos fines y que el banquero los concediera con afabilidad? ¿Cómo se justificaría si no que González diseñase joyas que normalmente no van a los cajones de los pobres, que Bono y su señora participen de intensas relaciones hípico-capitalistas o que un señor como Pérez Royo, asesor áulico de Manuel Chaves durante años, confeccione informes para los grandes terratenientes andaluces? (Por cierto, de su dictamen dijo un ex presidente socialista andaluz: "Con que le hemos aguantado al ex comunista este, que ahora tengamos que ver cómo defiende a los señores por unos millones...").

Tiene que haber un capitalismo bueno. Se necesita un capitalismo bueno tras el batacazo del muro de Berlín, parca cruel de las utopías con la que se ilusionó a mucha gente de un pueblo esperanzado en una vida noble más allá del franquismo. El muro de Berlín no sólo se cargó al comunismo, cosa de la que IU, con sordera ideológica congénita, aun no se ha enterado. A quien se cargó de verdad fue al socialismo, al blando y al duro. Felipe lo sabe. En una reciente conferencia en El Salvador, hace un mes y medio, ante riquísimos empresarios, lo expuso de este modo según se ha transcrito: "La idea básica es que este es el triunfo definitivo de un modelo histórico respecto de otro, así que ya el capitalismo triunfó y la economía del mercado también, cosa que es verdad. La economía del mercado es el elemento que ha unido, que ha unido al mundo, unido en el sentido de que todo el mundo va hacia un Estado, desde Dinamarca a China, pasando por Vietnam, subsiste un Partido Comunista unido, pero con la economía del mercado, con más o menos interferencia pero con la economía de mercado. Y los que no han aceptado la economía de mercado como modelo de generación de riqueza están peor...".

Pero ¿qué puede ser un capitalismo bueno? La expresión no es nueva. Data al menos de 2008. Entonces, Soares, Mario, ya despotricó contra el capitalismo de casino, contraponiéndolo al capitalismo bueno, un capitalismo social-demócrata. Como lo oyen. Pero hubo tres americanos de Yale, Baumol, Litan y Schramm que, más estudiosos, distinguieron entre cuatro capitalismos: a) el capitalismo oligárquico en el que el poder y el dinero están muy concentrados en unas cuantas personas, que prevalece en América Latina, el Medio Oriente árabe y África; b) el capitalismo dirigido por el Estado, para el que el crecimiento es un objetivo económico central pero tratan de lograrlo favoreciendo a empresas o industrias específicas, como en sureste asiático; c) el capitalismo gerencial, europeo y japonés, ocurre en las economías donde las grandes empresas –a menudo los llamados "campeones nacionales"– dominan la producción y el empleo y d) el capitalismo empresarial, que se da en las economías en las que el dinamismo proviene de las empresas nuevas y históricamente han comercializado las innovaciones radicales que amplían la frontera de las posibilidades de producción.

Para ellos, este es el capitalismo bueno y ninguno de los otros tres, una mezcla de los cuales es el capitalismo que vivimos en España. Carlos Alberto Montaner, lejos de resumir un folio en cuatro como suelen hacer algunos pesados, explicó mejor qué se quería decir  con los tres capitalismos degenerados. El capitalismo mercantilista, "donde los funcionarios escogen a los amiguetes ganadores o a los desdichados perdedores; el capitalismo oligárquico, "muy parecido al primero, donde un pequeño grupo de gentes adineradas pone el Estado a su servicio y convierte la actividad económica en un coto cerrado para su único beneficio" y; el gran capitalismo o capitalismo de las grandes empresas, "donde el poder de los gigantes económicos hace girar la organización de la sociedad en provecho de sus enormes y ubicuos intereses."

De esa mezcla sale la España económica de Felipe González y Zapatero, con el intermedio de Aznar. Y es a eso a lo que se refiere González con su nueva versión del capitalismo bueno. El buen capitalismo no es otro que el "socialismo de mercado". ¿Y qué coño es eso? Pues lo explicó perfectamente en El Salvador: "Yo cuando hablé con Deng Xiaoping, estando en el Gobierno, hace 25 ó 26 años, ya comprendí que la propuesta que hiciera no era comunista, y lo hablé con él en estos términos, le decía, ‘pero esto no es comunismo, esto que se han inventado del socialismo de mercado no es el comunismo’, y él me decía, ‘mire’, yo no sabía qué era eso, pero me hizo una cita que después descubrí que era de Confucio, ‘mire, usted es muy joven, pero el color, el color del gato que sea negro o que sea blanco’, me dice Deng Xiaoping,’ a la gente le importa poco, lo que le importa es que cace ratones’...".

¿Qué es capitalismo bueno, pues? Aquel capitalismo en que el Gobierno siempre está en manos del Partido Socialista, que se atiborra de impuestos procedentes de los ciudadanos, que distribuye el presupuesto resultante en contratos y adjudicaciones de empresas amigas que ayudan, recíprocamente, al sostenimiento del partido y de empresas que surgen, no del capital privado, familiar o bancario, sino de las ayudas públicas gestionadas por socialistas, que, poco a poco, van incorporándose a las organizaciones empresariales mediatizando su vida interna. Es decir, lo que han hecho en Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha durante 30 años y han querido hacer en España con éxito notable. Más simplificadamente y con destino a la propaganda, digamos que capitalismo bueno es el gobernado por el PSOE y el capitalismo malo es el que no está bajo el control del PSOE. Corolario: el capitalismo, bien de personas próximas al PP o bajo un Gobierno del PP será salvaje, explotador, egoísta y malo.

Albricias, ya se puede ser socialistas y capitalistas buenos, a un tiempo. Esto es, algunos ya pueden cantar la Internacional con el puño izquierdo levantado mientras cuentan el dinero de sus empresas con la mano derecha. Es lo que explica, por ejemplo, que el camarada Pérez Royo, don Javier, sea al tiempo asesor del PSOE y miembro de la Confederación de Empresarios de Andalucía, que lo hemos visto con estos ojitos. Es la perfección. El paraíso.

 
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